Hace ya más de un año, en estas mismas páginas, propuse que el Gobierno de Chile presentara pronto el nombre de la ex Presidenta Michelle Bachelet para ser la próxima Secretaria General de Naciones Unidas. Ya en ese momento la opción parecía obvia, porque ella reúne la doble condición de haber sido elegida dos veces Presidenta de su país y haber ocupado ya cargos cruciales en la ONU: Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, desde el momento de su creación (2010-2013) y Alta Comisionada para los Derechos Humanos. (2018-2022). No había, ni hay aún, una postulación con mayor envergadura.

La fuerte vocación multilateral de Chile ha sido también evidente durante los 80 años de existencia del Sistema Internacional. Somos fundadores de Naciones Unidas, adherentes a todos los Tratados Internacionales que conforman el Sistema y miembros plenos de sus principales organismos e incluso sede de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) y otros programas internacionales. Hemos ocupado dos veces la Secretaría General de la OEA y varias veces consecutivas la Organización Internacional del Trabajo; y recibido reuniones de distintos órganos e instituciones del Sistema. Hemos formado parte de Misiones de Paz internacionales, entre las cuales destacamos, por cierto, nuestro concurso, junto a Argentina y Brasil, en la Misión en Haití (Minustah), por más de una década, dos veces dirigida por chilenos.

El clima para una candidatura del Bachelet no podía ser mejor, cuando se manifestaba, al mismo tiempo, que después de 80 años con nueve Secretarios Generales, era ya hora de una Secretaria General; y se reconocía, tanto la necesidad de proponer una mujer, como de reconocer que esta vez correspondía una mujer latinoamericana. Se dieron muchos nombres para ello; y es bueno preguntarse por qué tan pocas concurrieron al final. La mejor explicación: la vara está muy alta si se presenta Michelle Bachelet.  

La propuesta de la candidata de Chile no podía sorprender, el nombre se escuchaba por todas partes, no había sigilo, la opción de Bachelet para la ONU estaba profusamente en la prensa y la opinión pública. Pero además las cosas se hicieron de manera transparente. El anuncio del Presidente Gabriel Boric se realizó en la misma sede de la Organización de Naciones Unidas, en compañía de los presidentes del Senado y de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, con presencia de un grupo importante de parlamentarios de todos los sectores políticos del Congreso. Fue bien recibida por ellos y tuvo inicialmente pocas objeciones, casi todas atribuibles al clima político prelectoral que se vivía en el país.

La presentación formal de la candidatura tuvo un nuevo elemento favorable, al agregarse a ella los dos mayores países de América Latina, Brasil y México. Esta fue una decisión sin precedentes; dos países además de Chile que concurren a presentar una candidatura y no solamente a apoyarla. Estos dos países, sumados a Chile, constituyen más de la mitad de la población y el PGB de América Latina. Y ya otros países de la región han manifestado su apoyo.

De todo lo anterior, era posible sacar dos conclusiones: que la oportunidad para Chile de elegir una Secretaria General de la ONU, la primera mujer entre 193 países miembros, era única: y que, si ello no ocurre ahora, probablemente no será posible para Chile en muchas décadas.

Todo ello lleva a una pregunta obvia, que desgraciadamente ha sido contestada con explicaciones múltiples que contrastan entre sí y no explican nada. A veces los políticos, cuando no quieren usar razones verdaderas, en lugar de guardar silencio, recurren a banalidades que obviamente no son ciertas. Esto ha ocurrido varias veces en los últimos días y es adecuado recordarlas.

Al anunciar su decisión, el Presidente explicó que había “demasiados candidatos latinoamericanos” y eso hacía inviable la candidatura. Pero los candidatos son cuatro (eran cinco y se retiró uno) incluyendo latinoamericanos, dos mujeres y un hombre. Poca competencia; la vez anterior, cuando se eligió al secretario Guterres, hubo 13 postulantes.

Luego se mencionó la posibilidad de un veto de uno de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El derecho de veto es una prerrogativa que ha sido usada sólo una vez, por parte de Estados Unidos, para impedir la reelección del Secretario Boutros-Ghali. Sin entrar en las causales, es necesario recordar que Estados Unidos manifestó numerosas veces su oposición a la reelección y sólo usó el veto casi a última hora, en octubre de 1998. En esta ocasión la señal no se ha dado, ningún miembro permanente ha manifestado oposición a ningún candidato. Por cierto, no corresponde que Chile anuncie o conjeture, de modo encubierto, el veto de otro país. Si algo se sabe de alguno de los cinco miembros permanentes, su gobierno podría haber anunciado oposición. No lo ha hecho y ningún embajador en Chile de esos cinco miembros lo ha hecho; ni siquiera lo ha dado a entender.

Hoy leemos que el Presidente habría dicho que, al reunirse con Bachelet, le explicó que además de anunciarle su rechazo, le habría pedido que le “ayudara a construir una imagen de país”. Entre negar apoyo y pedir ayuda hay un evidente contrasentido, lo cual muestra carencia de buenas razones. Además, ni siquiera el candidato José Antonio Kast mencionó en la reñida campaña presidencial que el país estuviera falto de una imagen; en realidad, la tiene y es mejor en el mundo que la que tienen muchos chilenos. La hemos construido entre todos, con una Política Exterior de Estado.

Por último, hay una explicación que nunca más debería usarse, cual es la que el propio Presidente mencionó en una conversación con periodistas presentes. La razón en contra de Bachelet sería la admisión de muchos inmigrantes haitianos durante su segundo gobierno. Los haitianos registrados en Chile son menos de un 10% del total, menos que venezolanos, colombianos y peruanos; muchos se han ido, buscando avanzar hacia Norteamérica. Pero incluirlos en las menciones a ingresos ilegales es un doble error: llegaron legalmente e incluirlos en la ilegalidad revela un sesgo racial muy inconveniente.

En suma, no existe, entre todas las explicaciones para excluirse de la candidatura de Michelle Bachelet, ninguna que la gente pueda creer. Muchas veces los políticos somos acusados de “inventar excusas”; esta vez, además de inventadas, las excusas son malas.

Nuestro país enfrenta hoy momentos económicos y políticos difíciles. Necesita gestos de unidad nacional, que no hemos tenido hace más de una década. Más que discutir, como lo hemos hecho interminablemente en las últimas semanas, acerca de quién es culpable y de qué, ha llegado la hora de hacer gestos unitarios.

Un gesto hacia la candidata chilena, que todos consideran la líder más competente para las Naciones Unidas. no podría ser visto como una claudicación o un retroceso, sino como un llamado a la unidad nacional, que tanto necesitamos.     

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2 Comments

  1. Al Presidente que cita en tres o cuatro oportunidades, tiene nombre, se llama José Antonio Kast….como tanto odio????? Y hoy es Viernes Santo, quizás ud no lo conmemore. Cuando ud abusiva y reiteradamente atribuye que «todos» estaban de acuerdo y felices con su nombramiento, las encuestas dicen otra cosa. Si el Pdte Kast, su sector y sus votantes no eramos importantes para consultar previamente y coordinar, entonces hagan la campaña solos, su candidata es tan buena que podría de igual forma ganar. Veamos cómo lo hacen.

  2. Chile no podía apoyar a una persona que no defiende nuestros intereses nacionales; que promovió la aprobación de la propuesta de nueva Constitución redactada por la Convención Constitucional —que destruía el orden institucional de la República, la esencia de un régimen democrático y a la nación chilena—; que condecoró a tres exdirigentes sindicalistas de la empresa Rolls Royce que se negaron a trabajar y a entregar los motores de los aviones Hawker Hunter de la FACH enviados a Gran Bretaña para su reparación; y que también condecoró al senador Edward Kennedy por impulsar la enmienda que prohibía la venta de armas estadounidenses a Chile, en circunstancias que nuestra patria estaba amenazada de guerra por Argentina.
    Adolfo Paúl Latorre
    Magíster en ciencia política

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