Conviene recordar que la economía, como varias otras ciencias, es compleja porque no puede asegurar que al mover una determinada variable (como la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas), eso tendrá un efecto A o B (positivo o negativo) sobre otra determinada variable (la recaudación del Fisco o el crecimiento, por ejemplo). Todo efecto dependerá también de las condiciones en que se aplica ese movimiento, o de su contexto. No todo ocurre como parece a primera vista. Por eso no es una ciencia de verdades absolutas, válidas en todo momento y lugar. La utilidad o eficacia de las propuestas que hacen los economistas y las personas que opinan de economía dependen no sólo de la variable causante que distinguen y los resultados que predicen, sino también de las condiciones prevalecientes en el contexto. Y éstas últimas son a menudo olvidadas, supuestas o no reconocidas.
Lo anterior ha sido central en la discusión del Proyecto de Ley de Reconstrucción recién aprobado. El gobierno sostiene que la rebaja de impuesto a las empresas afectará positivamente al crecimiento, elevándolo. La izquierda u oposición, en cambio sostuvo que esa rebaja afectará negativamente otra variable -la recaudación tributaria-, y poco o nada al crecimiento. ¿Quién tiene razón? Mejor dicho, observando los resultados obtenidos en tres o cuatro años más, ¿quién habrá acertado o predicho bien lo ocurrido efectivamente? Mi apuesta es que este debate lo ganará el gobierno. Aquí explico por qué motivo.
El planteamiento de la izquierda estaría equivocado respecto a la recaudación porque violaría la Ley de Laffer. Por eso, muy astutamente, centros de estudio de derecha invitaron a Chile al propio economista norteamericano autor de esa ley para que diera varias conferencias en días pasados. En ellas explicó y fundamentó la validez de su ley. Ella dice que “la recaudación tributaria de las empresas no siempre se correlaciona positivamente con el alza de la tasa de impuesto a la renta”. Por lo tanto, una rebaja de esa tasa no genera necesariamente menor recaudación. Esto ocurre sólo cuando esa tasa es baja o bastante por debajo de la tasa prevaleciente en otros países donde los empresarios pueden invertir. En el caso de Chile hoy, la tasa de impuesto a la renta de empresas (27%) está muy por encima de alternativas relevante para los grandes empresarios chilenos: 10% en Paraguay y 21% en EE.UU. Por lo tanto, la rebaja de tasa en Chile no disminuiría la recaudación fiscal en el largo plazo, sino en un muy corto plazo.
Sobre la relación entre tasa de impuesto a la renta de empresas y crecimiento económico, no existe un economista que haya formulado una ley reconocida. Pero la izquierda política opera en la práctica con una ley (deberíamos llamarla la Ley de Marx). Ella establece que, “el crecimiento del Producto Nacional de un país se correlaciona positivamente con el alza del Gasto Público como proporción del PIB”. Por lo tanto, una rebaja del Gasto genera necesariamente menor crecimiento. Hay también una Segunda Ley de Marx o de la izquierda que dice: “La distribución del ingreso se hace más igual o pareja cuando (o a medida que) crece el Gasto Público”.
Considero que esas dos Leyes económicas de Marx están equivocadas, y un ejemplo de ello es lo que ha ocurrido en Chile los últimos 12 años, a partir del Gobierno de Bachelet 2. Son simplificaciones excesivas y no consideran especialmente las interrelaciones entre crecimiento, distribución y empleo.
Volvamos al problema del desempleo. Éste se eleva por sobre lo normal o histórico (como el casi 10% actual), cuando la economía del país –especialmente el conjunto de todas sus empresas productivas– demandan menos trabajadores o profesionales por mes o año que la suma de la oferta de quienes buscan trabajo, ya sea porque terminaron su educación u otro motivo. Pero las empresas no andan contratando trabajadores porque sí. No operan para eso, sino para producir y vender ciertos productos. La pregunta de fondo que hay que saber responder para actuar bien en esta área es, “¿Cuándo, o bajo qué condiciones, los empresarios o gerentes saldrán a contratar trabajadores?”. Esta pregunta lamentablemente no se la hacen muchos dirigentes políticos, aunque operan sobre una respuesta (equivocada) a una interrogante que ni se han planteado.
La respuesta correcta es que las empresas contratan nuevos trabajadores solamente cuando están expandiendo su producción. O sea, el desempleo se relaciona con el crecimiento del PIB y no con su valor absoluto. Entonces para reducir el desempleo y /o mantener ocupada a una población que aumenta, un Estado bien administrado debe adoptar políticas que favorezcan el crecimiento de las empresas. ¿Cuáles serían éstas? No sólo menores impuestos. Las empresas necesitan otras cosas también para crecer: adquirir maquinarias, terrenos, capital de trabajo, buenos caminos, puertos, infraestructura, etc. y un clima de seguridad y confianza en poder recuperar su inversión a futuro. Más gasto público por sí mismo no genera esas condiciones para crecer; pueden incluso inducir lo contrario.
Chile no ha tenido esa orientación al crecimiento en el pasado reciente y de allí el alza del desempleo y los 40 meses con tasas por sobre 8%. En los últimos años hemos tenido autoridades que consideraba secundario el crecimiento económico y, además, que elevaron en demasía el gasto público y lo concentraron en ayuda social, promoción cultural, asesorías y proyectos de dudosa utilidad, etc. La propia Dirección de Presupuestos del gobierno pasado calificó a muchos programas (más de la mitad) como mal formulados y sin indicadores de propósito claros y pertinentes (ver mi columna del 9-7-6). Esto debe corregirse.
Hay que equilibrar la economía reasignando gasto público aparentemente “social” a programas que favorezcan el crecimiento y el empleo: vivienda, infraestructura, puertos, caminos, etc. Esta es la próxima etapa que debe iniciarse a la brevedad. El Presupuesto Fiscal 2027, cuya discusión en el Parlamento se inicia en breve, es el instrumento para generar un gasto público más pro empleo. Si el gobierno de verdad quiere reducir el desempleo, debiera medir el “Efecto empleo” o número de empleos que genera un millón de pesos gastados en cada Programa de Gasto Público. Así, reducir los programas con bajo efecto empleo y aumentar sólo aquellos con un efecto empleo alto o superior al promedio actual. Muchos de estos probablemente son programas locales o municipales, como pavimentos participativos, plazas públicas y otros. También salas cuna y educación temprana. Así, Chile podría recuperar rápido una economía más dinámica y equitativa.

Da gusto leer un análisis sin tintura política ni dogmas, sino razonamiento y uso de la experiencia acumulada. Gracias Ernesto Tironi.
Me sumo, excelente, fundado y ponderado análisis.
Excelente columna
Excelente columna, gracias