En las elecciones de este domingo se definirá en gran medida el rumbo de Chile y el tipo de país que aspiramos construir hacia adelante. Comicios que tendrán un impacto tanto en las actuales generaciones como en el futuro; por eso es tan importante reiterar lo que está en juego y los modelos de sociedad que se confrontan.
No se trata de establecer un escenario maniqueo, con visiones en blanco y negro, sino que constatar la realidad en un contexto que ha estado configurado por el estallido de violencia de 2019 y todo lo que ha ocurrido posterior a ese trágico proceso. Tampoco se trata de infundir miedo en la ciudadanía para que desde ese estado emocional definan su voto.
De lo que se trata es de poder restablecer el sentido común, la sensatez y el sentir de la mayoría de los chilenos, que aun cuando anhelan cambios en asuntos esenciales para mejorar su calidad de vida, como son la salud, educación y pensiones, entre otros, quieren que esos cambios se concreten en paz, sin violencia y resguardando sus libertades individuales.
Esos mismos chilenos quieren mayores certezas frente a un período de alta incertidumbre que se ha instalado debido a la violencia callejera que se mantiene y la prolongada pandemia que aún no es posible controlar. Precisamente desde el sentido común y la sensatez, un número importante de personas ha comenzado a comprender la importancia que tiene preservar el estado de derecho, el orden público y la institucionalidad para poder construir ese mejor país con mayores oportunidades.
Esa comprensión más cabal de la realidad parece ser el motivo de la sostenida adhesión que viene registrando José Antonio Kast en las encuestas, y que lo tienen con altas posibilidades de pasar a segunda vuelta. Porque el programa de gobierno del candidato presidencial, sustentado en el proyecto político que representa el Partido Republicano, apuntan precisamente a abordar aquellos aspectos que hoy más inquietan a los chilenos y que están dentro de sus prioridades.
Los chilenos están asumiendo que sin orden, sin el cumplimiento de las normas y sin paz, todo aquello que se ha avanzado en las últimas décadas -por más que lo desconozca la izquierda radical- se perderá; y lo que es peor aún, no se podrá recuperar, por más que lo intenten.
José Antonio Kast y su programa de gobierno apuntan precisamente a conservar todos aquellos aspectos que le han permitido a Chile avanzar en progreso humano y económico como ningún otro país de la región, y al mismo tiempo, introducir cambios en áreas sensibles, que se traduzcan en una mejor calidad de vida para las personas.
Por el contrario, la izquierda radical ofrece, según lo han expresado sus principales voceros en los últimos días, alta incertidumbre, desconocimiento de la propiedad privada y limitaciones severas a las libertades individuales, entre ellas, la libertad de emprender, introduciendo transformaciones refundacionales desde un Estado omnisciente y omnipresente.
Por quién votar este domingo no da lo mismo, porque no se trata de una elección más. Estamos en presencia de los comicios más importantes de las últimas tres décadas, y donde se confronta un proyecto encabezado por Kast, que defiende la libertad y la democracia, con un proyecto político que quiere poner a las personas al servicio del Estado, con todas las nefastas consecuencias que implica esa concepción.
Y tan importante como elegir el proyecto político que resguarda las libertades individuales, la familia y las instituciones, es votar por un Congreso que defienda esos mismos principios, de manera que exista un equilibrio de las fuerzas políticas, que impidan que la izquierda radical pueda llevar a cabo su proyecto de un Estado autoritario y populista que nos haga retroceder décadas. El Frente Social Cristiano cuenta con candidatos al Congreso de Arica a Magallanes, representando las mismas ideas de la libertad, del orden público y de las instituciones que hoy más que nunca debemos cuidar.
El llamado, entonces, es atreverse a votar por ellos, de manera que el próximo Congreso sea una correlación de fuerzas que permita ofrecer gobernabilidad al próximo Presidente de la República y su gobierno, donde cada vez estoy más segura de que será José Antonio Kast, con quien recuperaremos juntos el Chile que nos pertenece y que la izquierda radical nos quiere arrebatar.
