exportaciones
FOTO:VICTORPEREZ/AGENCIAUNO.

De acuerdo con lo informado recientemente por la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, en el año recién pasado las exportaciones del país rozaron los US$ 95 mil millones (una contracción del 3,7% comparada con las de 2022). Pero mientras las exportaciones de commodities -cobre, litio y celulosa- experimentaron caídas, las exportaciones no tradicionales marcaron un récord de envíos (un total de US$ 43.663 millones), registrando su valor histórico más alto y superando levemente al de las exportaciones de cobre. Destacan las ventas al exterior del sector frutícola que alcanzaron en 2023 su propio récord. También las exportaciones de servicios -que hace apenas unos años no registraban actividad-, con un incremento de un 51% respecto del año anterior.

El trienio 2021-2023 es de lejos el de mayor volumen de exportaciones de la historia de Chile, lo que se ha producido -no cabe olvidarlo- después de la revuelta social de 2019, que por momentos pareció que resentiría seriamente la economía, a lo que siguió la grave pandemia que paralizó el país por meses. Todavía más, ese alto rendimiento se alcanzó a pesar de la intrincada permisología a la que se enfrenta buena parte de los proyectos e inversiones y, incluso, mientras se elaboraban sendos textos constitucionales que hicieron cundir la incertidumbre en el país.

Miles de pequeñas, medianas y grandes empresas han hecho su trabajo incansable a lo largo y ancho del país para acumular entre todas la exportación anual -como proporción de la población- más elevada de América Latina. Notablemente, casi el 93% de las exportaciones no tradicionales se dirigieron a mercados con los cuales Chile ha suscrito acuerdos comerciales. Se trata de un caso ejemplar en el que el sector público y el sector privado han trabajado de la mano para el logro de resultados extraordinarios en beneficio del país.

Superar la cifra de US$100 mil millones de valor de nuestras exportaciones -podría ser este año o el próximo- nos debería reconciliar con la idea que Chile puede, a pesar de todo, alcanzar el desarrollo de la mano de un sector exportador resiliente que trabaja sin descanso compitiendo en los mercados más exigentes. El desafío es enorme: aproximarnos al nivel de exportaciones de los países desarrollados implica incrementar con mucho -incluso hasta duplicar- el que ya hemos alcanzado tan trabajosamente. Nos tomó una docena de años pasar de 50 mil a 100 mil millones de dólares. ¿Cuánto nos tomará volver a duplicar nuestras exportaciones? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que si lo hiciéramos Chile se convertiría en un país desarrollado (casi no hay mejor correlación que el volumen de exportaciones -como proporción del PIB- y el nivel de desarrollo de una nación).

Solemos convencernos de lo contrario, pero la meta del desarrollo no es imposible ni mucho menos, como nos lo enseñan esos miles de exportadores que no dejan de producir e innovar en el último rincón del mundo. Lo hacen con un nivel de intensidad que no se compara con ningún otro país de la Región. Son la otra generación dorada de chilenos, menos publicitada, pero cuya importancia es difícil de exagerar. La interrogante es si el sistema político va a cumplir el rol indispensable que le corresponde en la tarea de impulsarnos al desarrollo o cargará con la pesada responsabilidad de empujarnos, como lo ha venido haciendo en la última década, a la ominosa trampa de los países de ingreso medio.

De momento, la respuesta la conocemos todos, incluso los incumbentes. Que no vayan a decir después que no sabían.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

Participa en la conversación

1 Comment

  1. Muchas gracias, que interesante y motivadores datos de una realidad no siempre bien difundida ni menos así contextualizada. Reconforta el ánimo ante tanta mediocridad diaria.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.