Quisiera comentarles la idea de Pablo Longueira sobre la creación de una fundación que lleve por nombre Cuatro de septiembre para analizar los hechos del golpe de Estado de 2019 y los procesos constituyentes que le siguieron. La intuición de uno de los políticos con mayor trayectoria del país responde a un diagnóstico que vale la pena profundizar. Y es que, si no fuera por precarios equilibrios parlamentarios que en un año se van a inclinar hacia la izquierda, el cataclismo cultural hubiese terminado por arrasar lo poco que queda del Chile de los últimos 30 años. ¿Así de trágico? Sí y todo tiene que ver con el hecho de que se siguen aprobando leyes que los chilenos rechazamos en los dos procesos constituyentes. En el contexto descrito las palabras del ex Presidente Boric cobran el tono de un oráculo: “Nosotros somos la vanguardia”. ¿Por qué?
Quizás esté usted pensando que con el actual gobierno de derecha se observa un intento genuino por cambiar de signo que echa por tierra las pretensiones vanguardistas del expresidente y su séquito. Y tiene razón en materia de seguridad, economía, responsabilidad, permisología e ideología de género. Sin embargo, en el devenir más de fondo, ese que transcurre, no en el segundo piso, sino que en el subterráneo de nuestras instituciones y conciencias el cataclismo no ha perdido su fuerza. En el Congreso se sigue legislando para separar a los padres de los hijos, desigualar a ciudadanos por autopercepción racial, introducir criterios genitales que reemplazan la meritocracia en el mercado, debilitar el derecho de propiedad, quebrar con la igualdad ante la ley y atentar en contra de los derechos fundamentales. Ejemplo de ello es la discusión en torno al secreto bancario que, de aprobarse, transformará nuestra democracia en una red de extorsión gigantesca, abrirá las puertas a la persecución política que tanto fascina a los adalides de los DD.HH. y terminará por cargar la balanza en favor de la vanguardia de manera definitiva. Piense usted en lo que sucede con las campañas políticas. Actualmente, en el caso de los senadores, todo aporte que supere los $767.000 se da a conocer al público general. Y como las prácticas de matonaje están siempre del lado izquierdo, son muchos los que no se atreven a aportar por miedo a las funas, las agresiones y violencia que puedan sufrir. Imagínese lo que sucederá si levantan el secreto bancario con los ciudadanos honestos ante un Estado capturado por operadores políticos de izquierda, fuerte activismo judicial octubrista y el retorno al poder de los amigos de Fidel, las FARC, Maduro (íntimo del Tren de Aragua), Ortega, etc.
Volvamos atrás. ¿Por qué siguen avanzando leyes que explícita o implícitamente estaban contenidas en dos proyectos rechazados y son contrarias a la Constitución con mayor respaldo ciudadano- tres plebiscitos la ratificaron- de la historia del país?
Profundicemos en el carácter inconstitucional del levantamiento, vía administrativa, del secreto bancario. El artículo 19 número 4 protege el derecho a la honra y a la vida privada. La Corte Suprema y el Tribunal Constitucional han establecido que los movimientos bancarios, saldos y operaciones son parte de la “esfera íntima” de la persona. Son datos sensibles. La Constitución protege nuestra vida privada frente a terceros, incluido el Estado. Además, el inciso número 5 establece la inviolabilidad de toda forma de comunicación privada. Entonces, ¿a qué viene toda esta discusión si es abiertamente inconstitucional?
Al hecho de que el eslogan “la Constitución está muerta” repetido ad nauseam durante los tiempos octubrista, se transformó en una especie de realidad psíquica que hoy afecta seriamente la estabilidad institucional del país. O, ¿cómo se explica usted que se sigan horadando nuestros derechos fundamentales sin que el texto constitucional pueda ser invocado para su protección? Y si la Constitución está muerta, ¿qué la está reemplazando?
Quienes estudiamos los dos proyectos, el mamarracho y, en términos de Tellier, el “habilitante” del mamarracho, observamos con estupor cómo vanguardistas declarados y no declarados siguen adelante cavando la tumba de un Chile que nos evoca el derrumbe del mundo descrito por Winston Churchill: “Casi nada, material o establecido, que me educaron para creer que era permanente y vital, ha perdurado. Todo lo que estaba seguro, o me enseñaron a estar seguro, era imposible, ha sucedido”.
La Segunda Guerra Mundial fue monstruosa, qué duda cabe… pero no lo es menos la imposibilidad de distinguir a un hombre de una mujer, el asesinato de niños por nacer, viejos por inútiles o las hormonaciones y cirugías genitales a niños menores de edad bajo la excusa de que nacieron en un cuerpo equivocado. ¿Qué nos queda?
Una buena idea es apoyar la creación de la Fundación Cuatro de Septiembre, estudiar el proyecto de la vanguardia y entender qué sucedió no sólo el 18-O, sino también durante el gobierno de Boric para estar atentos y frenar el avance subterráneo del cataclismo que nos afecta. Solo así será posible aglutinar las fuerzas democráticas que se expresaron en el 62% del Rechazo y darle continuidad histórica a gobiernos que restauren la natalidad, la paz y el desarrollo.
