Nunca es bueno involucrarse en problemas en lo que uno tiene nula capacidad de contribuir a solucionar. El Presidente electo José Antonio Kast debería evitar tomar partido a favor de una intervención militar que derroque a la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Precisamente porque ese intento pudiera fracasar, o porque el derrocamiento de Maduro pudiera generar una inestabilidad mayor en ese país que resulte en un aumento de la ola de migrantes venezolanos a Chile, Kast debiera centrar su política internacional exclusivamente en defender los intereses de Chile. Optar por convertirse en un paladín de la promoción de valores democráticos por el mundo es un error que ya cometió el Presidente Gabriel Boric y que no debiera repetir el Presidente electo.

En su visita a Argentina, Kast respondió ante el posible uso de la fuerza por parte de Estados Unidos para derrocar a Maduro diciendo que estaba abierto a apoyar “cualquier situación que termine con una dictadura». Si bien Kast aclaró que “claramente no podemos intervenir en eso porque somos un país pequeño (…) si alguien lo va a hacer, que tenga claro que nos soluciona a nosotros y a toda Latinoamérica, a toda Sudamérica, un problema gigantesco».

La segunda parte de su declaración es parcialmente cierta. La crisis migratoria venezolana ha creado un problema gigantesco. Pero no es evidente que el derrocamiento forzoso de la dictadura en Venezuela solucione el problema migratorio. Equivocadamente, Kast asoció el derrocamiento de Maduro con el fin de la crisis migratoria. Cometiendo el mismo error que cometió Boric cuando aseveró que no había nada peor que la dictadura de Pinochet, Kast sugirió que cualquier alternativa en Venezuela es mejor que el statu quo. Así como los chilenos mayoritariamente decidieron que la propuesta de Constitución de la primera Convención Constitucional era mucho peor que la Constitución vigente, bien pudiera ser el caso que, de caer el régimen de Maduro, la crisis migratoria empeore, al menos en los próximos años. Si eso ocurre, Kast deberá cargar con el costo de haber apoyado un plan sobre el que él tenía nula capacidad de influir en su diseño o en su ejecución. Es de esperar que la situación en Venezuela evolucione para mejor, pero hay buenas razones para desconfiar de la disciplina, rigurosidad y planificación que haya hecho una Casa Blanca política que se ha caracterizado por la improvisación y las amenazas que luego no se materializan. Recordemos que, en materia arancelaria, se ha instalado el concepto de que Trump siempre retrocede en sus amenazas (TACO trade: Trump ALways Chickens Out).

Pero el principal problema con las declaraciones de Kast en Argentina está en la voluntarista actitud de creer que su primer objetivo es defender la democracia en el mundo. El Presidente de la República siempre debe defender los intereses de Chile. Esos intereses ciertamente pasan por tener relaciones de cooperación y amistad con Estados Unidos, la principal democracia del mundo. Eso por cierto no implica abandonar nuestra política a favor del libre mercado y contra el proteccionismo ni tampoco supone acompañar a Washington en todas sus decisiones sobre acciones militares. Boric se apuró demasiadas veces en creer que su misión era defender la democracia en el mundo en vez de defender los intereses de Chile. El Presidente electo parece estar cometiendo el mismo error al aseverar que apoya cualquier situación que termine con una dictadura. Si esa situación implica un bombardeo al palacio de gobierno de Miraflores en Caracas, el costo político para Kast en Chile será incalculablemente alto.

Para empeorar las cosas, irreflexivamente, el Presidente Trump declaró que la operación militar continuará hasta que Venezuela devuelva todo el petróleo, la tierra y los otros activos que “previamente nos robó”. Esas declaraciones alimentan las acusaciones de que las acciones militares de Estados Unidos esconden objetivos neocolonialistas. Incluso los venezolanos que se oponen a Maduro deberán oponerse a la sugerencia que el petróleo venezolano es propiedad de Estados Unidos. Las implicaciones de la declaración de Trump sobre la propiedad del cobre, el litio y los otros recursos naturales que tienen Chile y otros países de la región abren un debate que parecía cerrado sobre los controvertidos procesos de nacionalización de las riquezas naturales que se dieron hace décadas.

Si bien Chile debiera siempre avanzar nuestro ideal de ser la tumba de los libres y el asilo contra la opresión, la capacidad de poder hacer eso realidad depende de que podamos retomar el camino del desarrollo y fortalecer la democracia y el Estado de Derecho. Solucionar la crisis migratoria que es alimentada en buena medida por la crisis social, política y económica en Venezuela debe ser nuestra primera prioridad. Como no está claro que el derrocamiento por la fuerza de la dictadura de Maduro logre terminar con la crisis migratoria de venezolanos a Chile, el Presidente electo Kast debiera evitar ser arrastrado por la tentación de convertirse en defensor irreflexivo de la democracia en el mundo y debiera en cambio recordar que su principal tarea es defender los intereses de Chile.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

Participa en la conversación

1 Comment

  1. Ufffff, qué desastre de comentario, peras con manzanas, con plátanos y con papas…..mucha ideología, mejor escribir menos seguido y más coherente

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.