La revista Político, uno de los principales medios que publica y distribuye noticias en Estados Unidos desde el área metropolitana de Washington, anunció hace un mes que la industria militar norteamericana aumentó el año pasado sus ventas de armas en el mundo en 80.000 millones de dólares.
Si un solo país quisiera comprar esas armas, sólo tres en el mundo podrían hacerlo considerando su gasto militar: el mismo Estados Unidos (816.000 millones), China (224.000 millones) y Rusia (100.000 millones, cifra aproximada), aunque para ello deberían sacrificar otros gastos esenciales de aparatos militares que emplean a millones de personas.
Un crecimiento así del gasto militar mundial de 3,4%, no se veía desde el fin de la Guerra Fría. Y, dentro de sus posibilidades, todos adquieren armas. 193 naciones son miembros de Naciones Unidas y sólo 35 de ellas no reportan gasto militar.
Por cierto, el gasto está desigualmente distribuido y acumulado en unos pocos. Estados Unidos tiene el mayor gasto del mundo, cercano al 40% del total. No es el mayor gasto militar per cápita, sin embargo; es sólo parte de un podio en que Catar ocupa el primer lugar e Israel el segundo.
Por cierto, los mayores aumentos son de países que están hoy en guerra (Rusia, Ucrania, Israel), los que están cerca del conflicto (Catar, Arabia Saudita), los que prevén posibles conflictos en el futuro cercano (Taiwán, China, Japón), pero también aquellos que realizan mayores gastos para apoyar a partes en conflicto, lo cual incluye a Estados Unidos y a toda Europa, que comparten un compromiso reciente aún no cumplido de traspasar a Ucrania la suma de 58.000 millones de dólares cada uno.
Lo importante, además del interés por comparar y revisar cifras, todas ellas de carácter público, es entender por qué se ha producido el aumento. Parte de la explicación es obvia: hoy hay más guerras que antes y esas guerras requieren cada vez más armamentos, ojalá más sofisticados que aquellos que manejan sus enemigos. Hay guerra en Israel que aún está escalando; hay guerra en Ucrania que acaba de cumplir dos años, sin que parezca cerca de concluir; hay bombardeos en el Golfo Árabe; hay guerras civiles en varias naciones africanas.
Hay más explicaciones, sin embargo, que muestran que las carreras armamentistas tienen su propia dinámica. El temor al conflicto cercano y sus repercusiones hace que los países cercanos al campo de batalla vean (o argumenten) la posibilidad de que el conflicto derrame en su territorio. La guerra Rusia-Ucrania convierte a Polonia en un mayor comprador de armas en Estados Unidos, por cifras cercanas a los 30 mil millones de dólares. Y a esas compras billonarias siguen Alemania con más de 10 mil millones, la República Checa con 5,5 mil millones, Bulgaria y hasta Noruega, todos hacen su aporte, que a veces va directamente a Ucrania, pero también para integrarse a las Fuerzas Armadas de los países donantes.
Hay también un aumento sustantivo de compras de armas desde otras partes del mundo, sin pasar por la autorización de los países vendedores, o en que, en realidad, los que supuestamente deben controlar las compras, se dedican a promoverlas. El mismo artículo de Político recuerda el intento del Departamento de Defensa convencer a Argentina de comprar un escuadrón de F-16 usados para su Fuerza Aérea, quitándole de paso el negocio a China.
Lo de “quitar el negocio” adquiere sentido, por cuanto, tanto en Estados Unidos como en Europa, se considera que las guerras y conflictos internos actuales como buenas opciones para entrar en los mercados de armas del “Sur Global”, que hasta ahora han copado Rusia, China y otros países.
Todo ello se hace muchas veces sin pasar formalmente por los gobiernos de origen, los países hacen compras directas a las empresas, lo cual le da un grado de opacidad al comercio de armas, que no tiene los gobiernos de ambas partes que son los que determinan cuando los países compran o venden. Se estima que más de 150.000 millones en ventas, ocurren de esta manera.
Hay aquí dos paradojas interesantes. La primera es que en este clima de carrera armamentista los conflictos bélicos se hacen cada vez más posibles. Allí, donde alguien ve la posibilidad de crear un movimiento subversivo o apoderarse de un territorio, ve más posible hacerlo por la vía armada o recurriendo a organizaciones mercenarias que existen en el mundo, como una nueva forma de “negocio” del crimen organizado. A nivel de países, entre los cuales siempre pueden existir roces propios de la convivencia en un mundo de diversidad, la adquisición de armas va de la mano con posibles conflictos, en los que siempre el “otro lado” es el que busca la confrontación.
La segunda paradoja es que la proliferación de armas incluye cada vez más, desde un punto de vista tecnológico, armas más pequeñas y fáciles de adquirir. El arma de moda en el mundo, sobre todo más allá del mundo desarrollado, es el dron, aquel aparato aéreo que se creyó útil para las comunicaciones o incluso el espionaje y ha llegado a ser un arma letal contra la cual la población civil tiene poca defensa.
El dron barato, dice el Economist, puede revolucionar el arte de la guerra y causar más daño que la artillería, al apuntar más de cerca a muchos seres humanos a la vez. Y, quién sabe, tal vez a este nivel de gasto y de desarrollo tecnológico, veremos pronto armas nucleares montadas en pequeños drones, al alcance de cualquier conflicto.
El crecimiento del gasto militar, en un mundo en creciente conflicto, es un riesgo que nuestros países y las organizaciones internacionales no pueden aceptar. Ver cómo aumentan las armas y explicarlo diciendo que ello se requiere porque las guerras están aumentando, es una receta inequívoca para la catástrofe.

Estaba siguiendo y concordando casi todo lo expuesto, el párrafo final me desconcierta «el crecimiento del gasto militar es un riesgo que nuestros países y las organizaciones internacionales no pueden aceptar». PLOP, pero si el gasto militar lo incentivan y lo AUTORIZAN los políticos como ud, en poder ejecutivo, legislativo y en organismos internacionales……
Claro que parece una simpleza justificar el aumento del gasto por el hecho de haber más guerras. El mayor gasto de un país cualquiera puede aumentar si su percepción de peligro aumenta y se estima que ese incremento disminuye la probabilidad de ser agredido. Si Guyana no cuenta con medios para defenderse, ¿qué puede disuadir a un agresivo Maduro de anexarse el Esequivo? Nuestra propia historia es ejemplo de los que sucede en períodos en que la defensa no ha contado con suficientes recursos frente a vecinos con apetitos.