A menudo parece que los partidos complejizan mucho la tarea de gobernar que tiene el Presidente. Pero si bien es cierto que los partidos hacen difícil gobernar, intentar gobernar sin partidos es todavía más difícil. El Presidente electo José Antonio Kast no debiera dar un rol secundario en su gabinete a los partidos políticos.
En las cinco semanas que han transcurrido desde su victoria en la segunda vuelta de la elección presidencial, Kast parece atormentado por la relación que debiera tener su gobierno con los partidos de su coalición de extrema derecha y con los partidos de la coalición de derecha tradicional que existen en el país. Aunque inicialmente su equipo anunció que el gabinete presidencial se anunciaría en la primera semana de enero, los problemas que ha tenido Kast para definir el rol que tendrán los partidos políticos en su gobierno ha retrasado el anuncio del nuevo gabinete.
Kast ha tenido siempre una relación difícil con los partidos y con otros políticos. Después de militar por un par de décadas en la UDI, Kast renunció al partido para lanzar una candidatura presidencial independiente en 2017. Después de haber obtenido un respetable 8% de la votación en primera vuelta, Kast inició la formación de una nueva colectividad política, el Partido Republicano.
Después de las elecciones de 2021, cuando sorpresivamente pasó a segunda vuelta y logró amarrar el apoyo de todos los partidos de derecha en el balotaje, Kast nuevamente demostró su incapacidad para liderar un partido amplio y diverso. Al poco andar, sus disputas con otros líderes del Partido Republicano llevaron a un quiebre dentro del partido durante el segundo proceso constituyente. Pese a ser el partido con más escaños en el Consejo Constitucional, la instancia del segundo proceso que eventualmente fracasó en producir un texto que fuera aprobado por la mayoría del país, el Partido Republicano fracasó estrepitosamente en usar esa instancia para convertirse en el partido más importante de la derecha en Chile. El problema de ser un partido atendido por su propio dueño es que se limita mucho la capacidad de crecer y sumar otros liderazgos.
Para la elección de 2025, el Partido Republicano había sufrido nuevas escisiones (incluido la formación del Partido Nacional Libertario de Johannes Kaiser). Aunque logró cinco senadores (un 10% de la cámara alta) y 31 de los 155 diputados, el Partido Republicano está lejos de ser el partido más importante en la derecha. De hecho, aunque la victoria de Kast era una oportunidad inmejorable para que el Presidente electo lograra atraer a su órbita a legisladores de derecha desafectos y decepcionados de sus propios partidos, en las semanas que pasaron entre la primera y la segunda vuelta y, especialmente, después de la segunda vuelta, no se han visto movimientos que sugieran que Kast haya logrado avanzar en la importante tarea de sumar votos en el Congreso entre legisladores que comparten muchas de sus posturas pero que militan en otros partidos.
La evidencia comparada ha dejado patentemente claro que la democracia sin partidos políticos no funciona. Precisamente porque tener apoyo en el poder legislativo es esencial para poder avanzar una agenda de gobierno y porque el Congreso está compuesto de legisladores que representan a distintos partidos políticos, resulta torpe creer que se puede gobernar exitosamente sin partidos.
Es cierto que la ciudadanía desconfía de los partidos y en general rechaza su desempeño. También es verdad que la identificación partidista ha caído significativamente en las últimas décadas. Pero la evidencia también muestra que, salvo en los periodos de alta polarización en la década previa al quiebre de la democracia y durante la transición a la democracia, nunca hubo altas tasas de identificación partidista en Chile. Los chilenos votan por partidos, aunque no necesariamente se sientan identificados con esos partidos. El sistema de partidos en Chile es fuerte, aunque éstos no necesariamente tengan raíces profundas en la sociedad.
Afortunadamente, Chile tiene un sistema de partidos fuertes. La evidencia comparada muestra que las democracias con sistemas de partidos fuertes en general son más estables y exitosas. En los países con sistemas de partidos débiles o con partidos personalistas de corta duración, la democracia siempre funciona peor y reina la inestabilidad. Por eso, más que criticar el sistema de partidos y ver el vaso medio vacío, hay que reconocer la importancia de tener un sistema de partidos institucionalizados. No tener un sistema de partidos fuertes es mucho peor que tener el sistema que tiene Chile hoy.
Lamentablemente, preocupados más de cargos y cuotas, los partidos políticos a menudo ponen muchos obstáculos a los Presidentes en el camino de la gobernanza. Pero intentar gobernar sin partidos es un camino seguro hacia el fracaso. Los verdaderamente grandes políticos son aquellos que aprenden a domar a los partidos. Si un presidente busca saltarse a los partidos para poder gobernar mejor, hay que abrocharse bien el cinturón de seguridad porque habrá mucha turbulencia en los primeros meses de gobierno.

Hay un título del artículo, su desarrollo no tiene nada que ver con el título………
Desgraciadamente, Chile al estar inmerso en la decadencia etica, moral, espiritual y humana de Occidente; se traspasa dentro del ambito politico, economico y social de nuestra nacion. Las dificultades de la relacion partidos politicos-Presidente de Chile, fue en muchos casos indomable; sobre todo en la segunda mitad del Siglo XX. En el Siglo XIX, Siglo de Oro de Chile; si bien es cierto que la relacion Presidente de Chile y los partidos politicos fue bastante irascible en ocasiones, y en otras complejas, habia desde el punto de vista intelectual y educacional, una mejor comprension de lo que Chile deberia ser mirando al futuro de las proximas generaciones.
Hoy, en pleno Siglo XXI, lo que experimenta Chile, lo experimenta el Mundo entero. Con generaciones de niños y jovenes mal educados, mal comportados, mal enfocados, ignorantes y sobre ideologizados; nos hacer ver a una ciudadania chilena mas dividida y confrontada unos, contra otros.
Jose Antonio Kast no es un lider nato que logre aunar opiniones distintas y criterios diferentes; fue un parlamentario dentro de la media congresal; pero, no un referente al cual se debia imitar.
En estas pocas semanas se ha visualizado mas traspies, que aciertos. Y los nombres que puedan ser o ocupar algun cargo ministerial, en algunos casos, plantea mas dudas que claridad.
Por ultimo, en la relacion cercana o lejana que vaya a tener con los partidos politicos, dependera de como el, como Presidente de Chile se acerque a ellos, y que logre plantearles para convencerlos de apoyarlo y votar a favor de la agenda legislativa que desee proponer al Congreso Nacional.