Más allá de la escasa participación -inferior a las primarias de 2021 en plena pandemia-, el pasado domingo Jeannette Jara obtuvo una inapelable victoria en las primarias presidenciales de las izquierdas. Sin duda se trata de un triunfo inédito: jamás se había impuesto un candidato comunista en unas primarias del sector, ni tampoco se había proyectado uno de sus liderazgos como el más competitivo de la izquierda de cara a la primera vuelta. Esto ha dado lugar a fuertes reacciones, desde el triunfalismo de su partido, la desazón de la centroizquierda y el Frente Amplio, hasta cierto temor en parte del centro y la derecha. Por más que el resultado impresione, cabe preguntarse: ¿cuál es la magnitud del triunfo comunista del domingo?
La respuesta puede encontrarse en la historia reciente del Partido Comunista (PC). No se sintieron los ganadores tras el retorno a la democracia, pues la transición que anhelaban era por la vía de facto y el rechazo de cualquier herencia institucional del régimen. Ingresaron recién al Congreso en 2010 y se declararon opositores de todos los gobiernos hasta 2014. Su estrategia bien puede catalogarse como de “soft power”, pues han ido ganando terreno de manera progresiva y -en buen chileno- “pasando piola”. La candidata Jara, en esa línea, es parte de lo mismo. El “pink-washing” del PC comenzó hace unos 15 años también de la mano de mujeres, cuando las dirigentes estudiantiles Karol Cariola y Camila Vallejo lograron que su partido capitalizara la renovación de la izquierda tras las protestas estudiantiles. El comunismo chileno ahora se la jugaba por la educación y criticaba el “modelo” neoliberal que la Concertación había consolidado; sin duda la lucha era noble hacia afuera, pero el alma revolucionaria obnubilada con Venezuela y Cuba seguía ahí. Eso le permitió al PC reposicionarse con aires renovados y rostros joviales aparentemente inofensivos. Las “compañeras” arribaron al Congreso en 2014 y luego, con ayuda del nuevo sistema electoral, la bancada creció en 2018 y 2022. En ese año llegan también al corazón del gobierno de la mano de Gabriel Boric.
Al mirar con lupa los últimos cuatro años de esta historia puede observarse cómo la elección de Jara es solo un paso más dentro de la mencionada estrategia de expansión del PC. El gobierno de la coalición del PC y el FA fue un fracaso rotundo, tanto que hace unos meses costaba imaginarse quiénes se inmolarían para ir a una primaria y a una presidencial que parecía desde ya perdida. Pero el comunismo fue hábil, y decidió ungir a la carismática exministra del Trabajo como su representante. Ella hizo lo suyo: sacó a relucir su liderazgo estilo Bachelet y capitalizó los pocos triunfos del gobierno, provenientes de su cartera: sueldo mínimo, rebaja de la jornada a 40 horas y reforma previsional. Por eso, en perspectiva, no sorprende mucho: con baja participación ganó el rostro más convocante de una izquierda desmoralizada, en gran parte gracias a los votos de los descolgados del FA que no quisieron apoyar al burgués y porfiado Winter. Sin embargo, los números se acercan más a los de Jadue que a los de Boric el 2021, es decir, no se logró convocar más allá de la izquierda dura. Por tanto, el triunfo no es tanto del Partido Comunista, sino más bien de Jeannette Jara, que ganó con Jadue escondido en el sótano y Carmona en segunda línea.
Así, cabe ponderar bien el lugar en el que llega el PC a la primera vuelta y no apurarse demasiado al sacar cuentas, partiendo porque no es claro ni seguro el apoyo de todas las izquierdas: la propia Carolina Tohá declaró hace unas semanas que no era partidaria de que el PC gobierne el país, mientras que Óscar Landerretche, desde el socialismo, los acusó de convertir al país en un “maldito infierno” junto al Frente Amplio. Los mismos comunistas saben que tienen un techo; no por nada Jeannette Jara ha planteado en diversas ocasiones que se abre a renunciar a su militancia para tranquilizar al chileno medio. Pero este no es tan ingenuo como algunos creen. En ese sentido, a menos que ocurra algún descalabro mayúsculo de aquí a diciembre, el comunismo probablemente no ganará la presidencia.
Pero eso no niega un hecho igualmente preocupante: la creciente relegitimación que ha ganado el Partido Comunista la última década en nuestro país, aun mostrando sus peores caras para el estallido y el primer proceso constituyente. Queda a pesar de eso a la cabeza del progresismo, con una centroizquierda que hace mucho tiempo renunció a su legado. La derecha y la centro derecha deben manejar con seriedad este hecho, lo que exige tomar el peso a lo que debe hacerse en la campaña que ahora comienza. Porque, aunque nada indique que estamos en medio de una ola de auge comunista ni se pueda ser optimista de su llegada a La Moneda, será ese el rostro principal de la oposición futura. Nada menor considerando los hechos del último ciclo político.

Muy buena, clarisimo
Excelente análisis de Maria Asunción .