Mucho se vocea que las derrotas pueden convertirse en una oportunidad y este es el caso del Gobierno si sale vencido el domingo en las urnas, por segunda vez consecutiva. Aunque se eligen los consejeros que redactarán la nueva Constitución, todos admiten que esta elección es a su vez un plebiscito a la administración del Frente Amplio y el Partido Comunista, con apoyo del Socialismo Democrático.
Y lo más probable es que el oficialismo padezca una sonora derrota. El Gobierno podrá sumergirse en una lucha intestina, buscando nuevos equilibrios y a quién pasarle la cuenta del mal resultado. Posiblemente, el PC intentará recuperar influencia si Apruebo Dignidad resulta más votado que el Socialismo Democrático.
Pero, afuera de la lucha intestina, al Presidente Boric se le abre una oportunidad para sacar adelante las reformas tributarias, a las pensiones, a la salud y obtener una nueva Constitución. Esa posibilidad no la tuvieron ni Bachelet ni Piñera porque, como él, no tenían mayoría en el Congreso, y también porque debieron enfrentar el obstruccionismo del actual oficialismo que prefería nada a negociar, en la lógica maximalista revolucionaria que pasa por derrumbar el orden institucional existente.
El Presidente sabe que no podrá avanzar en nada si no busca la mano de sus adversarios, que lo más probable es que no se la negarán. Tampoco, si Republicanos se convierte en el principal partido de Chile. La derecha está consciente que tiene una oportunidad de responder a la ciudadanía negociando con la izquierda las reformas que se han postergado por años y José Antonio Kast no ignora que le conviene cerrar este tema y el de la Constitución si aspira a La Moneda.
Por eso ahora el Mandatario está preocupado de que sus aliados se pongan de acuerdo y los mandató a ello, en reuniones por separado con sus ministros, a los partidos del Socialismo Democrático y a los de Apruebo Dignidad. Nada fácil, porque hay intransigencia en el FA y el PC para renunciar a sus propuestas discursivas, como el impuesto a los súper ricos o convertir la cotización obligatoria, que es parte del sueldo del trabajador, en solidaridad social, rechazando otras vías de subsidios, como los impuestos generales.
Pero si sufre una nueva debacle electoral el domingo y quiere mantenerse unida, la izquierda deberá aunar una propuesta, aunque sea minimalista. El tiempo se acorta y no se resisten más espectáculos como el de Diego Ibánez, presidente del partido de Boric, protestando afuera del Congreso en contra de la ley Naín-Retamal, junto a la hija de la ministra del Interior, mientras en el hemiciclo Carolina Tohá instaba a sus huestes a apoyarla.
Si el Mandatario no se muestra dispuesto a cruzar al frente, aun a costa de dejar en la vera a parte de su coalición que no se resigne a la prudencia de “en la medida de lo posible”, le esperan tres largos años de soledad y conflicto. No sólo se tomará el remedio que le dio a Piñera, impidiéndole avanzar en ninguna área legislativa importante, sino que además estará desamparado para enfrentar los problemas inmediatos que lo consumen. A punta de usar como parche a los uniformados, no ha logrado avanzar en materia de delincuencia, tampoco para contener la migración ilegal en el norte y mucho menos, para detener el terrorismo en el sur.
Por un mínimo de sentido de sobrevivencia, es difícil que Gabriel Boric se deje convencer por el maximalismo de algunos de sus aliados, que ya han anunciado serán “rechacistas” si no logran el tercio para vetar los contenidos en la Convención Constitucional.
Si no quiere fracasar como gobernante, con o sin todos los suyos detrás, tendrá que ceder frente a la nueva mayoría que no es la suya. De otro modo, no podrá resistir la embestida de los propios para hacer valer las promesa de campaña que no va a cumplir como condonar el CAE (Ministro Marcel ya lo descartó), o pagar la llamada “deuda histórica” de los profesores. En el desbande al que incentivará la derrota de la izquierda, es muy posible que también requiera el auxilio de la derecha para frenar nuevos retiros de los fondos de pensiones al calor de las próximas elecciones.
Podría pasar lo insólito. Que este revolucionario que oscila entre citar a un gobernante que fracasó, Salvador Allende, y el Mandatario que acepta que sus ideas ya fueron derrotadas y que “hay que negociar hasta que duela”, logre reinstalar un horizonte de estabilidad en Chile.
La paradoja, ahora Gabriel Boric puede devolverle a Chile la confianza que antes le quitó afectando el orden público, la seguridad y la capacidad de crecimiento económico. En suma, devolverle el bienestar a los chilenos.
