06 DE OCTUBRE DE 2021/VALPARAISO Los senadores Jorge Pizarro (i) y Yasna Provoste (d), durante la Sesión de Sala del Senado. FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Ya se farrearon la democracia una vez. Van por el mismo camino ahora. Estuvieron años los socialistas dando pruebas de que podían ser democráticos, no destruir la economía y respetar la institucionalidad. El gobierno de Ricardo Lagos aprobó con creces ese desafío que se resume en su habitual frase: dejen que las instituciones funcionen.

Pero la izquierda ya perdió el miedo de volver a colapsar el país. Ya ni pretenden aparentar estabilidad los reconstructores del socialismo en Chile, hermanándose con el fuego, la violencia y la polarización. Pareciera que en los países en desarrollo, la democracia tiene el germen de su destrucción, del cual no se pueden librar. Eso explica que solo constituyan un puñado las naciones donde funciona la democracia y el libre mercado, aunque este sea algo consustancial al hombre. El por qué sólo puede explicarse en que nuestros políticos no tienen la capacidad intelectual ni la calidad moral para sostenerla. Tenemos que tolerar la intolerancia de ciertos sectores radicalizados de la ultra izquierda, pero cuando llegan al poder son ellos los que no nos toleran y sólo hablan en códigos refundacionales, de “avanzar sin transar”, de “no sacrificar ni un milímetro del programa”, como lo hicieron antes en la Unidad Popular y lo exige ahora el Partido Comunista a su candidato Gabriel Boric.

La Constitución del 25 se escribió con el Congreso clausurado por las fuerzas militares. La de 1980 también. Cuando se reimpone el orden es sin los políticos criollos. Cómo no acordarse cuando el general Pinochet denostaba a “los señores políticos”, ansiosos en sus casas preguntándose cuándo podrían recuperar el poder. Era un ritual para los periodistas oír al almirante Merino tildándolos de “humanoides” en sus performances de los días martes. Uno suponía que era una falta de cultura democrática difamar así a los protagonistas de una democracia representativa, pero conociéndolos ahora, parece que esas expresiones no estaban tan alejadas.

Obvio que no me refiero a todos los políticos, pero sí a una mayoría. Esa mayoría que decidió emprender el camino sin retorno de violar la Constitución inaugurando del “parlamentarismo de facto”, mientras en paralelo no se hace cargo de los problemas del país y neutraliza cualquier intento legislativo para mejorar las pensiones o la salud.

Me refiero a candidatos como Gabriel Boric o la senadora Yasna Provoste, que ni se arrugan para darse vueltas de carnero y proponer un cuarto retiro para su propio beneficio electoral, destruyendo a los actuales pensionados con rentas vitalicia y retiro programado, a los futuros pensionados, el acceso al crédito hipotecario y asestándoles a los más vulnerables el golpe final con la inflación.

Pero no les importa. El más mínimo soporte ético tendría que impedirles apoyar algo que destruye a los que dicen beneficiar. ¿No saben de qué se trata el bien común? ¿O mantenerse en el poder legitima cualquier tropelía?

Podríamos hacer un listado de 40 cosas que hay que mejorar para hacer un Chile más próspero y de oportunidades para todos. Pero nuestros políticos viven en otra dimensión. No legislan en bien del país, pero se demoran 12 o 15 minutos en aprobar una ley para que los parlamentarios que van a la reelección y no cumplieron con los requisitos puedan repostularse. Se sientan en la Constitución, en que el asunto ya fue juzgado por el Tricel y en que los votos están impresos.

Livianamente, creyendo que les rinde en votos, por segunda vez acusan constitucionalmente a un Presidente en ejercicio, lo que sólo ha ocurrido en tres ocasiones en la historia de Chile. Pero para esos diputados acusadores, cualquier precio es bueno si se reeligen y, sobre todo, si no lo pagan ellos.

¿En qué país se ve a los comunistas sacando al pizarrón a las fuerzas progresistas, como lo vimos la semana pasada con sus diputadas emplazando a la candidata Provoste y a la presidenta del Senado a poner en tabla el proyecto de indulto a los que cometieron delitos después del 18 de octubre de 2019 y hasta diciembre de 2020? Es evidente que el PC tiene acobardado a su presidenciable Boric, que no se atreve a mostrar su programa, a un mes de las elecciones, temeroso del veto de sus aliados revolucionarios. Pero es bien inexplicable tanta precaución si sus asesores más cercanos (Nicolás Grau y Lucía Dammert) reiteran que su programa es casi idéntico al que tenía el candidato de la hoz y el martillo que el diputado derrotó en las primarias. Y si él mismo no tiene una postura tan distinta a los de los comunistas en materia de violencia. A cada rato se confunde (celebrando camisetas con Jaime Guzmán baleado, por ejemplo), luego admite el error, pero insiste en visitar en la cárcel a los que ponen bombas molotov o en reunirse con insurgentes mapuches, en vez de oír a sus víctimas. Y así Boric quiere gobernar el país y darle un horizonte de estabilidad.

El PC está preocupado de la violencia. Pero no porque destruya o sea incompatible con la deliberación democrática, sino que porque favorece al candidato José Antonio Kast. Es la misma deformación que llevó a ese partido a apoyar una nueva Constitución, pero no el Acuerdo por la paz que era la génesis de lo otro.

Ahora tenemos a la izquierda y la ultra izquierda intentando redactar una nueva Carta Fundamental y todo indica que hay una mayoría por darle mayor poder al Congreso y disminuir las facultades del Presidente. El vicepresidente Jaime Bassa ya develó su opción, un sistema parlamentario unicameral.

O sea, se trata de darle mayor poder a “los señores políticos”. Pero estos figuran últimos en el ranking de confianza y cambiaron el sistema electoral para instalar el vigente, que ha devenido en una alta polarización con una fragmentación en 16 partidos en el Congreso que hacen imposible gobernar. Que ni se sueñen los convencionales que los chilenos estarán dispuestos a no elegir a su Presidente y que los mismos que hoy destruyen al país tengan en sus manos el gobierno, eligiendo ellos al Primer Ministro. Si los políticos volvieron a polarizar e incendiar el país, lo que uno esperaría es menos, no más poder. ¿O no?

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.