Ha dado vuelta al mundo la reciente noticia de que la empresa Colossal Biosciences ha logrado reproducir tres lobos modificados genéticamente, para que expresen características similares al extinto lobo gigante o lobo “huargo”. Los cachorros Rómulo y Remo y su hermana Khaleesi, viven en una gran reserva en Estados Unidos, protegidos de visitas externas. Si bien la información inicial era que habían logrado “desextinguir” al lobo gigante, especie desaparecida hace más de 10.000 años, lo correcto es señalar que han logrado introducir algunos genes de este antepasado en células de su “primo” cercano, el lobo gris. Estos genes han sido cuidadosamente seleccionados para que los cachorros así creados puedan aullar, tener el tamaño y las características del pelaje del animal ya extinto, sin que necesariamente se conviertan en una nueva versión del antepasado.
En síntesis, el proceso científico consistió en obtener ADN de fósiles antiguos (entre 11.500 y 72.000 años), establecer cuáles son los principales genes involucrados en las características que querían recuperar, para luego introducir estos genes en embriones de lobos grises mediante una tecnología de edición genética llamada CRISPR-Cas9. Finalmente, estos embriones se transfirieron a hembras caninas quienes actuaron como “gestantes sustitutas”.
No obstante este “pequeño” detalle técnico, puesto que este avance no es en realidad una “desextinción”, sino que más bien una modificación genética de los lobos grises, vale la pena reflexionar sobre las consideraciones éticas que hay detrás de estos intentos de volver a la vida a especies ya extintas, especialmente si desaparecieron hace miles de años. Cabe señalar que esta empresa ya ha producido ratones modificados genéticamente para que expresen el pelo típico de un mamut y pretenden avanzar hacia otras especies ya extintas, como el tigre de Tasmania o el gran ave dodo.
En primer lugar, debemos pensar en el bienestar de los animales así creados, especialmente si éstos se encuentran con un ambiente sustancialmente distinto de aquél en el cual vivieron. ¿Serán capaces de reproducirse?, ¿se les dará la libertad para cazar según el instinto de su propia especie? ¿podrán vivir en manada? Según informa Collosal, estos ejemplares estarán de por vida en un ambiente protegido, sin que logren desarrollar del todo sus aptitudes de animal silvestre, puesto que son alimentados por sus cuidadores humanos, incluso con pellets especiales, y no tendrán la posibilidad de cazar como lo hacían antaño. Sólo un seguimiento cuidadoso podrá dilucidar si esta edición genética tuvo repercusiones en su salud física, expectativa de vida y comportamiento.
Otra consideración se refiere al impacto ecológico que puede haber al introducir estas nuevas especies en otros ambientes. Si bien la empresa ha señalado que los mantendrá protegidos en esta reserva e imposibilitados de escaparse, sabemos que no siempre es posible garantizar aquello. La historia científica está llena de ejemplos de especies recién introducidas que se convierten en especies invasoras; por ejemplo, una mascota exótica se escapa y se multiplica, diezmando las especies nativas.
Asimismo, hay un conflicto ético respecto de invertir grandes sumas de dinero en hacer estos esfuerzos por “revivir” animales ya extintos, y no tener la misma preocupación por disminuir el daño que hacemos a las especies actuales. Si bien la compañía ha señalado que también está investigando cómo usar esta tecnología para evitar la desaparición de más especies, es poco probable que un esfuerzo así tenga resultados a gran escala. Da la impresión que estos cachorros han sido utilizados como meros instrumentos en un proyecto de investigación de beneficio aún poco claro. No obstante, otros, como Jay Odenbaugh, han planteado que estamos obligados a hacer estos intentos basándonos en la justicia reparadora y la conservación de la biodiversidad, puesto que muchas de las extinciones han sido ocasionadas por el hombre.
Finalmente, como todo avance tecnológico (y este sin duda lo es), llama la atención que a la fecha de darse a conocer el nacimiento de estos cachorros aún no existan publicaciones científicas que respalden estos hallazgos y que permitan conocer en mayor profundidad hasta qué punto estos animales se asemejan o no al lobo huargo. Porque, convengamos, que los ratones lanudos cual mamut, ¡siguen siendo ratones!
