El conflicto que creó el gobierno por las declaraciones de la ministra Patricia Bullrich en una entrevista relativa al atentado de la AMIA, donde se refirió a la presencia de Hezbollah en la región, es artificial. La ministra no habló especialmente sobre Chile sino que hizo un análisis general y el gobierno reaccionó airado.
Como si la inédita nota de protesta por estas declaraciones no bastara, también, a través del embajador Valdés enviaron una carta de protesta al Senado norteamericano por la intervención del senador Marco Rubio en una sesión del Senado en que éste consultara, entre otras cosas, sobre supuestos operativos de Hezbollah en Chile.
Con la llamada de la ministra Bullrich pidiendo disculpas a la ministra Tohá se dio por cerrado el tema, pero, el jueves en la mañana, en T13 radio, Ramón Ulloa entrevistó al presidente de la Comisión de RR.EE. de la Cámara sobre los dichos de la ministra argentina y resulta que no estaba todo cerrado. Mirosevic planteó que era raro y anómalo que hubiera ocurrido algo así para luego decir que el creía que era parte de un intento evidente de desprestigiar a Chile, y lo creía porque “al senador Rubio y a la ministra Bullrich no les gusta la postura que tiene Chile con la defensa de los derechos humanos en Gaza. Pareciera ser que como a ellos no les gusta esa posición, intentan producir estas vinculaciones falsas respecto de Chile con Hezbolá; es descabellado».
Mirosevic, a raíz de esto agregó “aquí vamos a tener que tomar una postura, o defendemos los intereses de Chile o defendemos los intereses del Presidente Javier Milei”. O sea, un ideológico comentario identitario convirtiéndonos en víctimas, por lo que tendríamos que unirnos contra el victimario, cuando lo único que se ha dicho es que Hezbollah tendría presencia en Latinoamérica, nombrando varios países y también a Chile. Eso fue todo.
Acá se ha creado un falso conflicto, un falso dilema, porque no se trata de estar a favor de Chile o de Milei. Acá se trata de entender que Hezbollah financia sus operaciones terroristas en el mundo con narcotráfico -existiendo abundante documentación al respecto- y lo viene haciendo hace décadas, como por ejemplo durante el Gobierno de Chávez en Venezuela siendo Maduro su Canciller, lo que está debidamente probado. Por esto mismo, al haber penetrado el narco tan fuertemente en Chile, no se puede descartar a priori que pueda haber operativos de Hezbollah en el país.
Hezbollah fue responsable de los atentados en Buenos Aires de la embajada de Israel el 17 de marzo de 1992 que causó 22 muertos y 242 heridos, y de la AMIA el 18 de julio de 1994 que causó 85 muertos y 300 heridos. Su presencia en la triple frontera está bien documentada, incluso en la zona franca de Iquique años atrás se conoció su existencia, señalándolos como fuente de recursos para su financiamiento.
Hezbollah es un proxy de Irán, país con el cual Maduro firmó un acuerdo por 20 años, para proveerle un millón de hectáreas de su territorio para “actividades de cultivo alimentario”. Irán explota uranio en Venezuela y está además fuertemente metido en Bolivia, donde expertos de inteligencia señalan que hay entre 700 a 900 iraníes de la fuerza QUDS proveyendo entrenamiento militar a los bolivianos y probablemente también los mismos drones con que atacaron a Israel el fin de semana pasado.
Dicho lo anterior, Chile no cuenta con una arquitectura de seguridad nacional ni un servicio de inteligencia de primer nivel capaz de advertir tempranamente la presencia de Hezbollah en el país. Porque si no fueron capaces de detectar el ingreso del comando que raptó y asesinó cruelmente al Teniente Ronald Ojeda y tampoco evitar su escape hacia Caracas, ¿cómo pueden asegurar que no existe ninguna actividad de Hezbollah en Chile y sentirse ofendidos por una mención de la ministra Bullrich y la preocupación del senador Marco Rubio por la actividad del grupo terrorista?
Inventar un conflicto artificial con Argentina y EE.UU. sólo daña la reputación y la imagen internacional del país, pues no tiene ninguna justificación pensar que existe una conspiración entre el Gobierno de Milei y el Partido Republicano para desprestigiar a Chile por la posición de Boric contra Israel.
Esta sobrerreacción se entiende sólo como un distractor de los graves problemas de seguridad que enfrentamos, porque cuando Venezuela ofendió al propio Presidente tratándolo de bobo y cuando negaron la existencia del Tren de Aragua diciendo que sería un invento de Chile y Perú nada dijeron. ¿Por qué no exigieron respeto por Chile o enviaron nota de protesta como lo hicieron ahora?

Excelente!