¿Se necesita motosierra también en Chile, como la ha aplicado Milei en Argentina? ¿Cómo se podría o debería reducir el gasto público excesivo por aproximadamente 6.000 millones de dólares con que Boric dejaría embargado al próximo Presidente del país?
Algunos sostienen que la situación de Chile es completamente distinta de la de Argentina y, por lo tanto, no hay nada que aprender en esta materia de nuestro vecino. Otros, en cambio, sostienen que vamos llegando lenta pero persistentemente a la situación de éste y debemos hacer algo al respecto. Personalmente considero que, si bien no hemos llegado tan lejos, nos hemos sobrepasado bastante y sería muy provechoso realizar un profundo proceso de desregulación y también reducción de gastos públicos en nuestro país. La experiencia de Argentina nos puede enseñar bastante de cómo hacerlo bien. Veamos.
Para proceder bien primero hay que conocer adecuadamente las causas por las cuales ocurre el fenómeno del gasto estatal excesivo y cómo se conserva. Primero, la creencia prevaleciente de las personas que la intervención del Estado es la solución para cualquier problema que surja: la mentalidad estatista por default. Si hay un apagón de electricidad, el Estado debe hacerse cargo de la producción de energía. Si faltan jardines infantiles, el Estado debe hacerse construirlos y operarlos, etc. Entonces, hay estímulos automáticos por pasar leyes para crear programas públicos que dan fama y permiten reelecciones de los políticos, que se realizan con dinero ajeno de los altos impuestos de los contribuyentes. En cambio, no hay ningún estímulo equivalente para cerrar programas que se hacen innecesarios. Y esto último ocurre continuamente por la evolución natural de las sociedades y la naturaleza. Hoy, por ejemplo, está cayendo fuertemente la natalidad y sobran matrículas en jardines infantiles, mientras faltan en educación media.
En segundo lugar, los políticos trabajan por hacer crecer el Estado para dar ocupaciones de trabajo a sus electores. Así generan su base de apoyo para reelegirse y continuar con sus altas remuneraciones y sus privilegios. Este es un sistema no formal pero efectivo de apoyos mutuos desde educadores con mentalidad estatista, pasando a políticos en el Congreso, ministros en el Ejecutivo, jueces en las cortes y abogados en cada esquina que operan de esa forma que tiende a una expansión de regulaciones y gasto del Estado.
Por el contrario, no hay fuerzas equivalentes que operen en el sentido de cerrar programas y regulaciones obsoletas que ya no se justifican. Las consecuencias de este fenómeno social son dos: primero, que los intentos habituales de “modernización del Estado”, con un asesor especial y una oficina pública a cargo, no funciona. En Chile las hemos tenido y han sido puro gasto y cero resultados. Lo segundo, es que los ajustes del tamaño del Estado casi siempre ocurren por crisis económicas muy agudas y con dictaduras. El desafío es aprender a prevenir este tipo de cáncer en democracia y bien hecho.
En el dominio político-cultural recién descrito, Argentina muestra algunas pistas que considero interesante destacar. Ha diseñado una estrategia para abordar la desregulación y achique del Estado con diversos componentes precisos para ser capaz de superar el sistema o trenza que hace crecer y mantener el tamaño excesivo del Estado. Primero, asumir el desafío cultural de la mentalidad estatista. Eso implica educar que todo gasto excesivo está siendo pagado con un menor nivel de vida de la población en general y no sólo de los ricos. Porque los impuestos y la inflación la pagan todos y en mayor proporción los pobres. Segundo, que el líder indiscutido de la tarea la asume el Presidente de la República. Aquí Milei está concentrando no sólo todo su poder político e institucional, sino su capacidad de comunicación con la ciudadanía. Usando continuamente las redes sociales y especialmente X para destacar los avances.
En segundo lugar, abrió un espacio muy importante a la participación ciudadana en la tarea de la poda del Estado y la desregulación, especialmente a minorías importantes postergadas por el clientelismo político como, por ejemplo, las pequeñas empresas. Abrió un sitio web oficial donde las personas pueden ingresar las normas o disposiciones que traban su actuar. A menudo se entregan con detalles preciso de los números de los reglamentos y evidencia de las demoras de la burocracia. Y eso se hace público.
Tercero, es interesante aprender de Argentina la posición y organización que se dio al proceso desregulatorio dentro del aparato estatal. En particular, el lugar y rol que asignó a su encargado de la tarea. Lo nombró a muy alto nivel, como uno de los sólo ocho ministros del gabinete, y con el encargo de cada ministro de trabajar junto con el Ministro de Regulación y Transformación en reducir normativas y gastos excesivos. Si hay discrepancias entre ambos, la decisión final se lleva de inmediato al Presidente. Y éste ya ha dejado claro de qué lado está en casi todos los casos: con su ministro de Desregulación. Punto.
Destacaría también la importancia de la persona escogida para ser responsable de esta tarea. En el caso argentino de Federico Sturzenegger, que visitó Chile la semana pasada. Alguien con alta capacidad de comunicación y persuasión. Con empatía. Que, siendo un economista de alto nivel y profesor, había sido diputado. Con cercanía personal y alto nivel de confianza con el ministro de Hacienda (Economía en Argentina), lo que es clave. Una persona sin una agenda propia para hacer carrera política o empresarial, figurando con el desempeño de esta función.
Finalmente, de Argentina se puede aprender que para hacer esto bien, uno debe prepararse previamente a fondo estudiando qué y cómo reducir regulaciones y gastos excesivos del Estado. Sturzenegger lo había hecho por dos años, con un equipo de gente en una universidad, antes de asumir. En Chile un candidato que aspire a hacer esto que es tan necesario para volver a crecer, debiera entonces armar su grupo desde ahora e inspirar y advertir a todo su equipo de programa que deberán trabajar con esta orientación. Y que tendrán llegar con todo listo para el día uno de gobierno, porque tendrá sólo seis meses para ejecutarlo dado el sistema político que tenemos.

Muy buenas ideas y consistentes, creo yo