Presidente

Cuando el Presidente Boric dijo que «a mí no me interesa ni pelearme con la UDI, ni con algún senador… me interesa pelearme con los delincuentes», su objetivo era mostrar que su gran preocupación es combatir la delincuencia. Pero que un lector voraz como Boric ocupe el verbo «pelear» refleja que el Presidentet no entiende lo que debe ser hacer para lograr que disminuya la percepción de inseguridad. Además, al sugerir que una de sus alternativas es pelearse con la UDI, un partido derechista de oposición, o con algún legislador, Boric también demuestra que tampoco entiende lo que le corresponde hacer como Presidente de la República.

Desde que la ola de criminalidad comenzó a escapársele de las manos al gobierno, Boric ha intentado usar varias metáforas y distintas hipérboles para describir su presumible compromiso y dedicación a combatir la delincuencia y perseguir a los delincuentes. Desde la abusada frase de “trabajar día y noche” (para un Presidente que acostumbra a llegar a trabajar después de las 9 am) hasta la de “vamos a ser unos perros en la persecución de la delincuencia”, Boric ha buscado ese efecto mediático para convencer a la opinión pública de que él y su gobierno poseen una voluntad férrea para lograr controlar la creciente ola delictiva que aflige al país.  

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Pero como los resultados no han sido los esperados y como la gente percibe que la situación empeora, porque aumentan casi todos los indicadores de delincuencia, violencia e inseguridad, el Presidente ha debido repetir sus amenazas y comenzar a usar frases cada vez más fuertes para tratar de convencer a una opinión pública que duda del compromiso del gobierno con las políticas de mano dura y de la capacidad de Presidente y sus equipos para hacer bien su pega. 

La mala noticia es que, aunque quisiera, no es mucho lo que Boric va a poder hacer para dar más seguridad a la población. Aunque pocos se animen a reconocerlo, es poco lo que puede hacer en el corto plazo este gobierno o algún otro para reducir los niveles de delincuencia. Las medidas que mejor funcionan requieren tiempo y muchos recursos. Sin crecimiento económico, desarrollo inclusivo, mejor educación, mejor tecnología, más policías con más capacitación, más cooperación público privada, más confianza ciudadana en la policía, y más trabajo inteligencia, no veremos muchos resultados positivos pronto.

La presión por medidas punitivas más severas, el clamor por apurar la expulsión de inmigrantes, y la demanda por jueces menos garantistas rinden frutos electorales, pero son difíciles de implementar y tampoco han demostrado en otros lugares ser medidas efectivas para reducir los niveles de inseguridad. Luego, como a nadie se le puede exigir que haga lo imposible, muchas de las críticas a la forma en que el Presidente Boric ha abordado el combate contra la delincuencia resultan injustas e inútiles.

Pero el gobierno también ayuda poco cuando ofrece como respuesta a las críticas malos argumentos y frases que sólo sirven para que la oposición alimente las sospechas ya extendidas que el gobierno no tiene ni la voluntad ni la capacidad para combatir al aumento de la delincuencia.

Cuando la oposición le pide liderazgo a Boric, el oficialismo sale a argumentar que el Presidente efectivamente está liderando. Pero como no hay resultados, ese liderazgo parece inútil e inconducente. De poco sirve decir que estás al timón si evidente que el barco va a la deriva.

Por su trayectoria de vociferante líder estudiantil que siempre estuvo más cerca de los manifestantes que de la policía, Boric es poco creíble cuando se presenta como un sheriff que va a atrapar delincuentes. Tampoco resultan creíbles sus ministros de izquierda que han hecho carrera más como negociadores políticos -como es el caso de la hábil, pero poco carismática Carolina Tohá– que como paladines de la ley y el orden. Pero por eso mismo, este gobierno debería buscar articular un discurso contra la delincuencia que sea diferente y resulte más creíble. Como nadie le cree al diablo cuando sale a vender cruces, el gobierno no puede aspirar a generar confianza si se pone un chaleco antibalas.

Usar la expresión «estoy peleado con los delincuentes» es desafortunada. La gente quiere un gobierno que meta preso a los delincuentes, no que vea a los delincuentes como adversarios sobre los que puede dirigir su rabia y frustración.

Peor todavía, al meter a los partidos de la oposición y a los legisladores en la misma declaración sobre con quién se pelea, Boric deja ver una equivocada concepción de cómo se hace la política. Un buen político negocia, construye acuerdos con sus adversarios, pero nunca se pelea con aquellos con los que deberá volver a negociar dentro de poco. El Presidente Boric debiera desterrar el verbo pelear de su léxico. Con la oposición se dialoga y se negocia. Pero a los delincuentes, se les persigue y se les aplica todo el peso de la ley. Para ser un buen Presidente, Boric deberá aprender a pelear menos y producir mejores resultados. 

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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