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No conozco a nadie que tenga una buena opinión de Gaspar Rivas. Puede ser que yo no conozca a mucha gente y, desde luego, no conozco a parientes cercanos de Rivas que quizás tengan otra opinión de él. Pero la opinión mayoritaria que se expresa en medios de comunicación, redes sociales y entre mis amistades que representan a un amplio espectro de opiniones políticas, es que Gaspar Rivas no es alguien de muchas luces y casi todos tienen dudas acerca de su salud mental.

Sin embargo y a pesar de ello, Gaspar Rivas es hoy primer vicepresidente de la Cámara de Diputados.

Con Karol Cariola me ocurre lo contrario. La mayoría de las opiniones que escucho de ella son positivas. Se dice que es inteligente, la mayor parte del tiempo mesurada, nadie duda de su salud mental y, a diferencia de Rivas, no se recuerda que alguna vez se haya expresado con improperios o haya dado espectáculos histriónicos tratando de llamar la atención (por supuesto nunca se la ha visto colgarse del pecho una estrella de sheriff emulando series de televisión). Pero es comunista y eso la hace diferente al resto del mundo. La incluye entre aquellas personas que, para algunos, pueden ser parlamentarias, pero nunca presidir la Cámara.

Sin embargo y a pesar de ello, Karol Cariola es hoy presidenta de la Cámara de Diputados.

Que estas dos cosas hayan llegado a ocurrir provocaron, primero pasmo y, luego, algunas reacciones que bien podrían calificarse de histéricas. La diputada Cariola no acababa de sentarse en su sillón de presidenta de la Cámara cuando la mesa completa fue censurada y por partida doble. Gaspar Rivas por su parte, fue inmediatamente expulsado de su partido (aunque en su caso la medida parece justificarse más: después de todo los traicionó clamorosamente) e incluso el ministro Álvaro Elizalde fue objeto de una denuncia ante un juzgado de Valparaíso por el delito de cohecho debido a su participación en las negociaciones que llevaron a la elección de esa mesa.

Ahora bien, más allá del pasmo y la histeria, lo cierto es que ni en la Constitución de la República ni en ley alguna está establecido que una comunista no pueda ser presidenta de la Cámara, siempre que sea diputada, desde luego. También es cierto que no obstante todas sus peculiaridades, Gaspar Rivas fue electo por ciudadanas y ciudadanos que votaron por él y lo ungieron diputado con el derecho a ser vicepresidente (Bertrand Rusell decía que la democracia tenía por lo menos un mérito y era que un miembro del Parlamento no podía ser más incompetente que aquellos que lo habían votado).

Y aquí debo aclarar (ya lo he hecho antes desde esta misma columna) que no desconozco que el Partido Comunista utiliza la democracia (“liberal” para nosotros, “burguesa” para ellos) de manera exclusivamente utilitaria a sus fines de conquistar el poder para el proletariado e instaurar su dictadura, que no engañan a nadie con esa actitud porque está consagrada en su declaración de principios inscrita en el Servel y que de tanto en tanto su poco o nulo aprecio por la democracia queda expresado en actitudes tales como llamar a la “movilización social” como reemplazo de los mecanismos de decisión democráticos. Esa es una actitud del Partido Comunista que debemos conocer y denunciar: lo único que no podemos hacer es impedir que ese partido, o sus miembros, utilice los mecanismos de la democracia porque esos son para todos. Por eso es democracia. Si no respetáramos ese derecho, que es el derecho de Karol Cariola a ser presidenta de la Cámara, estaríamos actuando exactamente de la manera que reprochamos al Partido Comunista.

Es posible que Karol Cariola quiera estar “con un pie en la presidencia de la Cámara y otro en la calle”, como dice su partido con relación a La Moneda, pero hasta ahora no ha hecho nada por deshacer el Congreso que ahora preside (Fernando Savater ha dicho que cada cual puede ser como quiera siempre que no se empeñe en deshacer las instituciones democráticas gracias a las cuales puede serlo). Por el contrario, hace algunos meses intentó, igual que ahora, esa presidencia, pero luego de contar los votos llegó a la conclusión de que no eran suficientes y dio un paso al costado para que en lugar de ella asumiera otro de su misma coalición. Esta vez los votos sí le alcanzaron y en virtud de ello, conforme a la Constitución, la Ley y el Reglamento de la Cámara, fue electa.

Claro, nadie ha dicho en público, hasta ahora, que objeta la elección porque Cariola es comunista. No, lo que se objeta es el procedimiento. Para alcanzar los votos necesarios, la coalición de gobierno debió lograr que algunos de los diputados que habrían de dar mayoría a la contrincante de Cariola, se atrasaran oportunamente y no llegaran a tiempo a la votación. Y, desde luego, el voto a favor que necesitaban (Cariola ganó por un voto), se obtuvo de la clamorosa traición de Gaspar Rivas a su partido a cambio de ocupar él la primera vicepresidencia. Sin embargo, quienes no llegaron a la votación o quienes modificaron su voto a cambio de un cargo, lo hicieron en pleno uso de sus facultades mentales (bueno, por lo menos con relación a uno parece que eso es discutible) y por su propia voluntad. Todo dentro de sus atribuciones y en el marco de la Ley, aunque no nos guste.

También es cierto que, si bien el ministro Elizalde no hizo más que lo que han hecho todos los ministros en su posición antes que él, esto es buscar conseguir situaciones favorables al gobierno en el Parlamento, esta vez no fue demasiado sutil y mucho menos fue elegante. No sólo porque eligió al menos aceptable de entre quienes podían traicionar para que perpetrara la traición, sino porque éste, fiel a su carácter, sólo tardó minutos en contarle al mundo quién, cómo y cuándo le había hecho la oferta que no pudo rechazar. Sí, el ministro no fue ni elegante ni sutil, pero no se le puede pedir que sea lo que no es ni que deje de hacer el trabajo por el cual le pagan.

Lo cierto es que esta vez el oficialismo ganó la elección porque hizo bien su trabajo. La política, en democracia, es así: se gana con votos y esta vez ellos, a diferencia de lo que ocurrió hace algunos días en el Senado, consiguieron los votos y la oposición no. Los votos se consiguieron con actitudes sospechosas de algunos diputados, al ministro se le notó demasiado su maestría en el arte del “cambullón” y se eligió a uno que quizás no debería ser siquiera diputado. Pero a quien correspondía evitar que todo eso ocurriese era a la oposición y la oposición no fue capaz de impedirlo en la liza democrática: en una votación en la sala de la Cámara.

Es verdad que lo que se vio fue mala política, una política ramplona y de baja estofa, pero también es verdad que eso es lo que hay y lo que quizás nos merecemos por lo que hemos hecho hasta ahora.  Y lo único que se deriva de esa realidad es que es necesario depurar la política en nuestro país y elegir mejores representantes populares. Hoy, al menos aparentemente, Elizalde logró “dar vuelta” a más de un parlamentario y no pareció costarle mucho. En un mundo en el que los representantes populares tuviesen consciencia y principios y fueran leales a ellos, le habría costado más o le habría resultado imposible.

Y para lograr un mundo como ese no se saca nada con llorar sobre la leche derramada ni con acusaciones histéricas. Esa es la reacción natural de los extremos de la política, de los que siempre están buscando victimizarse o tienen pocos problemas para saltarse las normas democráticas si los resultados de su práctica no les gustan. Para los verdaderos demócratas, en cambio, la única lección de lo que ocurrió esta semana en la Cámara, es que se debe trabajar más, buscar la unidad y ser capaces de generar una opción realista de renovación de la política.

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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1 Comment

  1. Me extraña tantas flores para Cariola, la mujer 10, adoradora de Fidel Castro, de Chávez y Maduro en Venezuela y de los Ortega en Nicaragua. No puede ser tan inteligente por ende. Durante el golpe de estado de 2019 donde intentaron derrocar a Piñera, ella era la primera en la calle junto a Vallejo y Boric haciendo acusaciones falsas contra el gobierno y carabineros. Es una desequilibrada disimulada.

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