El año pasado Bolivia sumaba 23 nuevos pasos de contrabando a los más de 200 existentes. Cruzaban Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú y por ellos transitaban huevos, pollo, carne, combustible, ropa y cigarrillos, entre otras cosas. Llegaron a contabilizar 12 productos vitales que aprovechaban las subvenciones de precios en La Paz y las variaciones con los países vecinos. Los incentivos económicos para el comercio ilícito eran evidentes.
No estamos obligados a lo imposible, un dicho al que se recurre cuando ya se han desplegado todos los esfuerzos, pero, luego de haber participado del Encuentro de Cámaras de Comercio Sudamericanas, estoy convencida que deberíamos estar obligados a lo imposible. Los datos hablan por sí solo: 1 de cada 3 celulares que se activa en Argentina ingresó como contrabando; más de 250 millones de dólares incautó el sistema de aduanas peruano en contrabando el 2025; se estima que Bolivia pierde 600 millones de dólares anuales por contrabando de combustible y, Paraguay es identificado como el centro desde dónde sale el contrabando de cigarrillos en Sudamérica.
No estamos obligados a lo imposible, pero debiésemos hacer todos los esfuerzos. Detrás de esos datos aparece un sistema criminal operado por mafias y crimen organizado que explota la infraestructura y debilidades estatales impactando directamente en el desarrollo.
Sólo la economía ilícita de las falsificaciones a nivel mundial mueve más de 460 mil millones de dólares. El comercio ilegal no reconoce fronteras y por ello, las respuestas individuales no son suficientes. Se requiere de una mirada global que incluya una perspectiva desde la geopolítica criminal porque las características geográficas se transforman en elementos potenciadores de los mercados ilícitos, la infraestructura que conecta y permite el desarrollo regional es una oportunidad para la cadena logística y las dinámicas de poder ilegal buscarán aprovechar y controlar todo eso.
El trabajo de las unidades de crimen organizado por desbaratar las mafias debe, necesariamente, estar acompañado de una perspectiva económica, de otra manera, seguiremos deteniendo personas mientras el cartel sigue operando. Porque el crimen organizado es más que una mafia, es una empresa ilícita cuyo único objetivo es seguir ganando dinero. No importa quien esté a cargo, la organización debe seguir funcionando. De ahí que, las estrategias contra el contrabando y el comercio ilícito deben incluir a servicios como Aduanas e Impuesto Internos y temas como empresas fachadas, profesiones habilitantes y blanqueo de capitales.
El aspecto transnacional es fundamental. Las respuestas nacionales no serán exitosas si es que no vienen acompañadas de una cooperación regional que permita hacer frente a la problemática.
Entonces, estamos obligados a lo imposible, es decir, a dejar las diferencias de lado, a trabajar en conjunto, a mirada desde una perspectiva global; estamos obligados a que cuando se agotaron los esfuerzos, retrocedamos, pensemos fuera de la caja y lo sigamos intentando. De lo contrario, continuaremos perdiendo la batalla contra las mafias del contrabando.
