Las palabras importan. No sólo construyen realidades, sino que también generan puentes o levantan muros, forjan fanatismos, resentimientos y, no pocas veces, se vuelven en contra de quienes las emiten. Palabras sacan palabras. Ese es el riesgo de hablar en una época en la que todo queda grabado.
Las palabras más bulladas de estas semanas vienen de dos extremos opuestos, pero operan en el mismo registro: por un lado, el recuerdo de la férrea oposición del Frente Amplio al TPP11, tratado al que veían como una puñalada al modelo social; por otro lado, la temeridad del precandidato Johannes Kaiser, quien en varios programas se ha dedicado a lanzar cifras y datos que no resisten el mayor análisis.
Partamos por lo primero: el Gobierno ha cifrado en más de US$ 14.080 millones las exportaciones al bloque del TPP11, sólo en 2024. ¿Motivo para celebrar en La Moneda? Es curioso, si en un video que aún circula con facilidad, se puede ver a parlamentarios como Gael Yeomans, Gonzalo Winter e incluso al Presidente Boric, describiendo el TPP como la antesala del apocalipsis neoliberal. Un tratado que -decían- entregaría el país a las multinacionales, amenazaría a nuestra soberanía, y nos haría perder derechos laborales, el postnatal y hasta las vacaciones.
Hoy, ese mismo grupo tiene que defender los beneficios del acuerdo, aunque sea a regañadientes. “No teníamos todas las cartas sobre la mesa» ha dicho recientemente la diputada Yeomans. Es posible… pero entonces, ¿no habría sido mejor quedarse callados ante la duda, y no generar una campaña del terror?
Lo mismo vale para el otro extremo. En estos días, el diputado Johannes Kaiser ha disparado sin pausa ni filtro, contra todo lo que se le oponga: ha afirmado que el Partido Comunista guarda “un arsenal de armas”, que las parejas homoparentales son menos estables que las heterosexuales, y que a los recién nacidos se les inyectan 72 dosis de vacunas. Ninguna fuente, ningún respaldo, sólo frases sueltas lanzadas con potencia… y con eco. Porque ese es el punto: no se busca convencer, sino generar el nunca bien ponderado “sesgo de confirmación”. Hablarle a los propios, alimentar al público más fiel, ese que no necesita pruebas sino consignas que suenen bien.
El problema es que hoy las cosas se devuelven. Y rápido. Kaiser, de hecho, tuvo que salir a aclarar que las 72 vacunas eran en Estados Unidos —dato que tampoco se sostiene con evidencia— y a exigir que le manden las preguntas antes de cada entrevista. Lo primero es irrisorio; lo segundo, inaceptable.
En ambos casos, lo que tenemos no es otra cosa que desinformación al servicio de la trinchera.
Lo más complejo es que, durante un tiempo, les fue rentable esta fórmula de las fake news. En los años de vacas gordas para el Frente Amplio -gracias al movimiento estudiantil y el estallido- sus palabras eran casi dogma. Y en el caso de Kaiser, construyó su perfil como youtuber que le hablaba a un ejército de trasnochados “patriotas” que veían en el germano un mesías que decía lo que nadie más se atrevía a decir. Pero hoy el escenario cambió. Ya no basta con hablar fuerte. Ahora hay que hablar con fundamento.
Si algo hemos aprendido en estos años es que la credibilidad se demora décadas en construirse, y minutos en derrumbarse. Y como dice el viejo cliché: somos dueños de lo que pensamos, pero esclavos de lo que decimos.
Quizás llegó el momento de hablar menos. De decir sólo aquello de lo que estemos seguros. Quizás llegó el momento de hacerle caso a lo que todos hemos aprendido, viendo innumerables películas policiales: “tiene derecho a guardar silencio; todo lo que diga puede ser usado en su contra”.

Me da la impresión que la crítica sobre tema TPP11, fue más grupal, tipo Fuenteovejuna, todos culpables, nadie culpable……La segunda, directa, individual, de varios temas, no sólo uno como en el otro caso. Ummm, curioso……..