La controversia sobre el cable chino se transformó en un falso dilema al decir el Presidente Boric que sea la ciudadanía la que decida quién dijo la verdad. Eso es irrelevante ante el verdadero problema, cual es la decisión que sí tomó el gobierno de Boric de aprobar el proyecto del cable submarino desde Chile hacia China, conocido como «Chile-China Express» o «Puerta Digital Asia-Sudamérica», que estaba respaldado y financiado principalmente por un consorcio chino compuesto por las tres mayores empresas de telecomunicaciones estatales del país asiático: China Mobile International Ltd., China Unicom y China Telecom, con la participación técnica de la firma china HMN Technologies, anteriormente conocida como Huawei Marine Networks.

Un proyecto de esa naturaleza debió haberse analizado con visión estratégica, considerando las implicancias geopolíticas y diplomáticas de una decisión de esa magnitud. Pero aparentemente eso no ocurrió, porque de otra manera no se entiende que el gobierno no hubiera advertido la reacción de EE.UU., cuando las señales en contra de un cable así eran clarísimas y bien conocidas desde hace mucho tiempo. ¿No sabía el gobierno que Huawei está vetado en EE.UU. por razones de seguridad nacional, al igual que en Canadá, Suecia, UK  y que  la UE le da tres años para retirar sus equipos en las redes 3G, 4G y 5G?

Una segunda posibilidad es que sí hicieron ese análisis, sí sabían de Huawei y la reacción que provocaría en EE.UU., pero, no les importó, aduciendo que Chile es soberano de tomar las decisiones que quiera y dado eso, daba lo mismo lo que pensara el gobierno norteamericano.

Cualquiera haya sido el caso, lo grave es que la decisión presidencial ignoró por completo el daño que le provoca al país traer a Chile la disputa que mundialmente existe entre China y EE.UU. -lo que hoy se considera como una nueva guerra fría- causándonos problemas con las dos potencias más importantes del mundo.

Dicho todo lo anterior, lo grave de este episodio es que la falta absoluta de transparencia de parte del gobierno nos terminó generando un gravísimo problema que aún no tiene solución, y lo peor, es que el Presidente Boric se lo transfirió al próximo gobierno, quien tendrá que tomar una decisión extremadamente difícil frente a China y EE.UU., cuando esto se podría haber evitado si hubieran sometido esta idea a un debate amplio y abierto desde los inicios de estas tratativas, que comenzaron con reuniones del funcionario chino que creó la sociedad CMI  Chile SpA,  con el subsecretario del MTT Claudio Araya (PC) el 16 de abril, el 21 de octubre y el 16 de diciembre, fecha en que se presentó finalmente el proyecto.

Aún más, se presentaron solicitudes al Ministerio de Defensa para la concesión marítima y a la Sub Secretaría de Telecomunicaciones para los permisos de telecomunicaciones que se requieran. Se hicieron eventualmente estudios de impacto ambiental  pero nada de esto se dio a conocer, siendo curiosamente tramitado el proyecto en tiempo récord para una decisión de esta magnitud.

Todo esto explotó públicamente recién el 20 de febrero con el tema de la revocación de las visas, donde además se supo que el ministro Muñoz  había firmado la autorización para la concesión el martes 27 de enero, pero que se retiró y anuló dos días después, el jueves 29, aduciendo, impúdicamente, porque tenía “errores tipográficos”, cuando ya habían sido advertidos por el embajador norteamericano que podría haber consecuencias.

Si tomamos en cuenta todo el proceso, recién el 18 de febrero el Presidente Boric se comunica por teléfono con el Presidente electo José Antonio Kast, y entre varios temas enunciados, le comunica -sin darle detalles- que había uno con un cable a China. Pero la segunda vuelta presidencial fue el 16 de noviembre, por lo que durante tres meses y dos días, Boric siguió guardando absoluto hermetismo sobre el proyecto Chile-China Express, cuando la situación ameritaba al menos comunicarle al Presidente electo sobre la existencia de esa iniciativa y que estaba en proceso una autorización de la concesión. Pero no lo hizo, y la pregunta es por qué guardó silencio.

Considerando la gravedad de las consecuencias diplomáticas y geopolíticas derivadas de este caso, por cierto que genera desconfianza la falta de transparencia en la información y es por eso que no hay que entrar a decidir quien dice la verdad respecto a lo que se habló entre ambos presidentes, porque es un falso dilema, dado que el verdadero problema es  el oscurantismo con que el Gobierno aprobó que China construyera el cable entre Hong Kong y Concón cuando ya existía el Cable Humboldt.

Y todo esto, faltando tan solo pocos días para el cambio de mando.

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