Pocas cosas nuevas pueden decirse sobre el arrollador triunfo de José Antonio Kast. Quedó demostrado que el republicano logró encarnar aquella demanda por estabilidad que Ana María Stuven describe en su libro “La seducción de un orden”. A nuestros amigos pertenecientes a una izquierda más militante, campeones del activismo en redes sociales y de la pureza moral, se les podría responder lo siguiente: el votante de Kast no es peor que ustedes, sólo quiere seguridad, paz y salir adelante. Esa demanda tan básica tiene hondas raíces en nuestra historia, y el futuro Presidente tendrá el mandato de reponer las condiciones para que dicho anhelo sea posible.
Por ahora, Chile no se ha vuelto conservador o reaccionario. Las coordenadas parecen ser otras: el pueblo decidió confiar en un proyecto liderado por conservadores, gremialistas y pragmáticos que supieron articular una propuesta política con vocación de mayoría. Ese relato logró dar con el nervio medular que está haciendo sufrir a los ciudadanos. Mientras buena parte de las élites políticas y académicas se desentendieron de los territorios, el Partido Republicano hizo un trabajo de bases. La candidatura de Kast no fue la apuesta por una figura bien posicionada en los sondeos. Quienes pensaron que eso podía funcionar estaban cegados por un tecnicismo apolítico que ha dañado a sectores de centroderecha y centroizquierda.
En este caso, el camino fue distinto: Kast y sus equipos supieron comprender que la carrera era de largo aliento. Por eso, comenzaron con la creación de un centro de estudios y con la formación de jóvenes, luego con la consolidación de un partido con una doctrina orientativa, y, finalmente, compitieron en todas las instancias. Los buenos resultados en la elección de Consejeros Regionales en 2024 -menospreciada por gran parte de los analistas- anticiparon una nueva aproximación hacia los sectores postergados. Poco a poco se hacía manifiesto un enlace con grupos de la población corroídos por la delincuencia, la inmigración descontrolada y la compleja situación económica. Ese enlace se volvió a comprobar en la elección parlamentaria y en la presidencial. Véanse al respecto las cifras en Colchane: el 93,81% de sus habitantes votó por la derecha.
Este escenario, sin embargo, no refleja que se haya consumado una especie de revolución cultural en la población. Sería demasiado presuntuoso, apresurado y probablemente erróneo sostener una tesis similar. Lo que sí parece aflorar es una interpretación que concibe al conservadurismo como garante del orden. Diga lo que se diga, en Chile han sido gobiernos con talante conservador los que han afiatado la estabilidad institucional. Ahí aparecen Diego Portales, Andrés Bello y Manuel Bulnes, pero también la autoridad presidencial de Arturo Alessandri, Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos. Esa sabiduría práctica que emerge del pueblo chileno en momentos de crisis tiene presente que cualquier agenda de derechos necesita estabilidad y paz. Y es razonable, porque esto se manifiesta incluso a nivel individual: si perdemos el horizonte por excesos, siempre llega un punto en el que intentamos enmendar el rumbo.
En esa línea, el orden que demanda la ciudadanía se sustenta en banderas que el Partido Republicano enarbola eran impopulares. Pese al clima de opinión adverso, tanto Kast como sus segundas líneas defendieron la centralidad de la familia, la costumbre y el respeto a la ley. Porque el progresismo es insostenible sin bases prepolíticas y nunca las podrá garantizar por sí solo. El Presidente electo lo sabe tanto como el chileno promedio. De hecho, lo mencionó en su discurso al hablar de las “pequeñas acciones”: sin instituciones asentadas en prácticas sociales virtuosas no hay vida social posible. El respeto que nos inculcaron nuestros abuelos, la obediencia a los padres, devolver lo que no nos corresponde y respetar al prójimo son algunos ejemplos. Desde ese tipo de conductas casi silvestres surge nuestra seducción criolla por el orden. Eso explica por qué cuando las cosas empeoran, volveremos una y otra vez a lo que nos ha funcionado antes.

Me parece que se saltó un periodo largo y fructífero de orden en nuestra historia………….