Como buen país presidencialista, lo que más les importa a casi todos es saber la noche del 21 de noviembre quiénes estarán en la papeleta de la segunda vuelta. Pero junto con ello, hay otras elecciones simultáneas, las que pueden llegar a tener tanta importancia para los años que vienen. Y por ello es que, para las parlamentarias, el legislador ha considerado que es bueno otorgar un tiempo para que los partidos y candidaturas tengan un espacio gratuito en televisión, tal como sucede con la franja electoral presidencial (hay que recordar que se renuevan los 155 escaños de diputados y la mitad del Senado, el que aumentará su número y llegará a un total de 50 asientos).
Eso sí, acá las reglas son un poco distintas: la franja presidencial otorga una matemática ecuanimidad entre candidaturas, dividiendo el tiempo asignado en partes iguales. Para la franja parlamentaria, en cambio, el tiempo es otorgado de acuerdo a la votación obtenida por el partido en la última elección de diputados. ¿Qué pasa con los partidos nuevos? Se les otorga un tiempo igual al del partido que obtuvo menos votación. ¿Y los independientes? Uf, un instante apenas, pero que puede ser bien aprovechado. Es cosa de recordar a la querida “Rosa de Aric”, o a Sergio Velásquez, que en menos de un segundo lograba repetir rápido, y muy enojado, “trabajo trabajo trabajo”.
Entre distintos partidos, esta discrepancia de tiempos es obvia: si el tiempo fuera ecuánime, se generaría un incentivo perverso a crear partidos nuevos, con candidatos de cartón, y utilizar el tiempo otorgado a hacerle propaganda a los candidatos de los partidos reales. Y con los independientes, la razón del escaso tiempo también tiene lógica: sería irrisorio dar a los independientes un espacio mayor, sabiendo que los partidos tienen que hacer malabares para meter a todos sus candidatos en la caja chica, y muchas veces terminan priorizando a unos sobre otros. Este es un dolor de cabeza, sobre todo para los partidos grandes, que muchas veces no saben qué hacer con tantos minutos diarios al aire.
La gran pregunta, por el contrario, no es de cuánto tiempo se dispone, sino qué se hace con ese tiempo. Dicho de otra manera, ¿le sirve algo a la Rosa o a Velásquez, que lo vean de Arica a Magallanes, si su potencial electorado está mucho más concentrado?
Al final del día, la franja parlamentaria debiera ser un espacio para expresar el relato del partido, las ideas programáticas y lograr emocionar para llevar electores a las urnas. Utilizarlo como un comercial de supermercado, en el que se pasa lista a candidatos que apenas se mencionan, y que son vistos por muchos televidentes que no son potenciales electores, puede ser una pérdida de tiempo. Y de plata.
Quienes mejor han entendido esto son algunos partidos de izquierda, los “chascones”. Desde los años ’90 que partidos como el PH o UPA (el de Artés) han realizado buenos trabajos audiovisuales, en los que logran sobresaltar algunas ideas fuerzas, con humor e ironía, y con espacio para impulsar emociones, principalmente la rabia. El PH sorprendió, hace muchos años atrás, cuando una joven aparecía en pantalla tirando una Constitución a la basura, y hoy sigue sorprendiendo cuando dicen “esta es la franja de las rotas y los rotos”, o salen con una torta diciendo que se la van a quitar a los poderosos. Mensaje breve, sencillo y conmovedor.
Al contrario, los partidos grandes parecen no saber qué hacer en la franja. Si bien los primeros días lograron hacer buenos clips conceptuales, con excelentes ideas fuerzas, buenos jingles y preciados montajes (cuatro estrellas para Evópoli, con un explícito guiño a la campaña de Lacalle de Uruguay, y cinco estrellas para la UDI, que tuvo el mejor desempeño el primer día de franja), con los días han ido decayendo en aquella lista de supermercado, que no emociona, y a que a pocos importa. Candidatos tras candidatos, tanto en Nuevo Pacto Social como en Chile Podemos Más aparecen en pantalla por pocos segundos, con mensajes inconexos, malas vocerías, y poca información que permita hacerse una opinión. Es más bien, una “presentación en sociedad”, pero que falla, porque sólo logra conectar con quienes han conocido al candidato en la feria, o con figuras que ya eran famosas (el peor de estos errores es que, en pantalla, aparezca sólo el distrito por el que va el candidato… creo que, aparte del distrito 11, casi todos ignoran cuál es el número de su territorio electoral).
La UDI tuvo un destello de luz al preparar algunos clips tipo YouTube, en los que el candidato interactúa con el electorado. Pero se ha hecho poco y, hay que decirle, de forma bien fomeque. Esta misma idea, con más fuerza y chispeza, podría haber sido un hit. Quizás para la otra.
En fin, la franja ya está terminando, y no hay mucho espacio para inventar la rueda a estas alturas. Pero creo que pensar en este espacio como un álbum de láminas, en que todos deben estar al menos un segundo, es no entender la lógica de la televisión con señal nacional, ni a la opinión pública. Por supuesto que pueden aparecer, y es algo positivo (por algo, detrás de un vocero en un punto de prensa, aparecen las “cabezas de tiro de cámara”, esperando ser reconocidos por la audiencia televisiva). El punto es que sería mucho más efectivo que los candidatos lograran comunicar el relato o los conceptos claves que quiere transmitir el partido, más que pensar en sus propias campañas. Para estas últimas, la feria o el casa a casa serán siempre mucho más potentes que un televisor prendido a 800 km. de distancia y que olvidará el nombre del candidato al segundo gol del noticiario. Obvio.
