El primer lugar alcanzado por José Antonio Kast en la primera vuelta presidencial y la bancada de 15 diputados y un senador que logró el Frente Social Cristiano son una muestra clara de que un gran número de chilenos expresó en las urnas cuáles son sus prioridades y quién consideran que representa de mejor manera sus anhelos para construir un mejor país hacia adelante.
Y es que José Antonio Kast encarna dos conceptos que son clave para la etapa que enfrentará el país en los próximos años: libertad y futuro. Se trata de dos términos que están indisolublemente asociados, porque sin libertad no hay futuro posible que construir, y eso es lo que los chilenos han comenzado a decodificar.
Dos conceptos que hoy están severamente amenazados por el proyecto político de la izquierda radical, que ofrece la falsa promesa de alcanzar mayores niveles de igualdad y dignidad humana, sin sincerar que detrás de esa fachada lo que se pretende es tomar el control total del Estado, cuyo primer efecto práctico será precisamente el cercenamiento de las libertades individuales.
Porque no debemos olvidar que detrás de la candidatura de Gabriel Boric está el Partido Comunista y su ideología totalitaria, que esta vez, a diferencia de lo que ocurrió durante la Unidad Popular, no se conformará con ser mera comparsa del gobierno frenteamplista (como lo fue el PC en la administración de Allende) y así se lo han advertido en distintos tonos a su presidenciable (el programa no se transa ni una coma).
Esa izquierda extrema, como se observa al leer el programa de gobierno de Boric, busca agrandar el Estado a dimensiones donde serán ellos y el grupo de burócratas que los acompañará, los que terminen tomando las decisiones trascendentales para la vida de las personas, que va desde decidir si un ser que está por nacer merece vivir o no, a dictarnos el proyecto educativo al que deberán ceñirse nuestros hijos, por poner un par de ejemplos.
Y sin libertad para decidir nuestros propios rumbos, lo que se ve afectado es precisamente la dignidad humana que esa izquierda dice promover. Ahí radica el engaño del influjo al que nos quiere someter esa izquierda radical con su discurso barnizado en segunda vuelta.
Por eso es tan trascendente que la mayoría parcial obtenida por José Antonio Kast en primera vuelta se traduzca en una mayoría absoluta en el balotaje, de manera que el proyecto político que garantiza libertad y progreso sea el que triunfe el próximo 19 de diciembre, siendo ese triunfo el inicio del camino para cimentar un presente y un futuro en que cada uno aporte como ciudadano a construir ese país mejor que queremos, y no terminemos dependiendo de lo que nos obligue a hacer el Estado en manos de quienes no creen en la democracia, en las instituciones republicanas ni en la libertad de las personas para emprender sus propios proyectos.
La libertad en todas sus formas (de movimiento, de culto, de opinión, entre otras) son el bien más preciado al que tiene derecho toda persona, y que debe ser resguardado por el Estado siempre. En esta segunda vuelta nos enfrentamos a un proyecto político que tiene como eje central la libertad individual al servicio de la sociedad, y que encarna José Antonio Kast, versus la entelequia que propone la izquierda radical, que busca subyugar a los chilenos a las directrices del Estado Gran Hermano que quieren instalar.
En nuestras manos está elegir este 19 de diciembre, si queremos un país que avance en libertad y paz, o uno donde un grupo de burócratas con ideas trasnochadas de hace 50 años, termine resolviendo qué presente y futuro queremos para nosotros y nuestros hijos.
