relaciones exteriores

La política exterior de Chile bajo Gabriel Boric ha sido un tema de amplio debate y análisis. Como repite el canciller, la política exterior la decide el Presidente, y Boric ha priorizado derechos humanos, feminismo y la «diplomacia turquesa», que busca proteger el medioambiente tanto terrestre como marino.

Sin embargo, esta política ha generado controversias y desafíos. A lo largo del mandato de Boric, hemos visto errores y polémicas en la designación de embajadores y la gestión de las relaciones internacionales. Un caso constante es el del embajador en España, Javier Velasco, criticado por sus declaraciones sobre las relaciones de defensa con Israel y la invitación a proveedores españoles en un foro económico, además de no asistir a la recepción con la monarquía española, y su uso de redes sociales. Estas acciones, consideradas inoportunas, no tuvieron consecuencias para el amigo del Presidente.

Otro aspecto polémico es la priorización de temas como el feminismo y la diplomacia turquesa, mientras se muestra inconsistencia al no abordar contundentemente la contaminación por parte de las grandes potencias o el trato y los derechos de la mujer en países que lideran la ONU, como Siria, Pakistán y Uganda, entre otros.

Además, la política exterior ha sido criticada por su falta de respuesta firme ante cuestiones de soberanía y seguridad, como el robo de autos por parte de Bolivia y la auto impuesta prohibición de devolver a extranjeros no bolivianos que ingresan ilegalmente por el país vecino. Aunque ha respondido a Argentina, como en el caso de los paneles solares, la reacción fue tardía y presionada por redes sociales. Otro caso es la posición con Venezuela, que ha sido extraña ya que, en la administración anterior, sin embajador, se lograron mantener fluidas relaciones consulares para expulsiones, pero ahora están en su mínimo histórico y no se buscan soluciones distintas.

En conclusión, la política exterior de Chile bajo Boric parece marcada por una mezcla de visibilidad selectiva y silencios estratégicos. Aunque se promueven principios necesarios, la ejecución y consistencia dejan espacio para críticas y controversias, se nota el excesivo personalismo del Presidente y su asesor presidencial en materias de relaciones exteriores.

Más que ser una política de Estado sólida y coherente, parece reflejar las simpatías y cambios de ánimo del Presidente y su círculo cercano, dificultando una acción diplomática más estructurada y efectiva. Se necesita volver a una política de Estado que comparta criterios clásicos como la defensa eficaz de la soberanía, promoción de la democracia, derechos humanos y medio ambiente, libre comercio y multilateralismo.

Ingeniero Civil Industrial en Tecnologías de la Información y Director Escuela de Gobierno Universidad Nacional Andrés Bello

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1 Comment

  1. Concuerdo en gran medida y agradezco conocer, finalmente, de qué se trata la «política turquesa». Pero lo básico es la defensa permanente del interés nacional y éste no puede estar condicionado al gobernante de turno.

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