Un gobierno que deroga insensatas leyes, simplifica procedimientos, elimina burocracias excesivas y reduce el tamaño del Estado, buscando promover la eficiencia en el uso de recursos públicos, despeja el camino para un mayor crecimiento económico y para la multiplicación de oportunidad. Pero también avanza los ideales liberales que promueven la libertad de las personas y restringe el poder del Estado sobre la vida de los ciudadanos.
Por muchos años, la derecha chilena ha predicado la defensa de valores liberales asociados a la libertad individual. La libertad ha sido un concepto que siempre ha estado en el centro del discurso de los candidatos de la derecha chilena. Pero cuando ha sido gobierno, la derecha muchas veces se ha olvidado de la libertad y ha caído en la tentación de querer regular en exceso la vida de las personas. En sus dos gobiernos, el Presidente Piñera creó tres ministerios —Medio Ambiente en 2010 y Ciencia, Tecnología e Innovación en 2018. Piñera, y la derecha en su conjunto, también impulsó la creación del Ministerio de Seguridad—. Como la creación de cualquier nueva burocracia estatal inevitablemente resulta en más puestos de trabajo en el sector público, más regulaciones y más papeleos, el discurso derechista a favor de reducir el tamaño del Estado y de eliminar la burocracia —el discurso contra la permisología— no se condijo con la realidad de haber contribuido a hacer más grande y burocrático el ya ineficiente aparato estatal.
Si los partidos de la derecha tradicional esperan recuperar la confianza de las personas y volver a ser electoralmente competitivos, deberán partir por hacer un mea culpa por su abandono de los valores liberales y su remplazo por las malas prácticas de tantos partidos políticos que ven al Estado como una agencia de empleos para sus militantes y aliados políticos.
Pero los valores de la derecha liberal —aquella que cree en las libertades de las personas— también pasan por evitar seguir haciendo crecer el complejo entramado de leyes que regulan demasiados aspectos de la vida de las personas y de la actividad económica que no debieran estar regulados. Los liberales de verdad no logran entender por qué el Estado debe restringir las libertades de los ciudadanos al establecer feriados obligatorios o al regular actividades que bien pudieran ser reguladas por la demanda y la oferta. Así como los liberales creen que el Estado no debiera meterse en la cama de los ciudadanos, los liberales también debiesen oponerse a que el Estado meta la mano todo el tiempo en el bolsillo y la billetera de los ciudadanos. Es cierto que se necesitan impuestos para financiar las actividades esenciales que debe hacer el Estado, pero cualquier liberal debiera incomodarse cuando el Estado financia actividades que debieran dejarse a la voluntad de la mano invisible del mercado.
Otra de las áreas en que los liberales a menudo traicionan sus principios es en la creencia que, para cada problema que tiene el país, hay un proyecto de ley que debiera ser promulgado como ley de la república. Entre 1990 y 1994, en Chile se promulgaron 322 leyes. En los sexenios de Frei y Lagos, se promulgaron 372 y 428, respectivamente (los promedios anuales más bajos de todo este periodo democrático). En sus primeros gobiernos, Bachelet y Piñera promulgaron 330 y 310 leyes. En sus segundos periodos, Bachelet promulgó 324 leyes y Piñera promulgó 372 (varias de ellas asociadas al estallido social, proceso constituyente y pandemia). En sus cuatro años, Boric promulgo 375 leyes. Si bien el número de leyes sigue siendo más bajo que lo que se observó en el periodo pre-1973 (2.212 leyes con González Videla, 2.268 con Ibáñez, 2.663 con Alessandri, 1.485 con Frei Montalva, y 757 en los tres años de Allende), la tendencia al alza en el número de leyes confirma esta ilusa creencia que, para cada problema, hay una ley que puede traer mágicamente una solución.
El gobierno del Presidente Kast ha anunciado el retiro de varios proyectos de ley, decretos y otros ordenamientos legales. Eso constituye un paso en la dirección correcta. Pero el gobierno debiera hacer un gesto más claro para demostrar sus creencias liberales y debiera buscar derogar leyes que ayuden a promover el principio liberal de que el Estado debiese evitar intervenir en áreas y actividades que son reguladas mejor por el mercado y en dimensiones de la vida en que las personas debiesen ser libres para tomar sus propias decisiones.
El gobierno del Presidente Kast tiene una inmejorable oportunidad para demostrar que abraza valores y principios liberales. Si se atreve a identificar leyes que deben ser derogadas para promover las libertades individuales, el gobierno dará un gran paso en la dirección correcta. Si, en cambio, cae en la tentación de creer que los problemas de la sociedad se solucionan con más intervención estatal, las ideas liberales que ha predicado el gobierno volverán a ser desplazadas por esa tentación estatista en la que han terminado cayendo los gobiernos anteriores.

Quizás sería conveniente que los partidos de derecha liberal qué ya gobernaron dos veces, propongan un paquete de leyes a derogar
Totalmente de acuerdo
De acuerdo.
Este es un gran tema, que se puede desarrollar como parte del paraguas de “emergencia”. En general todas las áreas del estado se benefician de un sistema de derogación ágil de leyes.Es una vía indirecta también de reducir gastos. Impulsó al crecimiento y un mejor vivir para los ciudadanos. Mientras más leyes, más corrupcion lamentablemente, y donde mires la hallas.