Gabriel Boric vio algo evidente en la primera vuelta presidencial. Quien lo derrotó, José Antonio Kast, le ganó en las cuatro regiones de la conflictiva Macrozona Sur (en la Araucanía fue 42% vs 16%) y en las seis comunas con mayor violencia registró entre el 50 y el 58 por ciento de las preferencias. Segundo, el candidato de la derecha también lo barrió en 23 de las 25 comunas con mayor pobreza multidimensional (el candidato de la izquierda se impuso solo en 2), que son las mismas asoladas por la delincuencia, el narcotráfico y la inseguridad. Tercero, el republicano ganó holgadamente en el norte, donde la inmigración causa los mayores problemas y descontentos a la población.
Si se mira el historial de Boric, lo que aparece de cara a la segunda vuelta es un candidato que elige casi siempre contradecir sus propias convicciones, expresadas durante años en materias de seguridad, violencia, protesta social, la ex Concertación, e incluso sus propias capacidades. Seis meses antes de convertirse en el candidato presidencial de Convergencia Social había descartado de plano competir, alegando: “No creo que tengas las competencias necesarias en este momento”.
En algunos casos, al ver las reacciones a su programa, incluso antes de las elecciones del 21 de noviembre, se apuró a borrar la exigencia a las empresas que la mitad del directorio fueran trabajadores o de asegurar viviendas a las personas migrantes, incluso indocumentadas. En una reciente entrevista, sin embargo, señaló que en su gestión “vamos a tener fronteras ordenadas y una migración regular”. Son los mismos tironeos entre lo que piensa y la presión electoral (o de sus compañeros de pacto en el Frente Amplio y el socio controlador de Apruebo Dignidad, el Partido Comunista) que lo llevaron a apoyar el cuarto retiro de las AFP, a pesar de que previamente criticó su carácter universal, sin impuestos y el “daño irreversible a las futuras pensiones”.
Veamos algunos ejemplos de las tensiones entre las convicciones del candidato del Frente Amplio y su interés electoral:
Apoyo al indulto a quienes cometieron delitos después del 18 octubre 2019
De cara a la segunda vuelta:
“No se puede indultar a una persona que quemó una iglesia o una Pyme, o que saqueó un supermercado” (La Red, 23 de noviembre, 2021).
Convicciones:
“Se están utilizando herramientas como la prisión preventiva para castigar de manera injusta y arbitraria a muchas personas que decidieron levantarse para cambiar Chile” (CNN, 28 de octubre, 2020).
“Hoy no ha habido juicios justos y eso se tendrá que evaluar caso a caso (…) Me parece que dado el contexto, corresponde el indulto” (Estado Nacional, junio 2021).
“A mí me gusta hablar de presos de la revuelta (…) Estoy de acuerdo con el proyecto de indulto que se está discutiendo en el Senado” (11 de julio 2021).
“Seguiremos trabajando por verdad, justicia, reparación y la libertad de los presos de la revuelta” (tuit 30 de julio 2021).
Legitimación de la violencia como herramienta política
Frente al balotaje:
“La violencia no es un mecanismo legítimo para actuar en la vida pública (…) nosotros vamos a hacer respetar el orden público” (Chilevisión, 22 noviembre 2021).
(Tengo el) “compromiso inclaudicable para enfrentar al narcotráfico, la delincuencia, para recuperar los espacios públicos con seguridad”, a través de un “control estricto de armas y municiones, fuegos artificiales, redistribuir dotación de Carabineros”, en La Pintana (CHV, 23 de noviembre 2021).
“Frente a la violencia, el Estado tiene el deber, el deber de restablecer el orden público” (CHV, 23 de noviembre 2021).
Convicciones:
“La violencia que vimos hoy en las calles de Santiago se soluciona entregando respuesta a las demandas que como estudiantes hemos planteado” (El Mostrador, agosto 2012).
“Algunos legitimamos la desobediencia civil, que partió con los estudiantes secundarios y siguió con todo el país es que estamos teniendo estas discusiones en tv abierta” (La Red).
“Las barricadas en el contexto de la lucha social nos parecen legítimas expresiones de resistencia, y aunque para algunos sea impopular defenderlo, lo haremos” (Twitter 4 diciembre 2019).
Boric votó en contra la ley antibarricadas (promulgada en enero 2020), también contra la que tipificó el delito de ataques a personal de bomberos en actos de servicio (julio 2020), y la norma, aprobada en enero 2021, que sanciona penalmente la fabricación, venta y uso de fuegos artificiales (como los que se usan en jornadas de protestas contra la policía y civiles).
Violencia en la Araucanía
Antes de segunda vuelta:
De ser elegido presidente, dijo, en su gobierno van a acompañar a todas las víctimas de la violencia, “tanto a las víctimas de la violencia por parte del Estado al pueblo mapuche, como las víctimas de violencia de actos que son inaceptables, como las quemas de iglesia, las quemas de camiones, que se ha acrecentado durante este gobierno” (noviembre 24, 2021).
“Quienes, no siendo mapuches, se dedican a actividades delictuales, tienen que estar donde corresponde” (La Red, 24 noviembre 2021).
Convicciones:
Después de primera vuelta, Boric votó en contra de extender el estado de emergencia en comunas de La Araucanía y Biobío, argumentando que era “más violencia” para una zona que acusa está militarizada.
Con esa misma convicción ha votado en contra (junto al PC y al Frente Amplio) iniciativas como:
-El proyecto que permite a FFAA participar en proteger infraestructura crítica del país por razones de seguridad nacional. (Septiembre 2020)
-Norma para fortalecer la persecución de robo de madera y que fue rechazado en la Cámara. (Enero 2021)
La ex Concertación
Antes del balotaje:
Agradece apoyos del PS, del PPD y la DC para la definición presidencial.
Convicciones:
Acusó a la ex Concertación y sus líderes de ser cómplice de la dictadura, ha fustigado duramente el proceso de la transición, considerando además un fracaso los últimos 30 años. Junto a sus aliados ha renegado de cualquier alianza, incluso electoral con los partidos de la izquierda democrática. A la DC, en particular, la ha acusado de “torpedea(r) los cambios y las transformaciones”, de colaborar con el gobierno de Piñera y al ex Presidente Aylwin, que “promovió el golpe de Estado del 11 de septiembre”.
Una persona con vaivenes en materia de convicciones de esta magnitud tiene tiempo para tener nuevos giros en las casi tres semanas que restan a la elección del futuro Presidente de la República.
