El profundo estancamiento con que recibió Chile el actual gobierno, sin duda que requiere medidas extraordinarias para superarlo y por cierto la participación de todos nosotros, pues nadie sobra en el esfuerzo que debemos hacer para volver a ser ese país admirado internacionalmente, cuando la pobreza estaba en retirada, crecíamos más que el mundo y la meta de llegar a ser un país desarrollado estuvo muy cerca de alcanzarse. Por eso es importante y necesario revisar qué nos pasó.
Esto empezó con el gobierno de Bachelet 2 y la retroexcavadora del senador Quintana, destinada “a destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal de la dictadura”, logrando con sus negativas reformas dar inicio a la tristemente llamada década perdida de Chile, la que hasta hoy no se ha logrado superar, pues después de Bachelet 2 volvió al poder el Presidente Piñera, a quien la izquierda intentó derrocar, le impuso un parlamentarismo de facto que le arrebató el poder, lo obligó a ceder la Constitución, aprobó los retiros y avaló la brutal violencia del octubrismo.
Acto seguido asumió Boric el poder con la intención de refundar Chile, ser la tumba del neoliberalismo e imponernos el mamarracho rechazado por el 62% del país. Y la ignorancia, inexperiencia y un trasnochado ideologismo de su gobierno, provocaron un significativo retroceso social y económico, producto entre otras cosas, de las múltiples trabas ideo-burocráticas-ambientalistas contra la inversión, que le costaron al país miles de millones de dólares que fueron a parar al extranjero.
Han sido diez años en los que Chile dejó de hacer lo correcto; en que no se siguió perfeccionando el modelo que tantas conquistas sociales y económicas le brindó a la ciudadanía; diez años en que prometieron que el Estado solucionaría todos los problemas, por lo que había que terminar con el capitalismo, como quería parte del cerebro de Boric. La gente les creyó, los eligieron, hasta que abrieron los ojos y una gran mayoría de chilenos sufriendo los graves problemas en seguridad, salud, educación, cesantía, informalidad y carencia de oportunidades se volcaron a las urnas a pedir un cambio, que es en lo que el actual gobierno ha estado trabajando desde que asumió.
Hoy se requerirá un gran esfuerzo de cada uno de nosotros para sacar el país adelante, pues no será fácil la recuperación y menos cuando la oposición de izquierda está empecinada en atacar cualquier cosa que haga o diga el gobierno, con la intención que no le vaya bien, pues realmente no les importa Chile, sólo les importa recuperar el poder. Hoy hay descontento por el alza de los combustibles, producto de la guerra en el Medio Oriente, por el aumento en la inflación y por supuesto por tener que apretarnos el cinturón, cosa que nadie quiere.
Sin embargo, es bueno recordar pues no es la primera vez que debemos hacerlo. Después de la UP, en que el país terminó con un 600% de inflación anual, no 4% como hoy, con un ingreso per cápita de US$1.600 no los $17.830 actuales, nos tuvimos que sacrificar duramente durante años hasta que logramos salir adelante, incluso teniendo que trabajar en más de una pega para lograr tan solo sobrevivir. Fueron años muy duros, de mucho trabajo y gran esfuerzo, pero lo hicimos posible y lo de hoy si bien será difícil, no se compara con lo que fueron esos años, producto de la UP.
Chile necesita crecer, y para crecer y crear trabajo se requiere inversión. Y para atraer inversión, Chile tiene que ofrecer condiciones más atractivas a los inversionistas que las existentes internacionalmente. Para empezar, asegurar certeza jurídica, estabilidad en las reglas de juego, sólida institucionalidad, invariabilidad tributaria y por supuesto ponernos al día en las tasas. La tasa promedio de la OCDE es 22%, mientras que en Chile es 27%, lo que nos obliga a rebajarla si queremos volver a ser competitivos.
No me voy a explayar en el contenido del proyecto pues es ampliamente conocido. Sólo pretendo que lo expuesto motive una reflexión que lleve a apoyar al gobierno en lo que propone y se rechacen los intentos de la izquierda de convencer con sus muletillas de que esto se trata de favorecer sólo a los ricos, porque eso es falso. Dos ejemplos para demostrarlo. El primero, la baja de impuestos favorecerá a 33.000 pymes, vs sólo 10.000 grandes empresas y un segundo es el nuevo crédito tributario a la contratación, especialmente enfocado en trabajadores de menores ingresos y pymes, no siendo los únicos.
No llegamos a esto por casualidad, por lo que es importante tomar conciencia de lo que nos dejó la izquierda con sus ideas y acciones, por lo que será necesario apretar los dientes y trabajar duro, para que Chile vuelva a soñar en grande, retornando al camino hacia el desarrollo y podamos dejar atrás la década perdida.

Don Jaime acertadísima su columna, pero un alcance, es importante también que algunos «distraídos» de nuestro sector no torpedeen la propuesta del gobierno, el llamado fuego amigo. Con todo lo que estamos conociendo de las auditorias, creo que nos vamos a sorprender de las cifras del mal uso de los dineros públicos, si se logra cortar «la fuga», no me cabe duda de que es más importante que cualquier reforma tributaria que se quiera implementar.
Muy de acuerdo con expositor y con comentario
Muy de acuerdo Jaime y Gonzalo …. Acertadísimos …