Amigos míos, esta semana quiero pensar e imaginar cómo será nuestro futuro cercano. Día tras día hemos estado especulando sobre quiénes serán los futuros ministros de la nación. Algunos hablan de candidatos sub cuarenta -lo que dejaría a muchos fuera de la lista- y otros apuestan por los fieles compañeros y compañeras (era que no) de siempre. Lo importante es lograr un lugar junto a Gabriel en La Moneda, aunque la mayor inquietud de sus partidarios (y los no tanto) es el nombre del candidato del ministerio de Hacienda. La ansiedad esta a nivel mil, comparable a la de los niños el sábado pasado ante sus regalos navideños.
Me llama la atención tanto nerviosismo, si es cosa de leer el programa del presidente electo para saber cómo se viene la cosa. Hasta sonrisas me han sacado los comentarios de algunos ilusos que aseguran que el próximo administrador de la billetera fiscal será la moderación y la claridad encarnada. Con mucho respeto, señores, pero esa o ese superhéroe no existe, dejémonos de delirios y comencemos a apretar los dientes y los cinturones que la cosa se viene pesada. Les recomiendo irse derechito a la cocina y ocupar la imaginación para preparar un buen plato de fin de año, porque no sólo de pavo vive el hombre.
Sigamos con los nombramientos y nuestro incierto futuro… Hasta el momento, lo único que tenemos claro es que ya contamos con Primera Dama y con Primer Perro. Adoptado de cachorro por la familia Boric Font en Punta Arenas, esta ilustre mascota cuenta con Instagram, Twitter y una cantidad de seguidores más abultada que la del propio Piñera. Si hasta el loro Contralorito, el personaje animado de la Controlaría General de la Republica, le dio la bienvenida en las redes sociales, donde tuvieron tiempo de discutir de probidad. Capacito que estemos frente a dos candidatos para algún ministerio.
Por su parte, nuestra próxima Primera Dama puede ser la protagonista encarnada de la Cenicienta criolla. La misma mujer que se sentará detrás del escritorio de la oficina conjunta del máximo mandatario puede hacer realidad la tan añorada boda real de los chilenos. ¿Se imaginan una fiesta como esa? El niño de Magallanes y la nieta de migrantes griegos y alemanes avanzando por la Alameda, tapizada de todo tipo de banderas en su carruaje de cristal y saludando sonrientes al pueblo de Chile. A los más románticos se les caerán las lágrimas, los díscolos les harán la desconocida y los copuchentos no se perderán matinal y programa de farándula donde harán pebre el vestido de la novia.
Los invitados serán saludados por un engominado príncipe Gabriel escoltado por Brownie vestido a tono y su novia. Ahí, una larga fila de miembros del Frente Amplio y del Partido Comunista los saludarán antes de entrar mientras el novio les agradece radiante a cada uno su regalo. Obvio que mezcla los obsequios de uno con los de otro, no olviden que es dado a confundir las cosas cuando hay cierta información que el hombre no maneja.
En el banquete, las mesas adornadas con flores y banderas rojas acogerán a los hambrientos invitados. Filetes a punto, confit de pato y sabrosos pescados se lucirán junto a mesones pensados especialmente para los vegetarianos, los seguidores de la dieta pescetariana y también para los veganos, lejos la más popular. Entrada, plato de fondo y postre… Todo con repetición, mucho vino y champaña. A destajo la cosa, porque hay que celebrar (y aprovechar).
Evidentemente, no todos podrán participar de este banquete, pero uno que otro miembro del Partido Socialista calificará para después de medianoche y podrá servirse una piscolita y acercarse -a cierta distancia- a la pista de baile. Los que no pasarán de guardarropía serán los decé. ¡Qué bien hace soñar! Esperemos que este cuento termine bien y que nunca nos falte comida ni bebida.

lo encontré, irónico y divertido. Ajustado a lo que viene!
SR.Mecha Corta: Agudo, filoso e hilarante comentario del cual nos hace pensar en el actual Chile decadente, conflictivo e ignorante.