La esperada vuelta de campana
Supongamos que este domingo la lista más votada sea la de Chile Vamos y que, por el sistema de votación utilizado, sea el sector que consigue más consejeros electos. Esto es lo más probable y lo esperado.
Supongamos ahora que Republicanos y el PDG sumados obtienen más votos que la centroderecha, pero menos consejeros electos, por no beneficiarse de la concentración de sufragios. ¿Quién es el ganador entre ambos? Sin ninguna duda estos últimos. Bueno, es eso lo que se anticipa. Lo contrario sería sorpresa.
Lo que estamos señalando es un resultado probable, pero, de suceder, el impacto político sería de proporciones. Y lo que, en comparación, importaría menos sería la composición pormenorizada del Consejo Constitucional.
Con algo más del 60% de los votos, los tres actores principales de oposición podrían conseguir una proporción parecida de la instancia constitucional electa. Sin embargo, como se trata de un organismo que toma decisiones por amplias mayorías, no hay forma de escapar a las soluciones de consenso.
El poder de cada sector no depende de que alcance a elegir 21 consejeros para mantener la capacidad de veto. Si una parte significativa queda excluida de las decisiones, restará apoyo al texto definitivo y mantendría un cuestionamiento que impide dar por cerrado el tema constitucional. El éxito se medirá por la permanencia de las normas aprobadas y eso necesita sumar mucho respaldo.
Es cierto que la derecha dejó todo amarrado en la última negociación política, pero esto solo significa que, desde ya puede estar segura de que nada de lo que suceda en el Consejo Constitucional le puede sorprender. No obstante, sus dirigentes saben bien que esto no significa en ningún caso que puedan imponer los articulados que quieran.
Ya hemos aprendido que ganar una Convención no es lo mismo que ganar una Constitución. Lo que viene es con todos y en contra de nadie.
El mareo de altura de los que triunfen se presentará igual, pero no va a llegar ni por asomo al ingenuo permiso que se dieron los ganadores de la Convención durante muchos meses. Además, el tiempo disponible para marearse es bastante limitado.
De la división electoral al entendimiento político
En las predicciones de Pepe Auth, siempre útiles, se guarda intacta una incógnita expuesta a primera vista. Hay cuatro partidos que ostentan una imposible votación similar: PC, PS, DC y PPD. En esta imposible equiparidad se expresa la indecisión en la apuesta, y puede ser interpretado después como la ruptura de un supuesto empate de fuerzas que, en realidad, nunca existió.
A la lista de centroizquierda, que se atrevió a mantener perfil propio, no le puede ir particularmente bien en esta ocasión. Una de sus ventajas es el implante territorial y, en esta oportunidad, esta diferencia a su favor no se puede expresar. Por eso creo que su desempeño pronosticado está sobrevaluado.
De manera que la incertidumbre a despejar se encuentra al interior del pacto oficialista, particularmente en saber si el PS ha logrado reconocimiento por el rol estabilizador y de gobernabilidad que le ha aportado a la administración Boric.
El PS puede ser una opción aceptable para quienes aspiraban a que el oficialismo se viera representado en una sola lista. Si, al mismo tiempo, la votación del Frente Amplio se ve reducida, es probable que signifique que ha empezado un éxodo de un sector de izquierda hacia otras opciones o al abstencionismo.
El escenario más desastroso para el oficialismo no consiste en una baja de su votación comparado con el proceso anterior. A estas alturas, esto ya es considerado como un dato de la causa. Lo más dañino es una baja general y pareja de sus dos coaliciones, sin que nadie parezca haber superado el mal momento.
Si ningún sector logra “resistir mejor”, eso no facilitará la rearticulación a partir de un liderazgo interior reforzado. Puede consolidar la indefinición.
Cualquier otro resultado es procesable, Si Apruebo Dignidad (FA y PC) tiene un mejor resultado relativo, tiene razones para apoyar más férreamente al Gobierno, puesto que no está siendo castigado.
Si el PS se refuerza, será inoficioso que se le dispute un liderazgo que ya ejerce en los hechos. De ocurrir lo contrario, y le va comparativamente peor, eso motivará el acercamiento a sus socios de siempre, con lo que estará lejos de perder influencia.
Importa el domingo, pero también el lunes
Mirado con frialdad, los resultados de este domingo no son determinantes para el proceso constitucional, porque este siempre dependerá de los acuerdos transversales. En cambio, serán decisivos para la competencia presidencial declarada y que se encuentra en su plataforma de lanzamiento.
En particular, las primeras horas y días siguientes, el lunes para decirlo de modo figurado, es decisivo para las opciones moderadas en ambos lados del espectro.
Se trata de tener una capacidad rápida de absorción de los resultados y de fijar de inmediato los objetivos de la etapa que sigue.
El instrumento más poderoso que se tiene a mano es la capacidad de llegar a acuerdos, lo que se ha de expresar en el fortalecimiento de las coaliciones respectivas, y en la preparación de una agenda de consensos que vaya disminuyendo el número de pendientes de interés nacional y aumente el listado de logros compartidos, destacando cada cual los aspectos conseguidos en la negociación. El inmovilismo es el enemigo común a ambos lados de la cancha.
De no mostrar capacidad de saber enfrentar la agenda de seguridad, migración, salud, previsión y laboral, la balanza seguirá inclinándose, como hasta ahora, en beneficio del polo más duro de la derecha. Algo que sería tan indeseable como fue, hace poco, el triunfo de su homónimo de izquierda.
El cultivo de la “nano-política” debe llegar a su fin. Cada partido tiene una discusión que resulta tan apasionante para dentro como intrascendente resulta fuera. La DC puede pasar de la depresión al éxtasis si saca 1 o 3 consejeros, pero los que no saben usar el microscopio para seguir el debate pueden quedar igual de indiferentes. En cada partido se repite este exótico ejercicio.
El adversario de Chile Vamos está a su derecha, y si pierde ya sabe lo que es operar en subordinación; al frente lo que tiene es un competidor. Si la centroizquierda no se coordina con prontitud como bloque, la duda no es si pierde, sino por cuánto. Su adversario es la inercia autoinducida, y su competidor, aquel que este domingo alcance la cabeza del pelotón.
