En el desarrollo y resultados de las elecciones presidenciales confluyen varios aspectos importantes: la larga historia de la democracia chilena, el desarrollo del propio tiempo histórico, la evolución de las corrientes y partidos políticos, el factor gobierno-oposición y, por cierto, los liderazgos personales, los líderes que encabezan las diferentes candidaturas. Todo ello se puede apreciar en estos comicios del 2025.

En cuanto a la trayectoria de la democracia, hay algunas novedades interesantes. Esta será la elección con mayor participación popular, el nuevo Presidente de la República será el más votado de la historia habrá obtenido el mayor respaldo electoral en toda la vida republicana de Chile. Esto tiene que ver con el crecimiento de la población, pero sobre todo con los cambios en las reglas del juego: hoy existe un sistema de inscripción automática y voto obligatorio, lo que de inmediato aumenta la participación. En las últimas décadas el país ha tenido diferentes fórmulas, como inscripción voluntaria y voto obligatorio, y después inscripción automática y voto voluntario. Ambos sistemas mostraron un desafecto hacia las elecciones, una disminución en las votaciones y una pérdida de “legitimidad democrática”, lo que se tuvo en consideración para la situación actual, de voto obligatorio con inscripción automática. En la primera vuelta del 16 de noviembre sufragaron casi 13 millones de personas, con medio millón de votos nulos o blancos, cifra impresionante si la comparamos con la elección de 2021 –hace solo cuatro años– cuando votaron algo más de siete millones de ciudadanos en primera vuelta y 8.270.978 en la segunda vuelta. En esa ocasión Gabriel Boric fue elegido con 4.620.890 sufragios, y se espera que este domingo 14 de diciembre el nuevo gobernante reciba más de seis o incluso siete millones de votos.

Me parece que el tiempo histórico actual comenzó con la revolución de octubre de 2019, la mayor crisis de la democracia chilena desde 1990. Ese acontecimiento inició un proceso que incluye tres aspectos principales. En primer lugar, los sucesos propios del “estallido social”, con su dinámica de movilización y violencia, pero también de esperanzas de cambio, de intentos de sacar al presidente Sebastián Piñera y en un contexto de temor ante un posible quiebre de la democracia. En segundo lugar se produjo el proceso constituyente, cuya dinámica fue profundamente transformadora, rupturista con la tradición constitucional de Chile y con una autoasignada vocación de refundación. En tercer lugar, y casi como consecuencia de lo anterior, emergió el triunfo de Gabriel Boric en la elección de 2021, con una sólida mayoría en segunda vuelta, una gran capacidad movilizadora y expectativas de transformación que el Frente Amplio encabezaría desde La Moneda.

La evolución de los partidos o movimientos políticos muestra cambios importantes en la última década. Hasta el 2010, e incluso hasta el 2013, hubo prácticamente dos grandes fuerzas políticas y parlamentarias: la centroizquierda de la Concertación de Partidos por la Democracia y la centroderecha, que adoptaba diferentes nombres (Alianza por Chile, Coalición por el Cambio, y después Chile Vamos). Solo en 2009 el Partido Comunista pasó a tener representación parlamentaria y cuatro años después se incorporó a la Nueva Mayoría, con la cual llegó al gobierno encabezado por Michelle Bachelet en su segunda administración. En esos días la política nacional estaba cambiando, como mostró el surgimiento de Evópoli y sobre todo de republicanos en la derecha, y de la irrupción de los partidos del Frente Amplio en la izquierda. Lo que aparecía como marginal en su momento, en alguna medida anunciaba el futuro, como podría ser el nacimiento de la Falange Nacional y el Partido Socialista en la década de 1930, aunque en esta ocasión la transformación haya tenido una considerable mayor velocidad, que los antiguos partidos y coaliciones se negaron a ver o no tuvieron la capacidad de interpretar. Al respecto, es interesante observar las elecciones de 2021, cuando pasaron a segunda vuelta José Antonio Kast, de republicanos, y Gabriel Boric, del Frente Amplio (en coalición con el Partido Comunista). Sin embargo, pocas veces se presta atención a un hecho clave: la elección presidencial de 2017. En esa ocasión los derrotados obtuvieron, en realidad una victoria: ellos fueron Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, y el propio José Antonio Kast, encabezando una candidatura independiente. Tuvieron la decisión de levantar una alternativa presidencial, la capacidad de lograr un resultado con proyección (Sánchez prácticamente empató a la otra candidatura presidencial de centroizquierda, de Alejandro Guillier y Kast logró levantar su opción, recorrió Chile y sentó las bases del futuro Partido Republicano).

El factor gobierno y oposición ha estado presente desde 1990, tanto para la continuidad de las distintas administraciones como para la alternancia en el poder. En el primer caso solo se ubican los presidentes de la Concertación de Partidos por la Democracia: Patricio Aylwin, Eduardo Frei R-T., Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, todos ellos representantes de la Concertación, lo que demuestra tanto el éxito de la coalición como la falta de una oposición capaz de derrotar a ese proyecto. Eso solo ocurrió en 2010, cuando asumió Sebastián Piñera, aunque ahí ya se había iniciado el período del carrusel Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera, que terminaría con la llegada de Gabriel Boric a La Moneda. Todos esos casos muestran la incapacidad de los gobiernos para dar continuidad a su proyecto político. Lo más probable es que este 14 de diciembre ocurra lo mismo y, por lo tanto, que José Antonio Kast sea Presidente de la República a partir del 11 de marzo de 2026.

Por último, vale la pena destacar los liderazgos presidenciales. En general, lo que ha ocurrido desde la elección de 1999-2000 en adelante (aunque hay antecedentes desde 1992), han tendido a repetirse numerosos postulantes al gobierno de Chile. Por ejemplo, en 1992 fueron precandidatos Evelyn Matthei y Sebastián Piñera: la primera fue candidata presidencial en 2013 y nuevamente este 2025; el segundo postuló en 2005, y llegó a La Moneda en dos ocasiones, en 2010 y 2018. Pero también se repitieron Joaquín Lavín (1999-2000, 2005 y participó en las primarias de 2021); Marco Enríquez-Ominami, que ha sido candidato en cada una de las elecciones desde 2009 en adelante; Eduardo Artés, líder de la Unión Patriótica, que estuvo presente en 2017, 2021 y 2025. La perseverancia resulta ser clave en política, aunque el exceso impide la renovación de los cuadros y tiene importantes costos. Sin embargo, me parece que la clave es otra, si consideramos la segunda vuelta de este año. La candidatura de José Antonio Kast sería impensable sin esa decisión de 2017, de competir en la adversidad y “sin posibilidades de triunfo”, pero que permitió levantar después el Partido Republicano, una campaña competitiva en 2021 y una postulación que debiera ser vencedora este 2025. Lo mismo podemos decir de Jeannette Jara, cuya presencia se explica desde hace tres décadas, con la opción del Partido Comunista por los movimientos sociales, que permitió triunfar en diversas federaciones de estudiantes universitarios (la Feusach en el caso de Jara), además de algunos gremios y otras organizaciones. A ello se suma la capacidad que tuvo el Frente Amplio de encabezar una candidatura competitiva en 2017 y triunfadora en 2021, así como la vocación unitaria de la izquierda extra Concertación, que incluye al Partido Comunista, en el cual milita la candidata que ha llegado a la segunda vuelta.

En otras palabras, Kast y Jara reflejan no solo el tiempo histórico, sino también la capacidad de levantar un proyecto político alternativo, cuestión que ha sido clave en la historia de Chile, para competir, ofrecer un nuevo camino, levantar una generación distinta y adaptarse a los cambios de época. Es necesario tener presente todos estos aspectos, tanto para comprender el proceso político que ha vivido Chile en los últimos años, como para analizar de forma más compleja la actual elección presidencial y evaluar perspectivas de futuro.1

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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