03 DE FEBRERO DE 2021 / QUILPUÉ Zunilda del Rosario Moyano Aracena tiene 93 años y se convirtió en una de las primeras adultas mayores en recibir la vacuna contra el Covid-19. Esta abuela padece de Alzheimer y fue acompañada por su única nieta Fabiola, quien junto a su marido e hijos cuidan de ella día y noche, debido a que no tiene más familia. "Ella es como un hijo para nosotros, requiere estar 24/7 atento con ella, su aseo personal, su comida, hay que vestirla, hay que acostarla, hay que llevarla al baño, como un niño”, señalaron a AgenciaUno. FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO

El Informe Especial sobre datos y cifras 2021, “Raza, etnia y Alzheimer en América” de la Alzheimer’s Association, publicó que 2/3 de quienes padecen esta patología son mujeres. Y que, además, el 70% de las personas que cuidan a estos enfermos también lo son. Antecedentes que, aunque poco alentadores para la ya abultada carga que tiene ese género, ciertamente no son una sorpresa para nuestro centro de investigación que trabaja incesantemente hacia la búsqueda de soluciones para esta patología. 

En estos 50 años de experiencia acumulada investigando la enfermedad de Alzheimer (EA) y sus consecuencias -más allá de la medicina, también desde una perspectiva social y humana- hemos constatado cómo las mujeres históricamente han asumido el rol de cuidadoras, y quizás por ello tienen significativamente más interés por temas de prevención y autocuidado. Así lo confirmamos el año pasado cuando realizamos el seminario internacional “Los Colores del Alzheimer”, orientado a cuidadores y donde participaron cerca de 14 mil personas.

Otro antecedente en esta misma línea es el enorme interés que ha concitado en las mujeres el examen Alz Tau ®, que permite la detección temprana de la enfermedad con sólo una muestra de sangre. En estos primeros seis meses desde que está disponible en el sistema de salud chileno, 59,5% del total de las prestaciones realizadas corresponden a este género.

En el mundo, cada 3 segundos una persona es diagnosticada con esta patología que afecta a más de 52 millones de individuos en todo el globo. En Chile, se estima serían 300 mil. Como esta enfermedad no tiene cura, es esencial poner énfasis en su prevención. La prestigiosa revista médica The Lancet publicó los 12 factores de riesgo modificables que podrían evitar o retardar el desarrollo de la EA. El consenso de la comunidad científica internacional en torno a estos factores vuelve imperativo su difusión como una forma concreta de ayudar, especialmente en países en vías de desarrollo. 

En este contexto, se identifican como variables de riesgo: una menor educación. Recomienda al menos terminar la educación básica y también despertar la motivación por el conocimiento; la hipertensión arterial; la discapacidad auditiva. En tal caso, usar audífonos y proteger los oídos de los altos niveles de ruido; el tabaquismo; la obesidad; la depresión; la inactividad física; la diabetes; el escaso contacto social; el consumo excesivo de alcohol; haber sufrido un traumatismo craneoencefálico, y la contaminación del aire

Nunca es tarde para comenzar, pero la sugerencia de la medicina en esta materia es comenzar ya. Son cambios de hábitos, por lo que, muchas veces no serán fáciles de practicar y/o demandarán mucho tiempo y fuerza de voluntad. Sin embargo, los estudios son categóricos estableciendo que cerca del 40% de quienes padecen la EA, podrían no haberla desarrollado si hubiesen cambiado estos factores a tiempo

La invitación entonces es a adoptar las medidas preventivas que se sugieren y, cuando sea pertinente –más de 50 años, antecedentes familiares de la enfermedad e indicación de su médico tratante–, realizar el test Alz-tau®, único en el mundo, que permite una detección temprana de la enfermedad.   

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