Kast sí, colectivos no

Tanto o más que los nombres que se den a conocer de los colaboradores de Kast, lo que importa es el tipo de relaciones que establece con ellos.

Tal parece que nos aproximamos a un presidencialismo reforzado porque el Mandatario electo desincentivó, apenas se lo plantearon, la idea de avanzar hacia una coalición de los partidos que lo respaldan.

Sin una alianza que los integre a todos, cada partido queda librado a su suerte, la única coordinación existente, Chile Vamos, queda sin piso, desaparece cualquier asomo de contrapeso y la vinculación que se establece es la de cada uno directamente con el Mandatario.

Es un funcionamiento compatible con partidos fuertes. Si a las tiendas pequeñas se les ubica dos o tres figuras principales y, como carecen de instancias colectivas, están condenados a desaparecer en el anonimato, algo peor que la irrelevancia.

Quien arma una coalición es porque busca establecer consensos internos de forma institucionalizada y quien evita hacerlo es porque pretende gobernar instituyendo, desde el inicio, un predominio incontrarrestable. En la medida en que pueda, aplicará este criterio también hacia fuera.

Lo que se tendrá son colaboradores en el Ejecutivo, asistentes en los partidos y una combinación de ambos en el Parlamento.

Empieza una era caracterizada por el predominio de una figura principal. En la derecha, todos están invitados a entrar a la administración que está conformándose, pero no está pensado que todos sobrevivan, en especial, Chile Vamos.

En nuestro país sufrimos de una extrema proliferación de partidos. La solución que aquí se ofrece no es la de la integración dialogada de su diversidad interna, sino la instalación de una hegemonía de uno de sus polos. Un arreglo cómodo para republicanos y libertarios, pero un ambiente inhóspito para el resto, algo que se impone por la fuerza, pero sin emplear malas maneras.

Los grandes comportándose como pequeños

Los partidos que hemos conocido como integrantes de Chile Vamos se han amoldado a los requerimientos de Kast. No cuestionan nada y apenas hablan de su integración al nuevo gobierno, aparte de mostrar su plena disponibilidad.

Están irreconocibles. Una de dos: sus estrategas son los más silenciosos de los que se tenga memoria o están a la deriva.

Chile Vamos ha dejado de tener un comportamiento colectivo. Sumados tienen más parlamentarios que republicanos, pero su comportamiento es el de quien pide permiso para hablar a fin de no resultar demasiado inoportuno. No fueron removidos, se desplazan solos. No les tienen que ganar, ya están derrotados.

Son socios que esperan validarse después por su actuación, pero que no entran en igualdad de condiciones en esta etapa.

La UDI y RN negocian como partidos, por separado, confiando en el respaldo que puedan darle las personas más cercanas que han entrado en el círculo de confianza de Kast. Es un vínculo de abierta subordinación que evita las presiones públicas porque están persuadidos que les resultaría, a la postre, contraproducentes.

No confían tanto en la fortaleza propia como en las debilidades ajenas. Están convencidos de que el entorno previo de Kast no está en condiciones comparativas de cubrir los puestos que se necesitan. Esperan, aparentando calma, que llegue el momento en que ello se hará evidente.

La fuerza que no se usa se pierde. Si la centroderecha sigue el ritmo de la instalación del gobierno, se irá debilitando de manera imperceptible. Tomar la iniciativa es algo bien distinto.

Teniendo una buena posición en el Congreso y habiendo establecido con anterioridad puentes con la centroizquierda, no se debiera dejar un vacío que se llene con una creciente polarización. Ningún gobierno se puede negar a acuerdos amplios que le hagan la vida más fácil. Y este es un terreno fértil para que Chile Vamos asuma un protagonismo que parece no tener en otros lugares. La oportunidad es ahora y no se volverá a presentar otra en un momento más oportuno.

Los pequeños comportándose como grandes

El modo como se ha establecido la relación del entorno de Kast con libertarios contrasta a más no poder. Aquí la negociación es abierta, a nadie se le ocurriría tratar a sus militantes de a uno y quien pone condiciones para ingresar es Kaiser, lo que es aceptado sin chistar por su contraparte.

Libertarios tiene un cuarto de los diputados de Chile Vamos y donde la centroderecha tiene 16 senadores, los otros tienen uno, pero quien los observe actuar pensaría que es al revés.

En cierta forma es verdad que Kast necesita más a Kaiser que a la inversa, porque requiere contar con todos los votos de la derecha en el Parlamento para después buscar unos cuantos más para conseguir el control del Congreso.

En el mundo al revés, las líneas rojas no la ponen los que ganan, sino los que pueden ser integrados. Se mencionan temas valóricos, programas que pueden o no continuar, presupuestos que se deben mantener o no, nada muy consistente. Lo que importa es el principio que está detrás.

Más que lo que hay que agregar, se trata de lo que no hay que hacer. Cualquier herencia del gobierno anterior que les suene como “operación cultural política” debe quedar descartada. Se trata de un paquete porque la integración no será a medias: es plena o no se produce. El plan sigue siendo un acuerdo amplio de derecha que haga prescindible un entendimiento más abarcador con la próxima oposición.

Ningún diálogo mayor se ha intentado. Tal vez estos acuerdos sean posibles, pero eso sería a costa de un mayor protagonismo de la centroderecha, lo que podría llegar a ser molesto. De allí que se ponga tanto interés en la incorporación de libertarios. Ambos esperan, a la postre, salir mayormente beneficiados.

Lo que Kaiser quiere dejar sentado es que lidera la representación de la pureza de los principios que se defienden. Actúa como el controlador calificado para el fiel cumplimiento de la sana doctrina, dejar claro lo que es incompatible con su ideario, neutralizar las desviaciones en las que incluso Kast puede incurrir.

Pensar que esta vocación por dictarle a otros la buena doctrina es algo que se termina con la instalación del gobierno es iluso. La lealtad no es con Kast, sino con los principios a los cuales el próximo gobierno debe someterse.

No es la primera vez que un equipo político se esfuerza mucho para conseguir algo que, al final, los perjudica. Alguien está en un error y no parece que sea Kaiser.

Participa en la conversación

1 Comment

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.