18 DE SEPTIEMBRE 2024 / SANTIAGO El presidente de la república, Gabriel Boric, recibe de manos del arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, un olivo como símbolo del te deum ecumenico 2024 en la catedral de Santiago. FOTO: LUKAS SOLIS / AGENCIAUNO

La homilía del Arzobispo Chomalí en el Tedeum del 18 de septiembre tuvo una amplia acogida en el mundo político y en el país en general, por la contundencia de su contenido y por ese llamado casi rogatorio a lograr “un gran acuerdo nacional” para solucionar la grave crisis de seguridad y corrupción, como lo señaló él, que afecta a Chile.

La acogida a su llamado fue transversal. Partiendo por el Presidente Boric, quien dijo compartir “prácticamente en su plenitud” las palabras del Arzobispo, en especial en “las preocupaciones que tenemos respecto de Chile”, seguido por la vocera Camila Vallejo quien dijo estar de acuerdo en más del 99% con lo planteado por Monseñor y en general en todo el espectro político hubo amplio consenso en lo oportuno de su convocatoria.

La disidencia, por así llamarla, se centra en lo valórico, pues el Arzobispo Chomalí fue muy enfático en la defensa del que está por nacer y también en quienes se encuentran al final de la vida, mientras que el Gobierno está por legalizar  el aborto libre y  la eutanasia, con lo cual es casi imposible llegar a un acuerdo en esas materias.

Pero suponiendo que el mensaje de Monseñor  Chomalí impactó al Presidente y está dispuesto a lograr un acuerdo nacional, la pregunta que surge es cómo enfrentará a su propia coalición y si además fuera necesario romper con ella, ¿estará dispuesto a hacerlo? La duda  surge ante el extremismo ideológico de sus socios, con los cuáles es difícil identificar puntos de encuentro. Baste observar la indignación pública de parlamentarios de AD ante la decisión de Carabineros de reincorporar al exonerado Cabo Zamora a sus filas.

Los diputados Luis Cuello (PC); Ana María Gazmuri (AH); Tomás Hirsch (AH) y Hernán Palma (PC-FRVS) lo consideraron un insulto a las víctimas (¿?) y a los miembros de la Cámara (¿?) desconociendo absolutamente el veredicto de inocencia de los tribunales. Hirsch fue aún más allá, señalando que “es lamentable que Carabineros de Chile rápidamente se dedique a reincorporar a alguien que, como mínimo, estuvo implicado en situaciones de dudoso respeto a los DD.HH.

Pero el tema de inseguridad no solo se identifica con el crimen organizado, pues una gran masa poblacional que logró surgir desde muy abajo e integrarse a la clase media, hoy teme volver atrás y caer en  la pobreza por la inseguridad que sienten de perder el empleo y no encontrar trabajo. Y la inexistente política económica pro-inversión y crecimiento del actual gobierno incrementa esa inseguridad, tema que también debiera ser abordado en caso de que exista la intención de llegar a un acuerdo nacional. 

En materia de seguridad contra la delincuencia, un acuerdo nacional requiere mucha valentía y estar dispuestos a hacer concesiones, pues el tema exige enfrentarlo con una visión política libre de  ideologías, que se focalice en soluciones profesionales de alto nivel, con asesoría de expertos nacionales e internacionales si fuese necesario, con cárceles en que los delincuentes no puedan manejar sus ilícitos negocios desde sus celdas, con un sistema de inteligencia y seguridad nacional de jerarquía mundial, lo que hasta ahora, la izquierda ha obstaculizado.

El Arzobispo Chomalí le ha brindado al Presidente la oportunidad de liderar esta vez un gran acuerdo nacional. Pero para eso, debe tener la valentía de enfrentar a sus aliados más radicales, que no han estado dispuestos a brindar su apoyo a medidas que son imprescindibles para combatir al crimen organizado y conminarlos a dejar de lado sus ideologías que impiden hasta ahora contar con las herramientas necesarias para un combate exitoso de la criminalidad. 

Cabe recordar que el Presidente cada vez que han ocurrido hechos delincuenciales gravísimos, ha emitido rimbombantes discursos persecutorios contra los criminales, pero lamentablemente, eso no se traduce en acciones reales  y solo quedan resonando sus palabras al viento, sin que nada concreto ocurra a posteriori. Veremos esta vez, si está dispuesto a que eso no suceda.

Y en el tema corrupción, sería conveniente que el oficialismo, como dice el dicho, no solo vea la paja en el ojo ajeno -con fines electorales-  sino que también  la viga en el propio.  

¿Estarán empeñados el Presidente y sus socios de coalición en lograr ese gran acuerdo?

El tiempo lo dirá.

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