¿Qué hace una persona como tú en un cargo como ese? Podríamos preguntar a varios de los ministros nominados para el próximo gobierno. Nombremos algunos: Francisco Undurraga, Ximena Rincón, Jaime Campos y Francisco Pérez Mackenna. Antes de profundizar el caso a caso aportemos un marco de análisis más amplio.
Cuántas veces ha escuchado usted que la derecha no tiene relato, no llega al corazón de la gente, no sintoniza con la ciudadanía y que representa intereses empresariales y no ciudadanos. Fundamental saber si esas críticas son o no ciertas y por qué sería importante hacerse cargo de ellas. Vamos por partes. ¿Cuál es el problema con carecer de relato? Que, en democracia, gana las batallas el que persuade a la mayor cantidad de personas y articula su bajada práctica entre los diversos sectores. La pregunta es por qué gana y la respuesta se resume en una sola palabra: legitimidad. Este fue uno de los flancos abiertos del gobierno de Sebastián Piñera durante el 18-O.
Alguien podría pensar que, si aceptamos las premisas planteadas la derecha jamás habría llegado al poder y que las recientes elecciones prueban lo contrario. Lo que sucede es que existen dos excepciones. Primero, la retórica pierde peso en situaciones de crisis, cuando la capacidad de gestión gana terreno. En este contexto el problema se produce si se transita al otro extremo y ningún valor se salva del cadalso del pragmatismo. Es lo que vimos sucedió con el acuerdo por una paz que solo trajo la pandemia y una nueva Constitución que los chilenos rechazamos en dos ocasiones. Solo el pragmatismo llevado al absurdo explica que el gobierno de derecha haya negociado con los golpistas y entregado nuestra institucionalidad. La segunda situación en que la retórica pierde peso se produce cuando la crisis se agudiza y la palabra es desplazada por la fuerza o la violencia. Y, como lo hemos dicho tantas veces, ese es el escenario que podría enfrentar el gobierno de republicanos. ¿Cómo evitarlo? Hay que salir de la crisis y para ello es necesario que la implementación de la agenda se haga con el mayor apoyo ciudadano posible. Ello se logra en base a una coherencia absoluta entre un muy buen relato y una excelente gestión. ¿Cuánto pesan actores como, por ejemplo, los ministros en la tarea de comunicar y gestionar? Mucho. Los factores que influyen en la confianza que les depositan los ciudadanos están íntimamente ligados a su trayectoria. Sobre todo, en política, las votaciones, la pertenencia partidaria y el relato permiten identificar intenciones, capacidades y posiciones. En este marco analicemos el nombramiento de los ministros.
Solo ocho de los 24 militan en un partido. Sintetizando, el plan sería salir de la crisis institucional prescindiendo de los actores políticos. ¿Le parece buena idea? Pero, además, se incorporó a cinco ministros cuyos partidos están en proceso de disolución. Es evidente que su gestión será compleja puesto que el mandato ciudadano fue claro: sus ideas y propuestas han sido rechazadas.
Si ponemos lupa al caso a caso, la posibilidad de “acumular capital político” se complica. Las descalificaciones de Rincón hacia el Presidente electo han sido reflotadas e inundan las redes. En lo que respecta a Campos, baste decir que fue ministro de Michele Bachelet y que el mismo JAK —en su calidad de exdiputado y líder de Acción Republicana— presentó una denuncia penal ante la Fiscalía en su contra (2018) por los presuntos delitos de soborno y cohecho. Otro nombramiento complejo es el de Francisco Pérez Mackenna. Es obvio que la izquierda va a darse un festín teniendo al brazo derecho de Andrónico Luksic en Relaciones Exteriores. Pero, como decía y comprobó la misma Bachelet gracias a su propia gestión, siempre las cosas pueden ser peor. Nos referimos a un posible quiebre del gobierno con parte de sus propias bases republicanas. ¿Cuál podría ser la causa?
La batalla cultural y, más específicamente, su dimensión espiritual. Estamos ante el problema que representa para el ser humano la conciencia. ¿Cuánto podrán soportar su azote los republicanos cuando vean al ministro de Cultura- si es que no se desvía de su trayectoria- promocionando la ideología de género, familias diversas, eutanasia, aborto libre y toda la agenda progresista que, sabemos, es profundamente anticristiana? ¡Undurraga votó en contra del informe que recomienda suspender la experimentación con menores en el marco del Programa de Acompañamiento a la Identidad de Género!
A mi juicio, y lo digo con pesar, el futuro gobierno arriesga un quiebre muy profundo con su militancia más genuina. Los mensajes cargados de decepción ya inundan los teléfonos. Y no debemos sorprendernos de ello, basta ir a su declaración de principios y contrastarla con la trayectoria de algunos ministros. ¿Cómo explicar el diseño tras su nombramiento? ¿Hay algún diagnóstico país que se haga cargo del voto anticasta, del voto cristiano y del voto antijara? Lamentablemente, la respuesta parece ser negativa y la posibilidad de comprender la estrategia tras el diseño, nula. Y, en vistas a la experiencia histórica reciente, sería importante responder, puesto que sin respaldo ciudadano una situación de crisis como la que nos afecta no se supera. Lo vivimos el 18-O cuando el apoyo al Presidente cayó al 4,6% (Pulso Ciudadano) y solo la tragedia del Covid logró contener la situación. Esperemos que el presente análisis no pase de ser un mal augurio y que El Evangelio de la Vida de San Juan Pablo II guíe palabra y acto de los ministros una vez asumidos sus cargos.

Al llegar al punto «La batalla cultural y, más específicamente, su dimensión espiritual. Estamos ante el problema que representa para el ser humano la conciencia. ¿Cuánto podrán soportar su azote los republicanos cuando vean al ministro de Cultura —si es que no se desvía de su trayectoria— promocionando la ideología de género, familias diversas, eutanasia, aborto libre y toda la agenda progresista que, sabemos, es profundamente anticristiana? ¡Undurraga votó en contra del informe que recomienda suspender la experimentación con menores en el marco del Programa de Acompañamiento a la Identidad de Género!» recordé aquel pasaje del Evangelio que dice: “No tengan miedo de los que les puedan matar el cuerpo; sólo teman a quien les pueda matar el alma”.
Adolfo Paúl Latorre
“Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca».
Vanessa y Daphne tienen la razón?
Buena columna, aguda y necesaria. Ojalá su diagnóstico sea equivocado y tengamos un gran gobierno para Chile, pero las señales que describe no son menores.
La experiencia argentina es ilustrativa. Milei, a quien Kast visitó en varias ocasiones, entendió que la batalla no es solo económica, sino también cultural. Su agenda de desregulación y responsabilidad fiscal se sostuvo porque dio la pelea contra la agenda identitaria y el ataque a la meritocracia, sin complejos. En Chile, en cambio, la designación de algunos ministros sigue mostrando una incomodidad preocupante frente a ese debate.
Ya vivimos las consecuencias: fin al lucro, no a la selección, debilitamiento de la meritocracia y hoy una nueva lógica de cuotas bajo otros nombres. Incluso Mujica defendía el lucro como motor social, mientras acá se lo demonizó con efectos profundos en educación y movilidad social.
Por eso inquieta un gabinete donde varias trayectorias parecen poco alineadas con las competencias y con el mandato cultural del electorado. No es solo un problema de nombres, sino de señal política: cuoteo, pragmatismo sin relato y renuncia a disputar sentido.
Como aprendimos del 18-O y como muestra Argentina, sin coherencia entre gestión, relato y convicciones, no hay capital político para gobernar en crisis. Ojalá nos equivoquemos.
Cristián Rubio Adriasola