En la línea de partida, el recién estrenado gabinete del Presidente electo se prepara para el pitazo inicial. No será una carrera fácil, pero, el desafío lo vale. Tal vez, el reto más complejo sea pensar Chile. Mientras todos miran expectantes, muchos buscan proponer acciones que, en algunos casos, buscan revivir propuestas antiguas, en otros, insisten con temas que no responden a los desafíos futuros.
Se terminó el tiempo donde cada uno debía velar por su espacio, cumplir sus metas y seguir adelante. Las líneas que dividen la pista que recorrerán los ministros son cada vez más difusas y los vasos comunicantes entre cada institución se han hecho más gruesos y evidentes con el tiempo. De muestra sólo un botón: el deporte ya no sólo tiene que ver con la representación nacional y el alto rendimiento, hoy las ligas de barrios se han mezclado con el tráfico de drogas; en los liceos emblemáticos, los rectores son rociados con bencina mientras las salas de clases se encienden con bombas molotov, y, las plazas y canchas comunitarias son lugares de microtráfico, entre muchas otras cosas.
No se trata de quién llega primero, sino de llegar juntos. El equipo seleccionado para el desafío no sólo tendrá que diseñar la estrategia, sino que llegar, detenerse, revisar, analizar qué hay y, desde ahí seguir. Para eso, el trabajo coordinado será fundamental para identificar los cuellos de botella, los puntos de encuentro y cómo imprimir el sello del gobierno. Por eso, junto con armar equipos y empaparse al máximo de la experiencia y lecciones aprendidas de otros, el pensar Chile es clave.
Si no existe claridad de qué Chile se quiere construir, será muy difícil avanzar en propuestas concretas y todo será más de lo mismo.
Somos un país diverso donde el 75% de la población vive en zonas urbanas, pero los sectores productivos se encuentran distribuidos a lo largo de un territorio rural que cubre más del 80% de la nación, justo ahí donde habita el 25% restante. Las diferencias muchas veces son evidentes, pero, el ADN de Chile es el mismo siempre.
Esa resiliencia frente a la adversidad y solidaridad para ayudar a quien lo necesita ha permitido que esta larga y angosta faja de tierra se levante una y otra vez después de cada adversidad. Misma resiliencia y solidaridad que debiesen marcar el actuar de este equipo titular que está listo para empezar su carrera. Resiliencia para enfrentar, adaptarse y superar la adversidad que sin duda provendrá de todos los frentes, y solidaridad para mantener la adhesión al proyecto de gobierno que, con Chile al centro, busca avanzar hacia soluciones.
Pero, ni la resiliencia ni la solidaridad serán suficientes si no se piensa Chile, si no se tiene una visión estratégica de hacia dónde vamos. Estandarizar conceptos y acordar definiciones es fundamental para eso, de otra manera será una carrera en solitario y no un juego de equipo.
Y, sólo un equipo sacará a Chile adelante. ¡Pero uno que cuente con una estrategia país!
