Credit: The White House

Ocurrió de nuevo. Cuando el Presidente de Estados Unidos venía anunciando toda la semana que el acuerdo para poner fin a la guerra, las hostilidades volvieron a estallar. Medios de prensa siempre bien informados venían diciendo que el acuerdo estaba listo y sólo faltaba el consentimiento final de Donald Trump; y una declaración del Presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, quien ha sobrevivido en silencio en los últimos meses, declaró enfáticamente que Irán no tenía ninguna intención de producir armas nucleares. Trump citó este mensaje conciliador en su propio sitio web y los mercados respondieron una vez más con bajas en los precios del petróleo, mientras los barcos detenidos se aprestaron a reiniciar su tránsito por Ormuz. 

Pero poco después, igual que varias veces en este sainete bélico que cumple tres meses este domingo, (cuando se suponía que duraría unos pocos días), la guerra volvió a encenderse. A mitad de semana el ejército norteamericano anunció que de Irán había lanzado ataques con misiles contra una base en Kuwait, a los cuales se debía replicar; la Guardia Revolucionaria iraní dijo que sus efectivos habían atacado una base norteamericana en represalia por un ataque anterior y todo el libreto volvió a repetirse; Trump endureció su lenguaje, acusando al gobierno de Irán de estar lanzando humo al aire, sin dar respuesta seria a sus exigencias. Los ataques de uno y otro lado volvieron a destruir infraestructura en el sur de Irán; sigue cerrado el paso por el estrecho de Ormuz; Israel anunció nuevos ataques en el sur del Líbano y exhortó a la población de esa zona a abandonarla; el crudo y el petróleo Brent volvieron a subir de precio en los mercados; los estados árabes del Golfo reforzaron sus defensas, porque si Estados Unidos les pide sus bases, las revanchas iraníes pueden venir sobre ellos. Y el nuevo ayatola Jamenei, quien aún no es visto en público ni en los medios, formuló una alabanza a la unidad inédita alcanzada por su pueblo en esta crisis, que podría leerse como el aviso de que vendrán tiempos más duros, pero ellos seguirán ofreciendo resistencia y represalias.

En realidad, más que un déjà vu, esta repetición de hechos parece indicar el fin del camino. El gobierno de Estados Unidos no tiene opciones claras para deshacerse de este problema, sin provocar el imposible “fin de una civilización”, que anunció Donald Trump. La guerra, impopular desde un principio, se hace más difícil de aceptar, incluso para los simpatizantes republicanos, cuando el Presidente sigue apareciendo cada día en los medios para informar sobre sus desarrollos, más que sobre los problemas del país. Las cifras de inflación ya son cercanas al 3% mensual, arrastradas por los precios del petróleo.  

La popularidad de Trump ya venía cayendo antes de la guerra, pero la semana pasada anota un 19% de caída desde el comienzo de su gobierno, en el promedio de encuestas nacionales y es especialmente negativa en la economía. Y, si no quiere caer aún más, debe cerrar este episodio molesto para el público y concentrarse en los asuntos internos. La empresa encuestadora Ipsos descubrió que un 43% del público estadounidense aprobaba la gestión económica de Trump al inicio de su segundo mandato. Ahora esa cifra es de apenas un 35%

Si hay quienes alegan que los demócratas tampoco tienen mucha aprobación popular, ello queda desmentido por algo mejor que las encuestas. Son las elecciones complementarias que deben celebrarse cada vez que falta un diputado. Los candidatos del Partido Demócrata obtuvieron un promedio de un 13% más de votos en las elecciones especiales disputadas en 2025 que en los mismos distritos durante las elecciones presidenciales de 2024. La guerra con Irán no ha hecho sino agravar estas preocupaciones económicas.

A pesar de la cercanía de las elecciones y la voz de las encuestas, el Presidente Trump todavía tiene recursos para intentar recuperarse. Es dueño del Partido Republicano y las elecciones primarias ya realizadas demuestran que el apoyo de Trump es esencial para una victoria. De diez primarias para senadores y diputados en el mes de mayo, en las que Trump apoyó a candidatos contra miembros en ejercicio, ocho de sus favoritos ganaron y un lugar está aún por decidirse. La propiedad del partido no está en duda, aunque la votación disminuya. Ahora vienen además dos hechos que pueden favorecer al Presidente: el Mundial de Fútbol y el 4 de Julio, cuando se celebrar 250 años de la Independencia de Estados Unidos. Esos eventos podrían darle una visibilidad al candidato Trump, pero eso ocurrirá si es capaz de enderezar la economía y si termina el conflicto con Irán, lo cual también reduciría los precios del petróleo.

La guerra ha sido un grave error y eso lo entiende todo el mundo, incluido probablemente el propio Donald Trump. Ya está claro que no hubo el “cambio de régimen” del que lo convenció Netanyahu; a pesar de las abundantes ejecuciones de líderes iraníes al comenzar la guerra y de la destrucción de parte de su infraestructura, el régimen de Irán ha resistido el ataque, aunque tendrá que aceptar algunos acuerdos y dedicar un buen tiempo a la reconstrucción. Tiene que haber un acuerdo pronto y así se lo han pedido a Irán los países mediadores (Quatar y Pakistán), los demás países del Golfo y los aliados que necesitan el petróleo y el gas que pasan por Ormuz.

Y aquí surge el problema que impide el acuerdo: Trump ha reducido su exigencia inicial solamente a que Irán nunca pueda tener armas nucleares. Es menos de lo pedido, pero Irán no se lo puede dar. Irán puede decir, como lo hizo su Presidente que no quiere tener armas nucleares, pero no puede privarse de la capacidad de hacerlas. Porque se ha hecho ya de tantos potenciales enemigos entre los países árabes bombardeados en este conflicto y el mismo Israel, que aún mantiene su disposición a eliminar el régimen de los ayatolas. Lo único que Trump exige, para irse con mucho menos de sus primeras aspiraciones, pero alegando victoria, Irán no se lo puede dar. Porque quedaría inerme ante enemigos vecinos. Mientras el régimen iraní tenga el uranio enriquecido para hacer bombas, puede sobrevivir.

Es muy probable entonces que en los próximos días de acuerde una extensión de la tregua, se abra el estrecho y se fije un plazo de unos meses (se habla de 50 días), para “seguir conversando”. Trump ha dicho recientemente que los iraníes apuestan a su derrota en noviembre, pero que a él esas elecciones no le importan. Pero si no termina la guerra y no reduce la inflación, muchos de sus partidarios se lo reprocharían hasta el fin de su mandato. 

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