Aunque el Presidente José Antonio Kast insiste en hablar de gobierno de emergencia, en realidad lo que Kast y su equipo quieren comunicar es que este es un gobierno que lo mueve el sentido de urgencia. La falta de precisión conceptual al hablar de emergencia cuando en realidad quiere comunicar una urgencia le puede pasar la cuenta al gobierno en la medida que muchos de los problemas que ha heredado esta administración no se pueden solucionar con la velocidad que requieren las emergencias.
Por definición, una emergencia no puede durar mucho. Cuando un paciente llega a la sala de emergencia de un hospital, rápidamente es derivado a otras divisiones o especialidades. Algunos pacientes pasan a cuidado intensivo, otros pasan a pabellón para cirugía y algunos son enviados a casa. La emergencia no es un estado que pueda durar por mucho tiempo. A veces, la emergencia se transforma en el nuevo estatus quo —como cuando un paciente tiene un accidente cerebrovascular— o bien se supera con tratamiento u otro tipo de intervención.
Una urgencia en cambio requiere atención prioritaria, pero no implica la inmediatez que supone una emergencia. La urgencia se centra en el apremio (debe hacerse algo al respecto ya), mientras que la emergencia se centra en el surgimiento repentino de una amenaza.
Los problemas que tiene Chile hoy no aparecieron repentinamente. Se han venido acumulando por años. De hecho, el propio José Antonio Kast centró su primera campaña presidencial en 2017 en destacar el creciente problema de la delincuencia. En 2021, Kast correctamente criticó la deficiente política migratoria que tenía el país que había sido incapaz de controlar la creciente ola migratoria. En ese sentido, los problemas que quiere solucionar el gobierno de Kast responden más a urgencias que a emergencias.
Cuando las autoridades del nuevo gobierno, incluido el Presidente de la República, hablan de que este será un gobierno de emergencia, correctamente comunican que hay una serie de problemas que requieren ser solucionados. Pero muchas de las soluciones que se necesitan van a requerir tiempo antes de que produzcan resultados. Como la emergencia por definición es un estado temporal que requiere solución inmediata, el gobierno de Kast no va a poder declarar prontamente que la emergencia ha concluido incluso si implementa medidas que ayuden a poner al país en el sendero correcto.
Como el oficialismo insiste en hablar de un gobierno de emergencia, la opinión pública comprensiblemente comenzará a preguntar qué debe ocurrir para que se supere la emergencia. Como el gobierno ha asociado la presunta emergencia a la inmigración ilegal y al aumento de inseguridad, el fin de la emergencia inevitablemente requiere que se cumpla la promesa de expulsar a decenas de miles de inmigrantes del país y de que disminuyan notoriamente los niveles de delincuencia y criminalidad. Pero es improbable que el gobierno logre avances significativos en deportación de inmigrantes indocumentados y en la percepción de inseguridad que existe en el país.
De hecho, precisamente porque el miedo al crimen se asocia a percepciones y no sólo a indicadores objetivos de delincuencia, va a ser difícil que el gobierno pueda cantar victoria en las próximas semanas o incluso los próximos meses en esta dimensión. Aun si los niveles objetivos de criminalidad disminuyen, la percepción de inseguridad puede seguir alta por mucho tiempo más. Por cierto, la tasa de homicidio bajó en el país en los últimos años, pero la percepción de inseguridad ha seguido en niveles muy altos.
Si la administración Kast insiste en seguir hablando de gobierno de emergencia, se pondrá innecesariamente la soga al cuello. La expectativa de obtener resultados inmediatos o en el corto plazo aumentan cuando el gobierno insiste en que el país atraviesa por una emergencia. En cambio, si el gobierno modifica el discurso y comienza a hablar de las urgencias a las que se está abocando con todas sus energías, La Moneda podrá prolongar el periodo de luna de miel y ganar tiempo para que la gente empiece a ver los resultados de las reformas y modificaciones que se implementarán en los próximos meses a las políticas migratorias y de combate al crimen.
Es verdad que este debate pudiera ser fundamentalmente semántico. Para muchas personas, los términos emergencia y urgencia son prácticamente sinónimos. Pero los matices importan mucho en política. La emergencia es un estado a menudo sorpresivo y necesariamente limitado en su duración. En cambio, la urgencia requiere de respuestas inmediatas, pero sus frutos pueden tardar en verse. Como todavía está a tiempo de enmendar su error, el Presidente Kast debiera precisar mejor su mensaje y usar el concepto de un gobierno de urgencias más que el de un gobierno emergencia para caracterizar las prioridades que impulsará el gobierno en sus primeros meses.

Un poquito rebuscado. Todos sabemos a que se refiere el presidente Kast.