¿Quién me dijo que conducía?
La derecha parece empeñada en mostrar el lado negativo que tendría que asumiera el poder. Ha entrado en un progresivo desorden, sin que nadie haya puesto control ni aportado conducción y en el que se han deteriorado las coordinaciones previas.
Es como si los procesos electorales se hubieran distanciado del buen desempeño político. Chile Vamos mantiene la primera opción presidencial, como lo reflejan las encuestas y, aun así, sus principales partidos están pasando por uno de sus peores momentos. Se trata de un equilibrio inestable, algo terminará por predominar.
El debilitamiento progresivo del gremialismo hace indispensable que un gobierno futuro tenga como pivote a RN, y este partido se había sostenido como el principal impulsor de acuerdos en su sector y con el oficialismo. Hasta ahora.
Los malos momentos en política se caracterizan porque la primera reacción de los exaltados pasa de inmediato a decisión tomada. Sólo en el microclima de una bancada se puede explicar una decisión como la de acusar constitucionalmente a Gabriel Boric. Su explicación era difícil, el aporte a solucionar problemas era nulo, y la posibilidad de ser aprobada no existía.
Hay una diferencia entre llevar adelante una acusación constitucional a permitir que una acusación de este tipo se lleve por delante a sus propios autores.
El bochorno en política consiste en tomar una determinación de primera magnitud y tener que retirarla batiendo todos los récords históricos, debido a una reacción general que combinó el estupor, el enojo y el repudio.
El prestigio se consolida con mucha lentitud, pero se puede perder con mucha rapidez. Y es lo que está aconteciendo con RN. No obstante, como esta tienda juega un rol irremplazable en su coalición, más vale que se recupere pronto.
La peor de las señales que se ha entregado es que, al asumir decisiones como esta, no se tomó en cuenta ni se consultó el efecto que pudiera tener sobre la candidatura presidencial, el debate sobre las reformas en curso y, lo más sorprendente, sobre el proceso electoral que estamos viviendo en su etapa final.
¿De qué le sirve a la centroderecha tener candidata presidencial si nadie piensa en consultarle cuando se toman decisiones de gran calado y con la mayor liviandad?
En etapa de elecciones es cuando más en cuenta se debe tomar la opinión de los ciudadanos, sus reacciones deben discriminar entre las iniciativas que se asumen y las que se desechan. No ha pasado así.
En ambientes tan cerrados en sí mismos como los cenáculos parlamentarios, no se toma en cuenta las más básicas señales de vinculación con quienes tienen derecho a voto a finales de este mes. ¿Alguien cree que no son miles los que analizan estos hechos y los están repudiando?
Ya no queda margen para más arrogancia
Nuestro sistema político requiere un mínimo de prestigio de sus actores, y hemos bajado de este nivel. Por eso estamos en una zona de riesgo. La tendencia que se ha reforzado es la típica previa a los grandes movimientos populistas, que acontece cuando, al tener que optar, son muchos los que prefieren la seguridad a los espacios de libertad.
En democracia todos están bajo el escrutinio público, incluso los que se comportan como matones en estilo arrabalero o refinado. Algo no calza cuando se pide el voto, pero no se dan explicaciones.
Sorprende que Marcela Cubillos mire la polémica en la que se ha involucrado desde el punto de vista de su derecho a recibir un sueldo, cualquiera sea su monto. En ninguna de sus intervenciones parece dirigirse a una familia chilena promedio, con muchas obligaciones mensuales y sueldos comunes y corrientes. El ninguneo nunca ha conseguido muchos votos. Lo que importa no es lo que piensan los “octubristas”, sino lo que piensan las familias de todo esto.
La derecha siempre ha tenido un cuidado extremo en no caer en ostentación de privilegios que la separan de sus propios electores. Este episodio delata que, para algunos, esta consideración ha dejado de tener importancia. Las explicaciones no son para los ciudadanos, porque en el debate ni siquiera aparece considerado su punto de vista. Si esto no desprestigia la política, no se sabe qué podría hacerlo.
El desprestigio sin embargo no se está focalizando en un solo sector. Es más, en la elección municipal los resultados favorecerán a los polos y serán los sectores moderados los que tengan que soportar un mayor desgaste del cuestionamiento de la política, que es provocada por algunos, pero que salpica a todos.
La derecha está operando en competencia entre sí y sin mando central, lo que es el peor de los mundos. Parece empeñada en aportar a que el sistema pierda gobernabilidad justo cuando estamos en zona de riesgo.
Este modo de proceder no se explica por ninguna reflexión, sino por temor. Lo que se está evaluando con anticipación en la centroderecha es un avance de republicanos en las próximas elecciones y eso los hace dudar sobre su propio camino, por eso oscilan. Si la derecha no se gobierna a sí misma no va a convencer de que pueda gobernar el país.
Del estallido social a la implosión política
El estallido social demostró un descontento ciudadano importante por la gran diferencia existente entre las expectativas de un presente mejor y la vivencia de grandes carencias y desigualdades.
Eso fue algo que no ha desaparecido y que no se ha resuelto. El mismo estallido no deja de ser reevaluado en sus consecuencias. Como la situación política continúa deteriorándose y la grave crisis de seguridad es un hecho indesmentible, lo que ha cambiado es el foco del descontento.
Si antes se priorizó una mayor justicia social, cuando existía una seguridad ciudadana mayor, ahora lo que se quiere es recuperar lo perdido como paso previo a mayores niveles de equidad.
La encuesta CEP muestra a los ciudadanos reinterpretando sus propias opiniones una vez que ha pasado el tiempo. El mismo estallido, que tuvo marchas ciudadanas de concurrencia histórica, al mismo tiempo que de hechos violentos y vandálicos, es reinterpretada ahora por su peor lado, puesto que es seguridad lo que se pide de manera preferente. Es el mismo malestar, pero aplicado a un contexto diferente.
Así como el estallido no fue de izquierda, la búsqueda de seguridad no es de derecha. Es interpretable por distintos actores. Con la mayoría de los partidos preocupados de los conflictos que los enfrentan, muchos se descartan como canal de expresión de demandas ciudadanas. Veremos quién lo entendió mejor.

La asonada golpista no fue de izquierda???? Por favor……no nos crea a todos que somos estúpidos….