16 de diciembre DE 2021/Santiago Adherentes del candidato a la Presidencia José Antonio Kast llegan hasta el parque Araucanos para participar del cierre de campaña del candidato FOTO: KARIN POZO/AGENCIAUNO

Bien patéticas han sido las reacciones de muchos dirigentes de Chile Vamos y de todos aquellos, con la excepción de Mario Desbordes, que José Antonio dejó en el camino en la competencia por llegar a la Presidencia de la República. Parecieran primar los proyectos personales por sobre intereses colectivos por los cuales luchar y la incapacidad de aquilatar el peligro para la democracia representativa y la economía de mercado que se juega en los próximos años.

Todos tenemos claro que el fundador del Partido Republicano, y que constituyó el Frente Social Cristiano, no pretendía llegar a La Moneda y que su rápido ascenso en las encuestas se debió a los errores de los otros candidatos y al hastío con el actual gobierno de derecha. Era de toda lógica inimaginable que una carta de la derecha conservadora lograra la presidencia, porque no buscó el centro, inicialmente, y en la segunda vuelta, aunque avanzó, no pareció hacerlo con la suficiente convicción. En parte, porque los periodistas y su contendor Gabriel Boric insistieron en atarlo contra las cuerdas con puñetazos de anti mujeres, involución en materia de diversidad sexual (a pesar que este gobierno ya aprobó el matrimonio gay) y creando estereotipos que no estaban en su programa, como el ser escéptico acerca de la crisis medioambiental o “violento con las mujeres” porque no defiende el aborto libre. De hecho, la campaña anti Kast fue tan exitosa que movilizó 1,2 millones de nuevos votantes; los grupos que más crecieron fueron las mujeres y los jóvenes, donde el candidato de extrema izquierda se impuso sin contrapesos. La encuesta del domingo de Cadem confirma que el 30% votó por Gabriel Boric “por miedo a un futuro gobierno” del republicano y un 9% “como rechazo al gobierno de Piñera”.

Pero el perdedor en la 2ª vuelta, con la limitación descrita, logró una hazaña, que es el haber conseguido sólo 146 mil votos menos que aquellos que obtuvo Piñera para ser electo en 2017 y con una cómoda diferencia de 9 puntos con Alejandro Guillier. Los casi 3,7 millones de votos que obtuvo Kast en la segunda vuelta es algo para atesorar la fuerza del sector que demanda orden, paz y reformas sociales con gradualidad, aunque Boric se disparara con una ventaja de 900 mil votos. Pero a pesar de este gran caudal de votos, al día siguiente de la elección, los conocidos líderes de centroderecha estaban disputándose quién tomaría la posta del sector.

Uno desapareció tras ser abatido en la primaria de Chile Vamos donde no participó Kast. No se supo más del histórico dirigente de la UDI, Joaquín Lavín. Quizás le fue imposible asumir la fuerte derrota ante Sebastián Sichel por mas de 18 puntos porcentuales. Se dijo que regresaría de España, a donde fue invitado a hacer clases, para votar en segunda vuelta. Pero no lo hizo. Menos aún contribuyó a su campaña, con sólo una tardía declaración a favor de quien fue su correligionario durante años en la UDI, antes que Kast saliera a fundar su propio partido.

Por su parte, el ganador de la primaria del sector, a pesar de su holgado triunfo, empezó rápidamente a caer en diversos errores, perdiendo en la primera vuelta lejos ante Kast por 15 puntos porcentuales. Es posible que Sichel, como ex DC, hubiera sido un mejor candidato para la segunda vuelta, pero los electores no le aceptaron sus titubeos y haber formado parte del actual gobierno, y perdió. Y en vez de darle su apoyo a Kast, como éste había prometido que lo haría de inmediato si era él quien perdía, se desapareció por una semana, al cabo de la cual hizo un manifiesto poniéndole 9 condiciones para apoyar a quien había derrotado también a Boric en primera vuelta.

Más que un respaldo al republicano, Sichel pareció clavándole un puñal a las posibilidades de crecer hacia el centro. Hecho lo cual se sumergió en el silencio, sin participar en nada, mientras la izquierda movilizaba sus fuerzas por todo Chile para congregar nuevos electores a la elección del domingo 19.

En el mismo silencio se sumergió otro de los derrotados en la primaria de la centroderecha: Ignacio Briones. Sólo interrumpió su ausencia para espetar en twitter: “resulta agradable que a uno le agradezcan, aunque no sepa por qué”, ironizando frente al agradecimiento que hizo el republicano a las figuras oficialista que habían apoyado su candidatura, luego del último debate. Y una semana después de la contienda, Briones salió a aclarar que votó nulo, reconociendo que tampoco se inclinó por Boric “porque es un proyecto que encuentro malo para Chile”.

El ex ministro de Hacienda estuvo en la misma posición que Kast frente al populismo de los retiros de los fondos de pensiones. Y salió prácticamente empatado en el cuarto lugar con Desbordes en la primaria presidencial. Su partido, Evópoli, resolvió por más de un 80% apoyar al republicano, pero Briones aclaró que él optó por anular porque representaba “un retroceso muy grande en todo aquello que se había ganado”. Ironizó con que la condena a la violencia y la demanda por orden que representaba Kast eran insuficientes para ser gobierno, aunque admitió que eran condición necesaria para la democracia.

“Los liderazgos no se asignan por decreto, se ganan y se construyen”, señaló Kast en su primera aparición pública después de la elección y en medio del debate de quién se apropiaba del liderazgo como si fuera un bien de consumo. Triste espectáculo de los líderes del sector, con la sola excepción de Desbordes, que viajó a trabajar por la carta del Frente Social Cristiano antes de la segunda vuelta aunque en materia ideológica, con su “derecha social”, debe ser el más distante de él. Ha sido el menos pequeño, también, para reconocerle su liderazgo en la etapa que viene, que no tiene por qué ser exclusivo.  Ni él lo ha planteado así. Pero otros creen que podrán liderar la derecha marcando la diferencia con el candidato que no pudieron vencer para representarla.

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