Cada año en estas fechas nos deseamos un “Feliz Año”. Rara vez evaluamos si el que está terminando fue feliz, ni tampoco qué podríamos proponernos en el que viene para ser más felices. ¡Tantas palabras que usamos tan livianamente!
Mi apreciación es que, como sociedad, o en el dominio del clima social y político de nuestro país, el año que se va fue harto mejor que varios de los anteriores. Aquí mis motivos.
Antes aclaro que al decir lo anterior y reconocer lo positivo que hemos tenido, no pretendo desconocer que tengamos problemas agudos. Ni que podemos y debemos resolverlos. La inseguridad en que vivimos por la delincuencia y el narcotráfico es algo que no amaina, especialmente en muchas poblaciones. También está el terrorismo en el sur. Y otro problema muy preocupante es nuestro ya reiterado estancamiento económico, que eleva el desempleo e impide reducir las desigualdades que aún tenemos.
A pesar de esos problemas considero que el año 2023 fue mejor: primero, por menos polarización y conflictos sociales, y algunos posibles aprendizajes masivos que pueden servirnos para avanzar más en el futuro. El plebiscito del 2023 lo vivimos con mucho menos intensidad, peleas y descalificaciones mutuas que el del 2022. Con menos miedo e impaciencia que el 2020 y el 2021. El resultado del 2023 nos mostró que la gran mayoría real del país, esto es, la que incluye la población que antes no votaba, no quiere que en Chile prevalezcan posiciones extremas, ya sea de izquierda o de derecha. Quiere entonces un justo medio y, tal vez, que sea sostenido; nada disruptivo, refundacional, ni abrupto, y sin retrocesos posteriores. Más tranquilidad, seguridad y paz. ¿Significará esto que los partidos políticos buscarán moderar sus posturas extremas, acercarse al centro y procurar acuerdos? Puede ser. Sería una segunda gran noticia.
El tercer factor positivo del 2023 para mí es el casi entierro de la ilusión de que una nueva Constitución era la llave maestra que abriría la puerta a todas las mejoras que Chile necesita. Llevábamos más de diez años con esa martingala. El PC y otros seguirán con ella, pero creo que muchos menos se sumarán a esta forma de escapismo. Tanto el resultado del último plebiscito como el rechazo y hastío de la mayoría de los ciudadanos con el proceso anticipan que no será fácil usar ese argumento para conseguir apoyo político a futuro.
Lo cuarto que estimo positivo es la revalorización del respeto a la Constitución, o hacer más difícil y condenables los intentos o decisiones de sobrepasarla como ocurrió con la violencia y su apoyo después del 18 de octubre y con los retiros de fondos de las AFP. En cierta manera, los últimos años fueron un curso intensivo práctico de Educación Cívica, masivo para toda la población. Así como con los retiros se dio la paradoja de que las AFP incrementaron su respaldo porque la gente se dio cuenta que su plata existía, así puede pasar con la Constitución y el Tribunal constitucional.
En 2023 ocurrieron otras tres experiencias que estimo positivas. Que entre políticos expertos representativos de todo el espectro de partidos nacionales sí fueron capaces de redactar un texto de Constitución consensuado. Esto demuestra que bajo ciertas condiciones podemos llegar a acuerdos amplios y hacer las cosas bien.
Otra experiencia semejante fue la organización y participación en los Juegos Panamericanos. Un ejemplo de capacidades latentes que no apreciamos ni valoramos lo suficiente. Y finalmente hay que destacar la organización y efectividad para dirimir materias con elecciones nacionales impecables, como en el último plebiscito. A pesar del cansancio y hastío, allí estuvieron los vocales, asistentes, votantes y el Servel, ordenadamente cumpliendo su deber cívico.
Destaco lo anterior porque estimo que este es el camino para recuperar nuestra confianza en nosotros mismos y el optimismo como sociedad chilena. Igual que en el caso de nosotros como personas.
Podemos hacer un año 2024 más feliz si tomamos consciencia de unas pocas cosas muy esenciales que se nos olvidan en el correteo diario. Lo primero, es fijarnos también en lo positivo que hay, tanto en nosotros como alrededor de nosotros. Como individuos y como sociedad. Pero hacerlo, realmente, en la práctica. Simplemente al final de cada día, del mes o del año, anotarlo o recordarlo un minuto. Para eso no ver tanta noticia en televisión ni redes sociales. Ser más selectivos. No llenarse de negatividad y miedo mirando por largo tiempo los detalles de cada asalto, estafa, robo o abuso.
Lo segundo, es darnos cuenta de lo frecuente que actuamos echando la culpa a los demás de todo lo malo que pasa, y no ver cuánto contribuimos a ello con nuestras formas de pensar, de actuar o de corrernos u omitirnos. Los dirigentes políticos, especialmente, podrían empezar por no pasarse culpando y emplazando a los otros por las faltas de avance en lograr acuerdos y mejoras concretas. Parece que eso es lo único que ven. Mejor concentrarse en hacer bien su pega, las cosas que tienen a su cargo, como sería usar bien los recursos públicos en el caso del gobierno y no para enriquecer a sus correligionarios de partido como en el caso de las fundaciones del Frente Amplio.
En resumen, depende principalmente de nosotros y no de los demás tener un Feliz Año Nuevo, como personas y como sociedad. Le invito amigo lector y lectora empezar por hacer su propia lista de lo positivo que le deja este año. Puede sorprenderse de más de algo, y descubrirse agradeciendo más que criticando. No estaría mal para ayudar a empezar una nueva etapa. Feliz Año.
