Credit: @EmbajadaEEUUcl

El caso del cable chino que eventualmente uniría Valparaíso con Hong Kong ha generado una polémica política y comunicacional, pero por sobre todo es un ejemplo de los problemas que pasan cuando no se tiene un sistema y arquitectura de seguridad nacional, y peor aún, se navega por el mundo con ausencia de pensamiento estratégico, no entendiendo nada de lo que está ocurriendo en el contexto global y hemisférico, sin tener claro el interés nacional propio y el de los terceros con los cuales interactuamos, y de los riesgos y amenazas que enfrentamos.

Partamos porque Chile, a pesar de tener un Consejo de Seguridad Nacional, no tiene un sistema propiamente tal, no tiene una arquitectura que se haga cargo del tema, no tiene comunicaciones y coordinaciones formales entre los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional y Seguridad Pública. Tampoco tiene un sistema de inteligencia robusto y efectivo, algo que la nueva ley busca mejorar, como tampoco tiene un asesor presidencial que se haga cargo del tema seguridad en su concepto más amplio, y que se preocupe de que tengamos una aproximación coherente y lógica, y que nos permita no cometer errores de principiantes y estar a la altura de lo que se espera de un país mediano como Chile, tricontinental, potencia en el Pacífico Sur Oriental, con un “Soft Power” que supera su tamaño físico, su población y PIB.

Si bien es cierto que el caso del cable chino es digno de análisis, hay temas que son mucho más complejos y de los cuales nadie a nivel de gobierno está preocupado. Partamos por la dependencia económica que tenemos de China, tanto en exportaciones como en importaciones. Muchos hablan de abrir nuestra matriz de exportaciones, pero nada efectivo se hace. Hablamos de abrirnos al Asia y la India, pero no lo hacemos con mucha fuerza y convencimiento. Somos una economía abierta al mundo, los reyes de los acuerdos comerciales, pero también los reyes de la inacción y la complacencia, de la falta de visión estratégica.

Sabemos que somos campeones en el cobre, en el litio y en las tierras raras, pero poco o nada hacemos para regular las inversiones en el sector minero. En los tiempos actuales la posesión de materias primas de este tipo da una posición dominante. No estoy hablando de su procesamiento y comercialización, pero el sólo dominio ya da poder. Si fuéramos consecuentes estaríamos buscando entender cuáles son las fuentes de poder que Chile tiene, cómo las regula y cómo las protege.

Un 90% o más de nuestro comercio exterior va por vía marítima, pero sin embargo las inversiones y presupuestos asignados a la Armada de Chile, su capacidad de proyección y de protección de los intereses de Chile son mínimos, sólo de continuidad. Asumimos y mal asumimos que alguien se preocupara de proteger nuestros intereses nacionales más allá de nuestro territorio, mares, y espacios aéreos y espaciales. La ingenuidad con que transitamos por el mundo es muy preocupante.

Llegamos al tal punto de ingenuidad que son las mayores potencias del mundo las que hoy en día opinan y nos indican sobre lo que debemos preocuparnos los chilenos. En buena hora se produjo el problema del cable chino. En buena hora el secretario Rubio quitó las visas a tres funcionarios del actual gobierno. De lo contrario aún estaríamos bajo la modorra de los calores de febrero que duermen a la capital en esta época.

El embajador Brandon Judd nos ha hecho un tremendo favor al recordarnos cuáles son las cosas de las que nos debemos preocupar, entre otras, la protección de datos del Registro Civil, la capacidad real de evitar ataques cibernéticos, de entender los riesgos que enfrentamos cuando optamos por distintas soluciones tecnológicas en el ámbito de las telecomunicaciones y la transmisión de datos. Es muy distinto un cable submarino con supervisión chilena como es el caso del Humboldt, a uno como el que nos propone la empresa China Mobile International, que no tiene control de entrada por parte de Chile de lo que entra y en donde todo es manejado y monitoreado por el proveedor del servicio.

Australia tiene aproximadamente ocho cables que corren desde ese país directo a China, pero tienen una de las organizaciones más fuertes en control de telecomunicaciones y digital del mundo. Estados Unidos no repara en que Australia tenga cables directos con China porque tiene la capacidad de controlar lo que entra. Si ellos tienen una dependencia estructural en tener todos sus cables con China, los que los puede cortar o desconectar cuando quieran, pero por lo menos saben que información tránsito por ellos. Soluciones como la del cable Humboldt, que pasan por su territorio, les permiten mitigar sus dependencias estratégicas de comunicaciones.

El embajador Judd nos indicó que podríamos eventualmente perder el programa “Visa Waiver”, pero no lo dijo en mala, lo dijo porque no les podemos asegurar que la información que nos pasan está protegida y libre de ciberataques. No tiene nada con los chilenos, pero si no les damos seguridades de que sus intereses están protegidos, no les quedará otra que dar término al programa que tantos chilenos valoran. Ellos valoran y reconocen cuáles son sus intereses nacionales y que cosas afectan a su seguridad nacional. Para un mejor entendimiento recomiendo leer su recientemente publicada estrategia de seguridad nacional.

Un análisis de seguridad nacional parte por entender quiénes somos, nuestras capacidades económicas, con quienes comerciamos y las dependencias que tenemos, de nuestra ubicación geográfica, de nuestro abastecimiento energético, de lo que nos interesa y motiva, de quiénes nos quieren y quiénes no, de los objetivos de nuestros vecinos, de las capacidades militares propias y de las de otros, de las capacidades de inteligencia, contrainteligencia y diplomáticas que poseemos, de los desafíos, riesgos y amenazas que enfrentamos, la capacidad de manejo del orden público, de protección de datos, de ciberdefensa, de la protección de infraestructura critica, de prevención y persecución de delitos, y así muchas otras cosas más.

La seguridad nacional es mucho más que la seguridad pública, o la defensa nacional. Implica una arquitectura, un sistema, alguien que la administre, una estructura de gobierno corporativo, políticas y regulaciones. Para más información recomiendo pinchar aquí.

Por de pronto agradezcamos a los Estados Unidos de Norteamérica y China por abrirnos los ojos, y darnos cuentas de nuestras falencias. La sacamos barata. Sólo nos costó tres visas oficiales. El desafío es aprender de lo ocurrido y entender que no podemos andar por este complejo mundo sin la brújula que provee un sistema de seguridad nacional.

Los que fallamos fuimos los chilenos. China y los Estados Unidos no son los culpables o responsables por lo ocurrido el viernes 20 de febrero de 2026 o de los males que afectan a Chile. Fallamos al no tener un sistema de seguridad nacional chileno que nos permita manejar los desafíos y amenazas del siglo XXI.

Experto en Defensa y Seguridad Nacional, vicepresidente ejecutivo de AthenaLab y concejal por Las Condes

Participa en la conversación

7 Comments

  1. Absolutamente de acuerdo con la necesidad y urgencia de contar con un Sistema Nacional de Seguridad, definir su arquitectura y tener un Asesor de Seguridad Nacional. Su ausencia es una grave vulnerabilidad. No obstante, tener un pdte normal y ministros normales, y no sufrir desde su interior la maquiavelica presencia e interferencia del PC, ya descomprime las vulnerabilidades……..

  2. Excelente columna, la cual comparto. La carencia de una política de seguridad nacional nos debe preocupar, pensando también en lo que sucede en México con los narcos. Nosotros tenemos Temucuicui y varios otros lugares controlados por mafias. La seguridad nacional es un concepto que tuvo relevancia bajo el gobierno militar y que más tarde perdió importancia por el mediocre nivel de nuestros políticos, más ocupados de la memoria histórica que del futuro de Chile.

  3. Excelente columna Richard, concuerdo plenamente. Ademas de lo que tú señalas creo que no se puede «servir a dos señores». Chile puede comerciar con que quiera, pero siempre y cuando ese comercio no vaya de la mano con restricciones a nuestra seguridad nacional. Un buen ejemplo, en otro interés marítimo, es lo que está sucediendo con el puerto de Chancay. Como bien dices, la sacamos barata.

  4. Creo qué la columna desvía la atención principal sobre la causa raíz del problema. Con estos argumentos que descargan la responsabilidad en la inexistente Política o Marco regulatorio lo único que se está logrando es liberar a Muñoz y sus secuaces Comunistas de la Alta responsabilidad que se le exige a un ministro de estado y de las obligaciones administrativas y jurídicas que debe enfrentar.
    Una decisión de esta envergadura e impacto por simple aplicación del derecho administrativo debe requerir la opinión de Cancillería y Defensa, no se requiere un marco especial y una política Estrategica para velar por los convenientes interese del Estado-Pais. Sólo se requiere un chileno bien nacido y medianamente culto para entender aplicar estás normas y buscar el Bien común nacional antes que intereses partidistas e ideológicos.

  5. Me permito exponer algunas ideas en torno a la “seguridad nacional”.
    Podríamos decir que la seguridad nacional, según el significado natural que puede darse a su tenor literal, implica seguridad de la Nación y la seguridad del Estado, que la representa. Y la seguridad tiene dos frentes: a) el externo, en que puede verse afectada por la guerra y por la agresión militar, o por una agresión económica de tal entidad que ponga en riesgo el normal desarrollo de la vida colectiva; y b) el interno, en que la seguridad nacional se ve comprometida en los casos de tensión extrema o de pugna entre gobernantes y gobernados, traducida en situaciones de insurrección o rebelión o de alzamiento revolucionario. Sin embargo, este concepto de seguridad nacional no sólo apuntaría a las realidades descritas, sino que involucraría, además, un conjunto de factores potenciales que podrían eventualmente desembocar en una situación real de amenaza a la seguridad. De otro modo no se explicaría que sea el fundamento para la limitación de ciertos derechos.
    El carácter polémico de este concepto de seguridad nacional se debe al hecho de que hay autores que lo entienden como una ideología o como una doctrina, es decir, un conjunto sistemático de principios, creencias y valores sobre los cuales debe ordenarse la sociedad. Otros, en cambio —entre quienes nos contamos—, le niegan tal carácter y afirman que “para la institucionalidad vigente en Chile, la seguridad nacional es un concepto. No es una doctrina, ni mucho menos una ideología”.
    El artículo primero de la Carta Fundamental —precepto que sirve de portada al texto constitucional, a la vez que preside toda su línea gruesa— señala expresamente que el Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común. Más adelante ese mismo artículo señala que, entre otros, es deber del Estado resguardar la seguridad nacional; es decir, la seguridad nacional es uno de los elementos del bien común.
    De otra parte, conviene refutar la errónea —aunque frecuente— creencia de que la seguridad nacional sería un concepto propio tan sólo del ámbito castrense y cuya responsabilidad correspondería —prioritaria o exclusivamente— a las Fuerzas Armadas. Nada más inexacto.
    El papel de las Fuerzas Armadas, en su misión de contribuir esencialmente a la seguridad nacional, va mucho más allá que la mera defensa de la integridad territorial en caso de conflictos externos, puesto que incluye la función de contribuir a Carabineros en su misión de garantizar el orden público y la seguridad pública interior; la de defender los valores permanentes de la nación y la de preservar el orden institucional de la República.
    Como acertadamente lo señala el actual artículo 101 de nuestra Constitución Política, las Fuerzas Armadas son esenciales para la seguridad nacional. Y lo son, porque es obvio que sin ellas ésta no podría garantizarse ni afianzarse. Pero la propia Carta Fundamental, en su artículo 22, señala: “Los chilenos tienen el deber fundamental de honrar a la patria, de defender su soberanía y de contribuir a preservar la seguridad nacional y los valores esenciales de la tradición chilena”.
    La responsabilidad en tal sentido recae pues en cada chileno y ninguno puede legítimamente sustraerse a su aporte respectivo. Ciertamente que ella compete de modo preferente a las autoridades y, en especial, al Presidente de la República quien, en cuanto Jefe del Estado, es el supremo responsable de su resguardo. Pero también incumbe a cada hijo de esta tierra.
    La trilogía entre las autoridades constitucionales encabezadas por el Jefe del Estado, las Fuerzas Armadas y cada uno de los chilenos sobresale así en la diversa —pero armoniosa e ineludible— responsabilidad de que la seguridad nacional se vea efectivamente preservada y fortalecida”.
    A modo de síntesis, podríamos decir que la “seguridad nacional” es un concepto —no una ideología o una doctrina— sobre el cual existen varias definiciones, entre ellas una de mi autoría: “es la calidad o condición de un Estado que le permite precaver y superar las amenazas o peligros —externos o internos— que atenten contra su supervivencia, estabilidad o desarrollo”.
    Adolfo Paúl Latorre
    Magíster en ciencia política

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.