España se ha visto sacudida por una revelación que parecía improbable. Unas joyas de altísimo valor y encontradas subrepticiamente por la Policía Nacional durante un allanamiento en las oficinas del expresidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, amenazan con hacer colapsar al gobernante Partido Obrero Socialista Español (PSOE). El episodio podría terminar en un tsunami doméstico con repercusiones tremendas también en el plano externo.
Ocurre que el PSOE no es un partido cualquiera. No sólo ha sido protagonista de la política española desde la muerte de Franco con Felipe González a la cabeza. En 2011, Rodríguez Zapatero emergió como emblema central de su tendencia más izquierdista, la cual dio un golpe de timón, se apoderó paulatinamente de la conducción del partido y desplazó a la elite de la transición.
Zapatero subió al escenario caracterizado como un progre “buenista”, condescendiente con causas soberanistas y promotor de cuanta idea identitaria apareciera en el horizonte. No le gustaba el curso pragmático de F. González, A. Guerra y J. Solana; tampoco que éstos hubiesen hecho del PSOE un ícono de la socialdemocracia mundial. Repudiaban el acercamiento a Willy Brandt y Francois Mitterrand. Buscaban revivir los fantasmas previos a la Segunda Guerra y poner énfasis en las llamadas diferencias de clases. Por eso, los sectores nostálgicos de la ideología vieron en Zapatero su nueva estrella. Lo apodaban “Bambi”.
Hoy gobierna Pedro Sánchez, un ahijado de Zapatero. Ello obliga a pensar en las consecuencias de la actual crisis. Independientemente de cómo ocurra el epílogo del partido -sea mediante una división en grandes fracciones o pulverización o capitis deminutio-, tendrá efectos devastadores; no sólo entre quienes ven a Zapatero y Sánchez como un modelo. No sería raro un final “wagneriano”, semejante al colapso del modelo soviético.
Medios y redes sociales españoles informan profusamente de impactantes casos de corrupción en el entorno de Zapatero y de Sánchez. Sus familiares cercanos y la cúpula del partido estarían inoculados con el virus. Hay innumerables causas judiciales con distintos niveles de avance. Exministros y dirigentes procesados. Casi no pasa una semana sin que se descubran nuevas “tramas”, como denominan allá estas denuncias. La situación asemeja a un hundimiento estratégico. No es casualidad que en la esfera pública se hable por estos días de “las cloacas” del PSOE.
Dramático, y quizás fatal, el caso Zapatero ha superado todo lo imaginable. Son cuatro los delitos por los que está siendo investigado. Delitos graves.
Es fácil estimar que ha caído un mito. Hay crispación en su propia tribu ante la imposibilidad de justificar sus enigmáticas pulsiones vitales tras haber dejado el cargo en 2011. Por ejemplo, su relación con las izquierdas más extremas de América Latina.
Ocurre que, desde entonces, Zapatero se ha venido involucrando en las alcantarillas de la política latinoamericana sin que nadie sepa ni entienda cuál era su propósito. ¿Qué tantos temas han discutido con los gobiernos progre en todos estos años?, ¿qué tiene en común él con los grupos de Puebla, los Alba, los foros de Sao Paulo? Un misterio.
Las pocas veces que se expresó públicamente sobre esto, lo hizo utilizando un lenguaje vago, dejando entrever que se consideraba a sí mismo un “actor humanitario”. Decía estar en permanente contacto con Chávez y Maduro, llevando a cabo gestiones sobre derechos humanos, o bien en favor de la tranquilidad social y política venezolana y de otros países de la región. Un actor siguiendo guiones extraños. Siempre sonriente, pero demasiado sigiloso. Lo único claro eran sus frecuentes desplazamientos entre Madrid y Caracas.
Cualquier observador tomaba con extrañeza, por ejemplo, sus apariciones en escenarios de negociación entre dirigentes bolivarianos y aquellos representantes de países occidentales que creían en las palabras de Maduro, aunque manteniendo un discreto segundo lugar. Eran frecuentes sus asistencias a estos conciliábulos. Transmitía bonhomía. Parecía un arcángel.
El destino ha querido que ahora se sepa un poco más de aquellas andanzas. Todo, debido a una solicitud de la justicia suiza.
Había indicios de labores de lobby en favor de Maduro y las preguntas suizas se relacionaban con su posible intervención en un millonario plan de salvataje de una aerolínea “madurista”, llamada Plus Ultra, ejecutado por el gobierno español. La línea estaba aparentemente quebrada, pero Zapatero y sus hijas habrían cobrado millonarias comisiones por su gestión.
Lo más sabroso de toda esta historia ocurrió el 19 de mayo, cuando la Policía Nacional, atendiendo una solicitud del juez José L. Calama, allanó sus oficinas ubicadas en calle Ferraz 35, a pocos metros de la sede del PSOE en Madrid. Ahí, “la trama” se llenó de simbolismo.
Los policías encontraron, desde luego, antecedentes para abrir nuevas pistas de investigación. Y bastante más.
Aparecieron anotaciones manuscritas sobre presos políticos venezolanos, una posible futura amnistía de éstos y datos sobre elecciones en Venezuela. Referencias oscuras a compras de barriles de petróleo. También datos inconexos -aún- sobre las vinculaciones de empresas de sus hijas con el suministro de alimentos en Nicaragua y en la propia Venezuela. Señales de un interés más amplio en esos países. Sin embargo, allí se produjo un hallazgo inaudito. Los policías se tropezaron con una caja de fondos.
En su interior había sorprendentes objetos de lujo, los cuales, por sus características, han cambiado el curso de los acontecimientos políticos y las investigaciones judiciales. Eran joyas, colgantes, collares, relojes, aros y anillos de dudosa procedencia. Se ordenaron pericias.
Justo en ese momento apareció el infaltable fantasma de la desesperación; ese que suele no ser buen consejero. Su secretaria y amigos corrieron presurosos a medios de prensa con justificaciones diversas. Ella dijo que eran “herencias familiares”. Un amigo aseguró que se trataba de regalos producto de sus innumerables viajes. Al ver que las versiones sólo complicaban la situación, otro conocido intentó poner paños fríos y deslizó que eran simples ornamentos familiares. En su opinión, las 103 piezas no sumaban más de 30 mil euros. Le faltó poco para decir que Rodríguez Zapatero era un simple coleccionista de baratijas.
La sorpresa mayor provino de la tasación. Se trata de piezas finamente elaboradas y de muy alta gama… Collares, gargantillas y pulseras de oro blanco, esmeraldas de Zambia, zafiros de Tailandia, rubíes y diamantes. Su avalúo preliminar, un millón 300 mil euros.
La mirada judicial será entonces necesariamente más inquisidora. ¿Qué diablos tiene que ver todo esto con Maduro, con Plus Ultra y con cuestiones humanitarias en Venezuela?
Lo único claro es que el otrora ícono de las expresiones más woke del PSOE, está arrastrando a todo su partido a un colapso de dimensiones que bien podrían ser colosales. Es muy paradojal lo ocurrido. El destino ha querido que se encuentre una caja fuerte llena de joyas de lujo en la oficina de un político considerado una alhaja viviente de su partido; el cual -y ello no puede pasar inadvertido-, lleva la palabra “obrero” en su denominación.
Goethe diría: “Mefisto ya lo tiene sentado en el sofá”.

Qué increíble y tanto Zapatero como el Psoe son profesores de la ultra izquierda latinoamericana……..Un cinismo a escala mundial