AGENCIAUNO

Tras una campaña pletórica en falsedades acusando a la candidatura del Presidente electo de querer eliminar beneficios sociales, la PGU, las 40 horas, de ser un peligro para la democracia, de ser fascista y un largo etcétera, el país dijo basta de este gobierno y de ideas de ultraizquierda, brindándole a José Antonio Kast y a las ideas de la libertad una aplastante victoria en todo Chile. 

Según los últimos datos del Servel, Kast obtuvo el 58,25% de los votos vs el 41,75% de Jara, pero lo más impactante es que Kast ganó en todas las regiones del país sin excepción y por importantes diferencias, siendo particularmente destacable que, en el norte, normalmente pro-izquierda, Jara no obtuvo ninguna victoria. Y quien también perdió por paliza fue Parisi y su anunciado 75% de votos nulos del PDG, pues solo hubo un 5,85% en todo Chile.

Conocidos tempranamente los resultados, el Presidente Boric llamó a felicitar al Presidente electo José Antonio Kast y el mundo siguió admirado esa llamada que le hizo honor a nuestras tradiciones republicanas.

Pero bastó que pasaran 24/48 horas de su triunfo y la izquierda partió criticándolo. No por algo que haya hecho en el ejercicio del poder -que aún no ejerce- sino por gestos, saludos y viajes que en cualquier democracia forman parte de la normalidad política.

Bastó que Benjamín Netanyahu lo felicitara públicamente para que saltaran las críticas y demandas para que se mantenga la política de Boric hacia Israel, como si ésta no hubiera causado suficientes problemas a nuestras instituciones de defensa. No les importó que se tratara de una formalidad diplomática básica. 

Algo parecido ocurrió con su viaje a Argentina. Que Kast cruzara la cordillera para reunirse con el Presidente Milei fue muy criticado. Se analizó más el simbolismo que el contenido, más la foto de la motosierra que el sentido del viaje. Lo calificaron de inoportuno y apurado, sin tomar en cuenta la importancia de nuestra relación con Argentina y de actuar sin demora, antes del inicio del gobierno de emergencia.  

Pero el episodio más revelador no es ni Netanyahu ni Milei, sino la rapidez con que volvieron los llamados a la movilización. A protestar contra un gobierno que aún no existe. A salir a la calle contra políticas que todavía no se anuncian. La consigna parece ser resistir y marchar antes de conocer, oponerse antes de empezar.

La derecha tiene una oportunidad histórica de demostrarle al país que las ideas de la libertad son muy superiores a las ideas de la ultraizquierda, que tanto daño y miseria han provocado en donde gobiernan. Por eso mismo, es fundamental que al gobierno le vaya bien; que lo haga bien, y que las expectativas se transformen en esperanza, porque no será nada fácil. Y si alguien cree que veremos resultados instantáneos, se equivoca.

Hay muchos problemas que solucionar y por supuesto, el Presidente y sus ministros requieren contar con un equipo de gente de su máxima confianza para poder gobernar. Sin embargo, el actual gobierno pretende dejar amarrados los cargos públicos a contrata a través de una norma transitoria que impide realizar despidos por necesidades del servicio, sino que a través de un acto administrativo fundado, con hechos y argumentos jurídicos específicos, lo que le impediría al Presidente Kast nombrar personas de su exclusiva confianza, que es lo que hacen todos los gobiernos entrantes.

Esto es inaceptable y nunca antes se había hecho algo similar, lo que deja la sensación que existe una clara intención de entrabar la gestión del nuevo gobierno, pues comprenderá el Presidente Boric que tener que gobernar con personal afín a su gobierno, con affectio societatis a sus ideas, es inviable. Si Boric no elimina esa norma, su público llamado tan aplaudido dejará la sensación que lo hizo simplemente como un acto de crear para si una imagen internacional de estadista. Esperemos que lo haga por el bien de Chile.

La tarea del futuro gobierno no es solo de quienes dirigirán el país; es tarea de todos quienes creemos en las ideas de la libertad, pues todos tenemos que ayudar a que le vaya bien cualquiera sea la trinchera donde podamos colaborar; ya sea en nuestros puestos de trabajo, opinando en redes sociales, escribiendo en la prensa, rebatiendo injustas críticas, oponiéndose a protestas injustificadas, defendiendo socialmente nuestras ideas, haciendo bien las cosas que cada uno tiene bajo su responsabilidad o simplemente tratando dignamente a la gente.

Este triunfo ha sido el más grande electoralmente hablando de la derecha chilena. Por eso mismo, no se puede desperdiciar esta oportunidad única. Hay que arremangarse las mangas y salir a trabajar con energía y esperanza, dándolo todo para volver a ser grande a Chile y para que en cuatro años más, José Antonio Kast le entregue la banda presidencial a alguien de nuestro sector. 

Si así lo hacemos, la derrota cultural de la izquierda será aún mayor.

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