El regreso de la Presidenta Michelle Bachelet a Chile ha tenido una doble dimensión. Por una parte, tiene el sello de una derrota, por cuanto la dos veces gobernante no logró ser elegida secretaría general de la ONU, cargo al que había postulado con el respaldo de la administración de Gabriel Boric y el apoyo de los gobiernos de Brasil y de México. La trayectoria de Bachelet es innegable, tanto en el plano nacional como internacional. Sin embargo, no cabe duda de que su postulación a la cabeza de las Naciones Unidas emergió como un liderazgo de la izquierda latinoamericana, considerando que no tuvo el apoyo transversal en Chile ni tampoco logró sumar a otros gobiernos de la región. 

Hay un segundo aspecto que vale la pena mencionar: el retorno de Bachelet ha tenido una expresión política clara, una de cuyas muestras más visibles es la rearticulación de la izquierda chilena, cuando el gobierno del Presidente José Antonio Kast ha cumplido sus primeros seis meses. En este período Kast ha tenido una baja en el respaldo popular, sin que ello implique necesariamente una capitalización de la situación por parte de la izquierda, que ha sido una oposición más bien deslavada, con pocas ideas, todavía machucada por la contundente derrota electoral de 2025.

Por eso, la dupla Bachelet-Boric, artífice de la última acción internacional de la izquierda chilena, hoy es también la que da vida a la organización de dicho sector en el ámbito de la política interna, lo que podría llegar a tener relevancia en el escenario actual.

“El rol de la Presidenta Bachelet en la unidad del progresismo es invaluable”, sostuvo Boric en su discurso en La Pintana, lo cual es evidente no era simplemente una frase formal o de cortesía, sino el reconocimiento a una trayectoria -el de “toda una generación”- y la convicción del valor político presente de la primera mujer Presidenta de la República en la historia de Chile. Ella, en la comprensión de Boric, fue clave en unir los mundos de la izquierda actual, tanto en el plano generacional como en el político.

Por todo ello, el homenaje a la Presidenta Bachelet, el pasado 30 de septiembre, no es un acto de comprensión histórica, sino más bien el comienzo de una aventura política. El discurso de Boric enfatizó que los sectores acomodados van a trabajar en la “defensa de privilegios injustos”, lo que exigía que “el progresismo y las izquierdas estén unida para construir un Chile más justo y feliz”. Es obvio que eso es una simplificación y, por lo mismo, hace muy difícil entender lo que sucede en Chile, pero vale la pena considerar ese planteamiento. El 11 de marzo el propio Presidente Gabriel Boric entregó el mando al nuevo gobernante, José Antonio Kast, quien obtuvo más de 7 millones de votos y cerca del 60% en la elección presidencial de diciembre de 2025. Resulta claro que eso no responde al deseo de la inmensa mayoría de los chilenos de defender los privilegios injustos de unos pocos, sino más bien a que muchos interpretaron que era la mejor forma de ejercer ciertos derechos que deberían ser básicos en la sociedad, como la vida con seguridad y la posibilidad de aspirar a una mejor situación económica. 

En gran medida eso es lo que está en juego hoy en Chile, y es el escenario en el cual el gobierno se juega sus posibilidades de ser exitoso o de llevar a una nueva decepción de la ciudadanía. Las dificultades que ha encontrado el Presidente Kast, la baja en la popularidad y paso del tiempo -a lo que se sumó la fallida candidatura de Bachelet a la ONU- han conducido a este nuevo escenario político cuya expresión más clara es el intento de la izquierda por rearticularse, unirse e iniciar un nuevo camino hacia La Moneda.

La izquierda tiene dos grandes liderazgos en la actualidad y ambos fueron presidentes de la República: ellos son Michelle Bachelet y Gabriel Boric. Esta es una descripción, no implica una adscripción política o ideológica, ni mucho menos anuncia un futuro electoral cercano. De hecho, también existen otras potenciales cartas electorales para la primera magistratura. Desde luego, Jeannette Jara, la abanderada de la izquierda en las elecciones de 2025; a ella podemos añadir a otra líder comunista, Camila Vallejo. Entre los políticos mejor evaluados suele aparecer el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, y siempre hay que dejar el camino abierto a nuevos liderazgos. 

Con todo, a la izquierda no le basta con criticar al gobierno del Presidente José Antonio Kast. Por cierto, la retórica simple vale para los actos políticos, pero no es suficiente para un proyecto político serio, duradero y valioso para Chile. En otras palabras, la izquierda hoy tiene varias expresiones: el Partido Comunista, el Frente Amplio y el llamado socialismo democrático. A todos ellos puede agregarse la oposición social, presente en distintas organizaciones, y otras fuerzas más pequeñas, pero relevantes, incluyendo aquellas que promueven y utilizan la violencia. Todas las anteriores son distintas entre ellas, pero tienen algo en común: su oposición a la derecha, hoy representada por el Presidente Kast. Ese, seguramente, será el gran factor de unidad durante los próximos tres años.

El proyecto político, las alianzas y el programa serán relevantes en este camino. Sin embargo, nada de esto basta: es preciso contar con liderazgos que encarnen la idea, motiven a los electores y representen una alternativa. Eso es lo que se ha comenzado a ver, en forma demasiado temprana, con la irrupción política de la dupla Bachelet-Boric. En cualquier caso, la recepción de la exgobernante socialista no debe minusvalorarse: ella cuenta con afecto en la ciudadanía, trayectoria y es factor de unidad en la izquierda. Eso es un avance, todavía insuficiente. Y, aunque sea por razones cronológicas, casi con seguridad no será la abanderada de la izquierda en 2029.

A todo lo anterior debemos sumar un último punto. La política tiene algo de dialéctica, y por ello será muy relevante lo que haga el gobierno, como le vaya al Presidente Kast durante sus años en La Moneda y la aceptación que ello tenga en la población. En otras palabras, el éxito del gobierno se medirá en buena medida por cómo le vaya al candidato de derecha en las elecciones de 2029: si hay continuidad política, será símbolo del éxito. Si, por el contrario, triunfa la izquierda, continuaremos en la época del péndulo que hemos vivido en las últimas dos décadas. A eso apuesta la izquierda que ha reaparecido políticamente en los últimos días.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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