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Cerrando su trabajo legislativo, la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados aprobó la semana pasada un proyecto de ley que prohíbe y sanciona la maternidad subrogada. La votación fue unánime -9 votos a favor y sin votos en contra ni abstenciones-, y con votos de todos los colores políticos (REP, PSC, UDI, EVO, DEM, PS y FA).

Su transversalidad demuestra lo obvio: la cosificación de la mujer no es admisible en nuestro ordenamiento jurídico, así como tampoco convertir a un niño en objeto de transacción.

El proyecto de ley establece que adolecerá de nulidad absoluta todo contrato o acuerdo de maternidad subrogada y sanciona al que actuare como intermediador entre quienes desean acoger a un niño y a la mujer que acepte gestarlo para entregárselo. Además, se incluye a la maternidad subrogada como un posible supuesto del tráfico ilícito de personas.

Una de las principales objeciones que se ha levantado es que se permita excepcionalmente la maternidad subrogada si es que se realiza con fines altruistas. Es decir, que no existiese una contraprestación por la gestación, como podría ocurrir en casos de amistad o parentesco. Pero la ilegitimidad de la maternidad subrogada no depende de su carácter gratuito u oneroso. En ese caso, la cosificación del niño y de la mujer sigue existiendo. La instrumentalización del cuerpo de la mujer y del niño no desparecen haya o no algún tipo de pago. El embarazo no es una prestación de servicios. Ese es el fondo del asunto. En términos simples, el fin no justifica los medios. El deseo de tener hijos no justifica la legitimación de conductas que lesionan la dignidad de terceros. 

Existen otros argumentos que también atacan la maternidad subrogada altruista. Uno de ellos es que la explotación se disfraza mediante ofertas de incentivos indirectos. Lo anterior se relaciona directamente con el riesgo de una mercantilización encubierta al tratarse de una zona gris. Otro es que exista una presión moral en caso de arrepentimiento o retractación. Finalmente, es fácil que la excepción se convierta en regla general, y es una cuestión que ocurre normalmente en la legislación chilena, lo que se ve facilitado por una normativa infralegal que en muchos casos va más allá (o incluso en contra) de lo dispuesto por la ley. Si a eso se le suma una ausencia de fiscalización, el mercado queda abierto.

Lo cierto es que la maternidad subrogada separa artificialmente las distintas etapas de la maternidad: gestar, parir, cuidar, criar y amar. En cambio, la maternidad subrogada, incluida la altruista, considera que la gestación es una función aislada que puede ser ejecutada por cualquier mujer y luego transferida a otra, relegando absolutamente la conexión física, psicológica y afectiva de la maternidad durante el embarazo.

Esperamos que la Sala de la Cámara de Diputados, con una nueva integración, ratifique la prohibición y el proyecto pueda avanzar para proteger tanto a las mujeres como a los niños de una práctica inhumana e indigna.

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2 Comments

  1. Qué lamentable. Para que los que hemos sido testigos de primera mano del proceso de gestación surrogada y de los efectos maravillosos, tanto para la madre gestante como para los futuros padres esto parece un retroceso en la soberanía de la mujer, de decidir cómo usar sus dones.

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