La apuesta de mantenerse primero y a distancia
Con mucho sentido de humor y avalado por una obra maciza, Nicanor Parra aceptó el premio Cervantes diciendo que se lo merecía “por un libro que estoy por escribir”.
En esa ocasión, esta sentencia provocó la risa generalizada del público porque probaba justo lo contrario de lo que parecía afirmar.
Si uno no es un genio, hay que pensarlo mucho aduciendo como mérito lo que se hará en el futuro, pero fue este el paso dado por la campaña de Evelyn Matthei.
La candidata gremialista, en contacto con los candidatos de Chile Vamos para las elecciones municipales y a gobernadores, les aconsejó: «Prometan nomás, prometan», “prometan con pachorra porque vamos a cumplir”.
Matthei justifica su procedimiento por una sutil transformación: «Una promesa es un ofrecimiento solemne, equivale a un juramento». Se trata de que los candidatos prometan porque están jurando cumplir y, como es algo solemne, lo que parece un ofertón es, en realidad, un compromiso.
La difusión de la propuesta “nosotros somos los que cumplimos y ustedes los que venden humo” puede servir para una candidatura presidencial, pero es bastante menos aplicable donde muchas veces los contendores han estado en el mismo consejo municipal. Esto de las diferencias casi genéticas no se descubren en campaña, después de años de una convivencia menos dicotómica.
Aparte de que, como dicen las empresas tabacaleras, no hay que desmerecer el negocio de vender humo, el hecho de dar por seguro un triunfo y hacer de este un elemento central de la campaña, hace que lo más importante sea la evolución de los apoyos, incluso más que los contenidos de las propuestas que se hacen.
Esa no es una buena idea. Las campañas tienen altibajos y, en los malos momentos, cuando los competidores directos se aproximan, se pide un mayor esfuerzo, argumentando que la competencia es estrecha y siempre lo fue.
En cambio, si te presentaste como un ganador seguro, no tienes mucho que argumentar si la distancia se va estrechando, lo que habría quedado descartado en tu discurso, en tus expectativas y en las de tus seguidores.
Este modo de proceder se justifica si moros y cristianos se convencen de que están ante lo que será la inevitable nueva Presidenta de Chile. Para que este extraño modo de proceder se convierta una convicción en profecía autocumplida, se requiere un ejercicio fuerte y seguro de un liderazgo por sobre el resto y que la distancia en la competencia dentro de la derecha se mantenga. Pero un liderazgo que toma altura es lo contrario de lo que se está consiguiendo en la campaña.
No escojo, acaparo
Regularmente las campañas distribuyen roles, reservándose para sí el o la abanderada los debates y apariciones de mayor envergadura. En el caso de Matthei, la selección de temas brilla por su ausencia. Simplemente, va a todas.
Es probable que esta conducta se explique por el propósito de no dejarle un espacio abierto a Kast. En contraste, el candidato republicano ha sido en extremo cuidadoso en escoger sus polémicas, en cambio Matthei ha estado cotidianamente en el debate de trinchera, incluso incentivándolo.
Se ha trenzado con ministros, un subsecretario y dirigentes políticos que se le atravesaron en el camino, lo que es un procedimiento un tanto extraño para un presidenciable. En vez de escoger las peleas en las que se involucra, parece tener el afán de ir acaparando todas las que puede en la medida que van apareciendo.
Es cierto que pronto la veremos presentando propuestas por áreas ejerciendo su rol más propio, pero eso sólo ocurrirá una vez que la candidata haya instalado en persona un tono de debate en el que predomina el corto alcance. Algo que Piñera, por ejemplo, tuvo mucho cuidado en delegar en otros.
Objetivamente, la campaña pasa por un bajón. En este escenario, los partidos de derecha se encuentran también en lo más reñido de las tratativas entre Chile Vamos y Republicanos, por lo que no han representado una gran ayuda.
Las negociaciones en la oposición se están pasando de la raya. Hay coincidencia en que las tratativas se han establecido entre los que tienen generosas aspiraciones a la unidad y otros que sólo dan muestras de intransigencia. En lo único que difieren es en identificar quién ha sido el intransigente.
Se ponen de acuerdo en lo que es obvio y se mantienen en disputa en aquello que importa. Todos repiten que representan “proyectos políticos distintos”, como si no bastara con verlos más separados mientras más se reúnen.
Lo más importante es que se están comportando como actores en que la desconfianza mutua está tan presente que la competencia con el oficialismo pasa a un segundo plano. Al final, un entendimiento es inevitable, pero se ha seguido el camino más pedregoso para conseguirlo.
El PC se aleja del gobierno, no lo dirige
Se puede comprobar que la política de mayor nivel no es un aporte de la candidata presidencial de la oposición, sino que se está expresando en el Senado. Es allí donde La Moneda encontró una contraparte dialogante en la centroderecha que le permite dar el paso firme a la moderación. Ambos concordaron en que, si aceptaban la inercia instalada, era la gobernabilidad del país la que estaba en riesgo.
Contando con un socio importante para el diálogo, el gobierno tomó la decisión estratégica de jugarse por los acuerdos, no que le significó enfrentarse con el PC, afirmarse en contener su presión interna e instalar a plenitud una orientación socialdemócrata donde las posiciones radicales no serán la tónica.
La Moneda se decantó por alcanzar logros verificables, limitados pero posibles. El tema de la seguridad tomó el centro de la escena, la responsabilidad predominó al enfrentar el alza de las cuentas eléctricas, la reforma previsional se hizo viable, el pacto fiscal se comprimió para conseguir apoyos. Mientras más acuerdos se verifiquen, más se afianzará la limita moderada en el oficialismo.
Si “en Chile fue elegido Boric, pero gobierna el Partido Comunista”, como señala Kast, siguiendo un libreto que no busca ni necesita el respaldo de pruebas, ¿por qué es tan evidente el malestar y distanciamiento del PC de La Moneda? ¿Estaríamos ante una de las más raras formas de ejercer influencia mostrándose todo el tiempo como disconformes?
No, nadie es tan rebuscado, por eso este es un discurso que va a contracorriente con los hechos. La derecha se prepara para enfrentar un ficticio candidato radical de izquierda y se encontrará con la sensatez personificada. Mala cosa para una campaña del terror el no dar ni un poquito de susto.

Muy acertado análisis. Se agradece.