eutanasia

Boric quiere terminar su gobierno dejando aprobados o avanzados proyectos de ley que promueven una cultura de la muerte contra los más vulnerables de nuestra sociedad, como son los niños no nacidos y los enfermos o adultos mayores. El aborto y la eutanasia son acciones que atentan contra la dignidad humana. Sin embargo, algunos se quedan tranquilos con tal de asegurarles su calidad de objetores, es decir, da lo mismo que se apruebe porque personal o institucionalmente puedo objetar.

Un ejemplo, advertencia y recordatorio es lo que ocurrió con la ley de aborto de 2017. La negociación, porque eso fue, implicó canjear las tres causales por la objeción de conciencia personal e institucional. Luego de la dictación del reglamento sobre objeción de conciencia pasaron solo cinco años y el actual Gobierno comenzó a modificar las normas para hacer más difícil oponerse, antecedidos por una campaña académica y activista que no dio tregua. Es de la esencia de este tipo de agendas que una vez logrado su primer objetivo, avanzan en ampliar su extensión y luego en crear mecanismos de persecución para impedir gradualmente su oposición. Una vez que se abre la puerta, cuesta muchísimo volver a cerrarla, porque los promotores consideran que se trata de victorias democráticas y avances civilizatorios escritos en piedra.

Esto no puede ocurrir con la eutanasia. No se puede repetir una negociación en materia de bienes no negociables. La eutanasia no se puede aprobar porque implican legitimar el asesinato de una persona inocente, y no porque se excluya a su respecto la objeción de conciencia, sea personal o institucional. Invertir el orden es conceder el punto principal de la discusión y luego es muy difícil retroceder. Lo mismo ocurre con los cuidados paliativos y si se establecen o no como un requisito previo. Son cuestiones accidentales, porque matar a una persona, aun con su consentimiento, siempre será un acto inmoral independiente de si antes recibió o no una atención especial. No hay condición, requisito o exigencia que pueda hacer cambiar de opinión a quien está convencido de la inhumanidad que significa la eutanasia.

Muchas personas o instituciones cristianas, especialmente políticos, doctores, universidades, empresas, etc. pueden considerar que se trata de una forma de salir jugando. El peligro de considerar la vida humana como una transacción más de la política de los acuerdos es que puede confundir la intención del opositor: ¿privilegia el rechazo de un proyecto de ley injusto, aún a costa, como menciona San Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae (Nº74), de grandes, costosos y dolorosos sacrificios personales, profesionales, institucionales o económicos? ¿O, en cambio, la verdad es que su oposición es transaccional mientras él y/o su institución queden resguardados? 

La objeción de conciencia no es una moneda de cambio.

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