Hoy domingo nos jugamos todas las cartas, “el todo por el todo”, como decía mi tío Samuel. Luego de un largo camino, sabremos finalmente quién estará en Palacio a partir de marzo próximo. Tanto en la cocina como fuera de ella, no hay plazo que no se cumpla y cuando los obviamos, se nos quema el pastel. Los tiempos de cocción y las campañas tienen sus tiempos, de lo contrario, los candidatos pueden terminar bastante tostaditos. ¿Se imaginan un debate más? Seguro terminaban los dos ardiendo en llamas.

Por fortuna no fue así, aunque admitamos que esta última semana fue de película. Tuvimos dos debates y un sinnúmero de declaraciones que volaban de un lado a otro como partido de pin-pon. El gran espectador de esta contienda: el excandidato presidencial Franco Parisi, quien desde Alabama y sentado en el clásico y desgastado sillón de cuero gringo, disfrutaba cómodamente de los vaivenes de la bendita pelotita. Y de pasada, ganaba unos cuantos puntos de rating con su programa Bad Boys.

Muchos nos quedamos con las ganas de que Boric se sometiera a las garras de los partners de Parisi, pero la Izka Siches y la Karol Cariola no le dieron permiso. Las líderes de su comando se negaron a que se expusiera en el streaming del líder del Partido de la Gente a pesar de que, una semana antes, José Antonio se había lucido logrando más de dos millones de reproducciones. Sin duda, al niño le salió el tiro por la culata: producto de su desaire, los Bad Boys y su líder se dedicaron a desmenuzar y demoler su programa de gobierno. Tanto así, que el excandidato lo catapultó con una frase para el bronce: “Si tengo que resumirlo en tres palabras, hoy sería: hambre para Chile (excepto para sus amiguis)”. ¿Alguien todavía cree que Parisi le va a dar su voto a Gabriel?

La gran sorpresa de los debates fue la comentada voltereta olímpica que se mandó el candidato de Apruebo Dignidad, quien le hizo un sentido homenaje a la Concertación, destacando el gran aporte de la izquierda moderada a Chile en ese periodo. ¿Habrase visto pirueta igual? Ya no solo basta con arreglarse la barba, engominarse el pelo y ponerse anteojos, ahora el hombre es víctima de amnesia y se olvida que él y sus camaradas encendieron Chile con el slogan “no fueron 30 pesos sino que 30 años”. ¡Plop!

Y aunque me irrita, esa actitud ya no me extraña. Poco a poco nos hemos ido acostumbrando a que nos pidan perdón y nos digan que está permitido cambiar de opinión. Lo que me inquieta sobremanera es que toda esa mansedumbre y ponderación pasen al olvido si es elegido presidente. Me da la sensación que toda esa sensatez se acabe en el momento exacto en el que le pongan la banda al niño de Magallanes, porque dentro de Morandé 80 lo estarán esperando los miembros del Frente Amplio y del Partido Comunista con los dientes afilados para pegarle un zarpazo a su parte. Entonces volverán las barbas frondosas, la melena larga y las poleras desafortunadas.

Gabriel, hubiera esperado que en tu campaña para llegar a Palacio hubieras reconocido los logros de los últimos años desde el principio. No se puede tapar el sol con un dedo y, de hecho, gran parte de lo que eres hoy se lo debes a ese período. Hay que ser respetuoso con los 30, es un gran número. Por ejemplo, si te pasas de los 30 minutos de cocción de un filete a 160°C, te queda duro como palo, pero si lo respetas, lo puedes partir con una cuchara y darte un banquete.

Espero que los electores tomen en cuenta todo esto cuando se enfrenten hoy al papelito en la urna y marquen a conciencia su voto. En mi caso, solo les adelanto que pretendo comerme el filete con cuchara y darme un banquete de aquellos. Estoy seguro de que terminaré celebrando codo a codo con uno que otro ministro de las vilipendiadas tres décadas anteriores. Y nunca se olviden de que, aunque el lobo se vista de oveja, lobo queda.

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