El último gobierno del que los chilenos tenemos buen recuerdo fue el primero del Presidente Sebastián Piñera. De eso hace más de una década. El extinto mandatario gobernó por primera vez entre marzo de 2010 y marzo de 2014, y aunque enfrentó las multitudinarias protestas del movimiento estudiantil -que darían origen al Frente Amplio-, gestionó con eficacia la reconstrucción que demandó el devastador terremoto de febrero de 2010, mientras que la economía experimentaba un crecimiento que fue también el mejor que ha tenido desde entonces.

Los tres mandatos que le siguieron -el segundo de Michelle Bachelet, el segundo del mismo Piñera y el actual del Presidente Boric- compiten por el poco edificante calificativo de cuál sería el peor en la última década, cuando el país perdió la senda del desarrollo que había transitado a paso firme desde la recuperación de la democracia en 1990.

Tres propuestas políticas radicalmente distintas fueron elegidas por el electorado, una tras otra, como quien busca corregir el rumbo para continuar la marcha hacia un horizonte que de pronto se cargó de negros nubarrones.

Enfrentar decididamente la desigualdad fue la apuesta del segundo gobierno de Michelle Bachelet, incluso si para ello se sacrificaba el crecimiento económico, lo que de hecho ocurrió. El suyo fue el primer mandato de los que habían gobernado el país desde 1990 que culminó con un crecimiento promedio inferior al 2%. También, quizás por esa impronta igualitarista, fue el primero en el que se sucedieron tres ministros de hacienda (Alberto Arenas, Rodrigo Valdés y Nicolás Eyzaguirre). La mayoría de los chilenos no habían sido nunca testigos de semejantes vaivenes en la conducción de la economía.

A ese inédito freno al crecimiento, que los grupos medios emergentes resintieron sin demora, le siguió la promesa de “tiempos mejores” de Sebastián Piñera, cuyos destellos brillaron en su primer año, cuando en 2018 la economía creció con vigor al 4%. Parecía que por momentos el país retomaba el rumbo perdido. Pero durante el segundo año de su mandato, en octubre de 2019, se desencadenaría el estallido social -cuya magnitud y efectos políticos y sociales es imposible exagerar-, al que siguió, sin darle respiro a la conducción política, la crisis sanitaria del Covid-19. Como sea, la propuesta de recuperar la prosperidad perdida quedó a la vera del camino, gravemente averiada, y la popularidad del mandatario en el suelo.

Envalentonados por el estallido social, el naciente Frente Amplio elaboró la propuesta más radical de todas las que han sido sometidas al voto del electorado en este tiempo, una que era derechamente refundacional y que para ser viable requería el reemplazo de la constitución de los “cuatro generales” -o la constitución “tramposa” al decir de Fernando Atria-. Sabemos bien que ese mismo electorado, crecido y aumentado por el voto obligatorio, le dio un palmo en las narices a semejante desvarío refundacional. Desfondó así la propuesta política del gobierno del Presidente Gabriel Boric, que desde septiembre de 2022, apenas seis meses después de asumir su mandato, se vio forzado sobre la marcha a emprender un gobierno de tono socialdemócrata -conducido por un elenco nítidamente concertacionista-, por el que sus electores más entusiastas no habrían votado ni por asomo.

Se trata de tres relatos políticos que dieron origen y sustento a tres mandatos presidenciales muy distintos en sus supuestos y objetivos, que -esto es lo que importa- han resultado frustrados de cara al electorado y al país. Dos de los tres se alojaron decididamente en la izquierda, el de Bachelet en la Nueva Mayoría, que tuvo al comunismo y al naciente frenteamplismo en cargos de gobierno, y el de Boric, fundado en el experimento de la nueva izquierda del Frente Amplio, antineoliberal y anticapitalista. El factor común de los tres es el deterioro del crecimiento económico, dando lugar a una década perdida para el desarrollo, que está en la base de la frustración y el pesimismo respecto al rumbo del país que invade a la ciudadanía de un tiempo a esta parte.

¿Qué vendrá a continuación de esta seguidilla fatal de gobiernos frustrados? Siguiendo su tendencia a experimentar, el electorado podría probar con la propuesta, inédita entre nosotros, que está en boga en otras partes del mundo: la de la derecha dura -o como también se la suele denominar, la extrema derecha-. Sería la segunda vez que, en ese caso, optaría por dejar de lado a las más conocidas y experimentadas opciones del centro político, con sus expresiones de centroizquierda o centroderecha.

¿Estará dispuesto a optar una vez más por lo desconocido, para experimentar por que la podría ser a corto andar una nueva y dolorosa frustración? ¿O su aversión al riesgo lo llevaría a optar por una opción política conocida, cuya capacidad para enfrentar los enormes desafíos del país -sobre todo en materia de crecimiento- asoma con mayor nitidez? Esta última parece ser hasta aquí la preferencia del electorado, pero nada asegura que impulsado por un deterioro cada vez más agudo de la seguridad ciudadana -o por un evento impactante con el potencial de producir el “efecto Atocha”- pudiera cambiar de opinión. Notablemente, estas dos opciones podrían superar la primera vuelta, ya no es imposible, en cuyo caso la segunda -la de Evelyn Matthei- aseguraría su elección a la Presidencia de la República.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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3 Comments

  1. Solo una acotación, Chile realmente independiente existe desde 1818. El crecimiento sostenido de la economía chilena se inicia en 1985, no en 1990, completó casi 30 años de sostenido crecimiento al 2014

  2. Buen desafío este artículo

    Disiento en lo siguiente
    Piñera 2, tuvo la pandemia que generó grandes costos: el mundo bajó su crecimiento y aumentó la inflación y los costos internacionales . Luego el estallido social que no solo generó costos por la destrucción, la salida democrática requirió procesos electorales y una convención constituyente que aportó con su costo y fue un fracaso

    No son comparables todos los gobiernos y menos con Piñera 2 que afronto cosas muy graves de alto costo que impactaron en un crecimiento

    Al contrario: manejó la pandemia como nadie; y salió democráticamente del estallido eligiendo que no hubiera muertes
    Un demócrata y gran gestor
    Iris Boeninger

  3. 100% de acuerdo con el comentario de Iris. No se puede poner en el mismo saco a Bachelet, Piñera y Boric.

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