FOTO: Tomada de la cuenta en X @nayibbukele

En la última semana la agenda pública ha girado en torno al presupuesto 2025. Las voces se han alzado especialmente respecto a dos ítems clave: FF.AA. y “cultura”. Llama la atención que, en general, los análisis se desarrollen tan lejos de la nueva realidad política. Y es que, mientras EE.UU., varios países europeos, Argentina y El Salvador le declaran la guerra con un éxito estrepitoso al avance cultural y político del progresismo globalista, ecocéntrico, neomarxista, neomalthusiano y anticristiano, en Chile no se dice una palabra sobre estos temas. Para contribuir con un grano de mostaza a romper la espiral del silencio haremos en esta breve columna el esfuerzo por contextualizar la propuesta de Hacienda en el marco de la batalla cultural que la Nueva Derecha está dando en todo Occidente.

Comencemos con graficar el estado de mutismo de los actores de nuestra esfera pública tomando como ejemplo la propuesta del Presidente Nayib Bukele sobre la creación de una nueva Liga de las Naciones que recoja los principios en que se fundó la ONU para constituir una opción a un ordenamiento internacional hoy capturado por el socialismo globalista. La interpretación de una parte del periodismo chileno es que el Presidente Bukele está en campaña para consolidar su popularidad más allá de las fronteras de su país. Ni una sola palabra sobre el plan socialista, ahora llamado Agenda 2045 (nueva versión de la Agenda 2030), consolidado en el Pacto para el Futuro que pretende imponernos el Nuevo Orden Mundial (NOM) arrasando con la soberanía nacional, el capitalismo y la democracia (por supuesto, firmado por Chile).

La verdad es que, tras el triunfo de Donald Trump, negarse a hablar y a entender la emergencia de la Nueva Derecha y su conexión con el sentido común en la batalla cultural es inaceptable. En simple, ¿sabe usted por qué el presidente Bukele propone una Liga de las Naciones? No, no es porque quiera ser famoso y parecerse a Woodrow Wilson, sino porque la ONU le ha declarado la guerra a la soberanía nacional, la voluntad popular y, en consecuencia, a la democracia de los países occidentales. Entender y enterarse de la lucha que sostienen soberanistas contra globalistas no es tan difícil. Basta revisar el discurso que dio Javier Milei ante la ONU, el único hombre del mundo con el coraje suficiente para decirle la verdad a la casta política habitante de los organismos internacionales y del Foro de Davos que quiere liquidar la libertad característica de nuestra civilización cristiana e imponernos un gobierno mundial de corte socialista. Ahora examinemos la discusión presupuestaria.

La decisión de debilitar a las FF.AA. y de Orden es coherente con el plan globalista de desmantelamiento de los Estados nación y condición necesaria para la implementación del NOM y su gobernanza global. Los dos proyectos de nueva Constitución avanzaban el plan, ya sea quebrando su estructura jerárquica y/o quitándoles su rol de garante de la seguridad nacional. Este es, también, el motivo ideológico que justifica la persecución de carabineros por parte de algunos jueces y fiscales octubristas, así como del encono que mantiene vigentes procesos en el marco de un sistema procesal penal antiguo contra militares octogenarios y enfermos. Asimismo, es la explicación al hecho de que, según lo denunciado por el comandante en jefe de las FF.AA., Javier Iturriaga, se proponga financiar sólo a 1.600 de los 7.000 soldados de tropa que conforman la planta del Ejército en el presupuesto 2025.

A la lista de iniciativas que atentan contra la subsistencia de Chile podemos agregar la larga trayectoria de apoyo al crimen organizado de quienes eran parlamentarios antes de ser gobierno impidiendo que se aprobara todo tipo de legislación que penalizaba sus actividades ilícitas. Por supuesto, no podemos olvidar la indicación de la actual ministra del Interior a las RUF que, en la práctica, despojaba al Estado no solo del monopolio del uso de la fuerza, sino aún peor, la neutralizaba cien por ciento. En otras palabras, Carolina Tohá, propuso que Chile quedase indefenso en medio de la crisis de seguridad más profunda que hemos enfrentado el desde el régimen de Salvador Allende cuando importábamos terroristas bajo el paraguas de la Organización Latinoamericana de Solidaridad y amparábamos a diversos grupos guerrilleros nacionales leales al castro comunismo.

Finalmente, en lo que respecta al aumento del 45,8% en los recursos destinados a cultura -lo que significa un total de $481.289 millones- es de tontos no entender que el Presidente está poniendo las fichas en el lado rojo del actual tablero político, puesto que, aunque la gran mayoría del país no se entere gracias a la ignorancia, desidia y, en ocasiones, voluntad explícita de opinólogos, periodistas, expertos, etc., el hecho político más relevante de nuestros tiempos es que estamos en medio de una batalla cultural. De ahí que abultar el presupuesto de un ministerio a cargo de la subversión de los valores tradicionales, sea un objetivo de primer orden. Si usted cree que me afecta algún tipo de fiebre conspiranoica, le recomiendo los debates y análisis de The Daily Wire, los discursos de Javier Milei, Donald Trump, Santiago Abascal, Giorgia Meloni y, en general, de toda la Nueva Derecha que, por defender los derechos fundamentales, las instituciones republicanas, la infancia, la familia, la democracia y los mercados libres, es tildada de “extrema” por la prensa progresista. Profundicemos en un par de líneas.

Yuri Bezmenov es experto sobre el proceso de subversión ideológica que la Nueva Izquierda impulsa en todo Occidente. En breve, este ex agente de la KGB explica que consiste en cuatro etapas: desmoralización, desestabilización (¿recuerda eso de “introducirle inestabilidad al país”?), crisis y normalización de los nuevos valores. Si queremos saber cuáles son, basta con leer la Agenda 2030 presente en distintos grados en los dos proyectos de Constitución que el país rechazó. Y si, por haberlos rechazado creemos que la revolución octubrista quedó congelada en el pasado, entonces los tontos somos nosotros. La evidencia es contundente. Nos referimos a todas las leyes de género, Educación Sexual Integral, cambio de matriz energética, sostenibilidad tributaria, desarme civil, inmigración e invasión en la vida privada de los ciudadanos. A ellas se suma el presupuesto, con un claro énfasis en la batalla cultural y en el debilitamiento de las FF.AA.

Es de esperar que la centroderecha no contribuya al avance del triunfo cultural de la Nueva Izquierda y abandone, definitivamente, los buenismos, amiguismos, acuerdismos y centrismos que sólo la condena a ser cómplice del éxito octubrista. Sus miembros quizás se persuadan con las palabras del político más aclamado y admirado por los chilenos: “El que perdona al lobo, condena a las ovejas” (Najib Bukele).  

PhD en Filosofía y en Ciencia Política

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2 Comments

  1. La Batalla Cultural es la un forma de ir derrotando realmente a la izquierda. Eso fué lo que en definitiva se enfrentó en el plebiscito en que se rechazó la constitución de izquierda en Septiembre del 2022. Ese proyecto atacaba profundamente el sentido de lo que era y es Chile.

  2. Las fuerzas derrotadas hace cincuenta años pugnan por tomarse la revancha y terminar la tarea que Allende dejó inconclusa: destruir a Chile; lo que casi logran con la asonada subversiva, terrorista, delincuencial y revolucionaria del 18 de octubre de 2019 —que buscaba derrocar a un gobernante democráticamente elegido—; y con el diabólico, fatídico e ilegítimo proceso constituyente que culminó el 4 de septiembre de 2022 con un amplio rechazo de la ciudadanía al texto de nueva Constitución propuesto por la Convención Constitucional; que buscaba refundar a Chile, destruir su institucionalidad y la esencia de un régimen democrático, y a la nación chilena, lo que habría culminado en un Estado totalitario.
    Para el Partido Comunista y los partidos y movimientos políticos de extrema izquierda que actualmente están en el poder, “el proyecto popular que encabezó Salvador Allende es un proyecto inconcluso, pero no derrotado”. El Partido Comunista no ha renunciado a su proyecto totalitario que, como lo señala su Manifiesto del año 1848: “Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente”; lo que está en consonancia con lo declarado en la resolución adoptada por el Partido Socialista de Chile en su congreso realizado en Chillán en 1967, en el sentido de que: “La violencia revolucionaria es inevitable y legítima. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del Estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista”.
    El peligro de caer bajo un sistema estatista, colectivista, igualitarista e intervencionista, anulador de la persona humana y de los principios de una sociedad libre —lo que contradice nuestra tradición chilena y los principios que fundamentan la sociedad cristiana occidental— está latente y se ve reforzado por la demagogia, el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado y el decaimiento de las virtudes morales de los ciudadanos.
    Adolfo Paúl Latorre
    Abogado
    Magíster en ciencia política

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