AGENCIAUNO

Una de las características más importantes de la política en Chile es la relevancia que han ido adquiriendo los estudios de opinión pública, es decir, las famosas encuestas. Se podría decir que existen varias y diversas, y que la percepción sobre ellas varía, más que por su calidad intrínseca, por la consistencia con las propias opiniones. La encuestitis nos muestra que apoyamos aquellos estudios que piensan lo mismo que nosotros y nos disgustan las que no dan buenas noticias (en el mundo político esto es evidente). Por lo mismo, los analistas, los comandos, los ministros y parlamentarios, y hasta el ciudadano común, muchas veces hacen un agudo análisis de la realidad, y en otras oportunidades realizan adaptaciones de los datos o interpretaciones que distan de la realidad.

En este contexto, resulta muy interesante la noticia de que se ha realizado una vez más la encuesta Bicentenario UC, iniciativa surgida el año 2006 cuando el rector Pedro Rosso dirigía la Universidad Católica. El estudio tiene la ventaja de su continuidad en el tiempo y de la consistencia de la información, que permite analizar algunos temas en el largo plazo: la evolución del pensamiento y actitud religiosa, la visión sobre el Estado o la convivencia nacional, el patriotismo y temas como la imagen de diversas instituciones (las Fuerzas Armadas, Carabineros, las universidades y las instituciones políticas). Por cierto, esto se suma al aporte que hacen tantas empresas en los procesos electorales, en estudios específicos sobre la política o el comercio, así como otras investigaciones que nos ayudan a tener antecedentes sobre la sociedad en la cual vivimos, así como acerca de las ideas y percepciones de la ciudadanía y los consumidores.

Me parece que los temas públicos merecen un análisis serio en dos claves de tiempo. Una, evaluando la evolución de la opinión pública a través de los años, sin que sea tan relevante lo que pase de un mes a otro o de un año a otro. En cambio, cobran interés las grandes tendencias que se dan a través de varios años, de manera que puedan reflejar un cambio relevante de las tendencias o bien la continuidad de la percepción ciudadana sobre algún tema. La segunda clave es focalizar muy bien el análisis en un momento específico: el comienzo de la encuesta, el Bicentenario, la crisis del 2019, el momento constituyente o cualquiera que muestre una situación crucial en el país. En esas instancias cambian las prioridades, los sentimientos, las percepciones, los afectos y desafectos.

En la práctica, esas formas de análisis de los temas se cruzan, y las grandes tendencias tienen cierta lógica que se ve interrumpida por hitos como las protestas del 2011, la revolución de octubre de 2019 (un acontecimiento que mostró aceptación o justificación de la violencia que en otros momentos), así como permiten ilustrar las contradicciones de los diferentes tiempos políticos. Así, por ejemplo, en noviembre de ese mismo año el cambio de Constitución emergió como uno de los tres problemas más importantes de Chile, tiempo después se produjo una gran decepción al respecto y hoy aparece muy poco entre las preocupaciones de los chilenos. El caso inverso se puede apreciar con temas como la seguridad o la situación económica, que estos últimos dos años han llegado a tener una alta prioridad entre las inquietudes de las personas.

¿Qué nos dice la encuesta Bicentenario UC? Han ido apareciendo algunas informaciones esta semana, que pueden ser miradas con atención, esperando la liberación de la totalidad del estudio. De partida, aparece con claridad el aumento de la percepción sobre la corrupción: a la pregunta “¿cuánta corrupción cree usted que hay en Chile hoy?”, el 81% sostiene que mucho, frente al 62% que pensaba lo mismo en 2015. El aumento tiene que ver con el destape de ciertas situaciones, así como la percepción del agravamiento de la crisis en algunas organizaciones o la difusión de ciertos casos de gran connotación pública. La desconfianza en las instituciones es preocupante, y los datos son ilustrativos: los partidos políticos tienen una valoración del 3%, el gobierno un 11% (era un 7% en 2021), los tribunales un 10% y los parlamentarios han llegado al 1% este año, una cifra impresionante, si bien han tenido una mala evaluación desde hace algunas décadas. Entre las instituciones bien consideradas, de manera habitual emergen las universidades, que despiertan la confianza del 55% de los encuestados y han estado sobre 40% desde 2021. Por último, podemos mencionar una interesante evolución en ciertos casos, cuyos cambios en la confianza de la gente -entre los años 2021 y 2025- merecen una revisión muy seria, que responde a las transformaciones sociales o las circunstancias políticas de los últimos años: las Fuerzas Armadas pasaron del 20% al 39% de confianza; Carabineros lo hizo desde el 17% al 39%; las empresas subieron del 11% al 17%. Este fenómeno es elocuente: mientras la legitimidad de los órganos representativos se desploma, la legitimidad del orden se fortalece como respuesta a las prioridades ciudadanas.

Una mención aparte merece la situación de la Iglesia Católica. Desde que comenzó la encuesta en 2006, Chile ha continuado el proceso de secularización que ha experimentado en las últimas décadas. Algunas cifras así lo demuestran: a la pregunta “¿Qué religión profesa?”, en 2007 el 70% respondía “católica”, cifra que fue descendiendo progresivamente (63% en 2010, 58% en 2018 y 42% en 2021 y 2024). En la población joven se produjo un importante cambio, que se reflejó con particular fuerza en 2022, cuando por primera vez los que declararon no tener religión alguna superaron a los católicos (41% contra 36%). En un aspecto que no es estrictamente religioso, pero está relacionado: en la pregunta “¿cuánto confía en las instituciones que le nombraré?”, la confianza en la Iglesia Católica pasó de un magro 12% en 2021 al 22% en 2025, en una sistemática recuperación.

Las encuestas deben ser miradas con prudencia, inteligencia, de manera sistemática e integrada. Es absurdo dar excesiva credibilidad a una sola encuesta, así como quedarse solamente con la información de un momento específico. En materia política, por ejemplo, es preciso mirar la película y no solo una foto del momento, como ha podido apreciarse con claridad este año electoral, cuando algunas candidaturas caen y otras crecen, lo que solo es posible observar si lo miramos en el tiempo. La segunda prevención que conviene hacer es la necesidad de integrar varios estudios, ver las consistencias que tienen y las diferencias entre ellos. Es probable que la repetición de información y de datos sea una buena prueba de la realidad, esto es de la forma como los ciudadanos están observando un determinado minuto histórico.

Por lo mismo, no hay que exagerar la importancia de las encuestas ni tampoco minusvalorarlas. Simplemente es necesario ponderarlas adecuadamente, como un gran instrumento de información, que es preciso mirar con atención, aunque no favorezca la propia visión de la realidad. Y con ello, podemos aprovechar un excelente instrumento de información y mejor conocimiento de la realidad nacional.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

Participa en la conversación

1 Comment

  1. Interesante. Yo haría una distinción entre estudios que miden tendencias a largo plazo, como encuesta UC y quizás CEP, de encuestas electorales que tienen una vida corta y le cambian los personajes y el tipo de eleccion en forma muy rápida.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.